Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)

Obra de Maud Lewis

Esta necesidad de escribirlo todo, todo lo que me pasa. Y la contradicción de cuándo escribir ficción. Ayer veía Maudie, la película. Y aunque al final, cuando muestran imágenes de los verdaderos personajes, pude notar cuán adornado lo hacen los productores o los realizadores del gran cine, la película me hizo reflexionar sobre aquello de dedicarse todo el día a hacer arte. Cosa que he hecho por temporadas, siempre con la angustia de sentir que hago cosas que no valen la pena, y que debo ponerme en algún momento a conseguir dinero. Hoy, por ejemplo y para no ir más lejos. Hoy es domingo, y por eso me doy cierto permiso para saltar de archivo en archivo y escribir una cosa aquí, y otra cosa allá. También porque no anda el internet. Entonces no puedo buscar trabajo en esas páginas, a las que no he entrado desde hace unos días. Me doy permiso, sin tanta culpa. Y digo “tanta”, porque algo de angustia siempre hay igual. Siempre lo escribo, siempre pensando en la estabilidad.

Pero volviendo a la película: cuánto he deseado eso, simplemente dedicarme al arte. Pero en los momentos en los que lo he hecho, cuánta presión y cuán difícil enfocarse todo el tiempo en el oficio, como Maud, por ejemplo, que en algún momento (sí, después y a pesar de muchos tormentos) se dedicó a pintar todo el día, todos los días. Yo viviría actuando, con proyectos de teatro y tele, y escribiendo Continue reading “Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)”

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Recaer

Que qué fantasía tengo con este país. Y yo con esta paranoia de que los demás tal vez sean xenófobos, con estas inseguridades de inmigrante. Y pienso ahora que debí responderle varias otras cosas, aunque no estuvo mal mi respuesta. Nos habíamos quedado solos con un ex compañero de teatro, cuya obra fui a ver. Fue una linda noche, noche de reencuentros, de teatro, de tertulia, de cerveza artesanal (qué de moda que está la cerveza artesanal), de pizza, papas fritas y empanadas. Lo clásico. A buen precio. Los artistas, los actores, los músicos, los hombres con esa barba tan Cortázar (vamos a decir). A uno de los actores le dije así: “vos te parecés a Cortázar”. “¿En el físico decís? ¡Ojalá fuera en todo!”. Más tarde ese mismo nos preguntó de qué vivimos. Y bueno, salen los mambos. Pero qué va. Ya después caigo en que es la hierba, en que es la mente, y amo volver, amo hablarles, moverme aquí, quien soy, quien era, lo que proyecto en los demás.

Pero esa pregunta, la de la fantasía, en ese momento, me puso un poco triste. Y no lo admití. Dije que es la fantasía de la vida misma: ser feliz. Y dije que había leído que cada cosa que uno hace es porque uno cree que lo conducirá a la felicidad. Y mi ex compañero me habló del deseo y del psicoanálisis. Y yo imaginé al deseo como un hueco, hondo, adentro de mí, como un agujero negro. ¿Qué fantasía tengo con este país? No, yo no vine a hacer la América, me digo, yo tengo una fantasía con el mundo, con el arte en mí en el mundo, con otros lugares, donde también pueda ser, yo no quiero tocar un techo, yo voy despacio, pero sé que me falta mucho por recorrer, y quiero hacerlo, en esta década, son los treinta, pero ahora estoy aquí, sí, ahora estoy aquí.

*

He vuelto al ruedo, escribí en el diario. Exponerse, insertarse en el mercado. Pero eso me hace perder energía, me parece. No me concentro. Y ya he caído de nuevo en una vorágine. No me pasan cosas lindas, no atraigo cosas buenas desde el lugar del borracho descontrolado, no vienen momentos bonitos, si no situaciones traumáticas. Eso fue lo que viví el domingo, Continue reading “Recaer”

Aquí

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Nada grave. Me atormenta el peligro. He escrito “inminente”, pero lo he borrado. Aquí la vida es diferente, muy diferente. Es el momento preciso para demostrar lo supuestamente aprendido. Menos mal que no metí las piernas hasta el fondo el viernes, me digo ahora. Menos mal que los chicos a quienes les hablé, y alguno al que le propuse un encuentro cercano, no accedieron. Ni pelota, como dirían acá. Mejor así, por supuesto. Hablé con tres. A uno le propuse venir. Me ha dicho que no. Entonces, ya amanecido, he ido a tomar un café con Dickinson y con Tano, con quienes antes había bailado como una cortesana, y gritado, como una chabacana, saltado, feliz, embriagado hasta la médula por el alcohol barato de esa fiesta un tanto pobre. “Son libres, pero pobres”, le dije a Tano en un momento, todavía sobrio, al inicio del evento. Hay calles de calles, barrios de barrios, y gente de gente. Pero ahí, ese día, y después viendo algunas fotos, pude notar lo venido a menos de la ciudad, de la cultura. Y no hablo del gobierno, de los unos o los otros, sino de Buenos Aires, como una ciudad que fue pomposa, y ahora vive la decadencia de no mantener su patrimonio, veo los rastros de una elegancia que escasea. Y ayer también, caminando con Chala por algunas calles en Palermo: suciedad, basura tirada en el piso. Fuimos más educados antes, más ordenados, ¿o es sólo un recuerdo de algo que no fue? No, no estaban así de sucias las calles. No vine a criticar: observo y escribo, con cierta autoridad moral que siento me da haber habitado esta ciudad durante ocho años, haberme ido dos, y regresar ahora. Cómo construir, me pregunto a veces. Ser un buen inmigrante, cómo darle algo de mí, qué darle, hacer crecer. Y ojo, hay que verlo todo, hay que ver belleza, belleza del caos, que ahí hay virtud, eso escuché.

Y entonces digo, me digo, y repito a los demás, que este no es mi destino final (aunque sea Continue reading “Aquí”

Postales del subdesarrollo

Todos estos días, después meditar y de preparar café, escribo sobre lo mismo: mi indecisión, que por estas fechas se acrecienta con los tormentos. Me digo, entre sueños, que este ha sido un mes de mierda. E incluso, durante la meditación, en uno de los pensamientos que se cuelan, me veo hablando con mamá, maldiciendo el colegio de al lado. Son varios los tormentos aquí. Y concluí que, desde que empecé ese curso de manejo, la energía me ha bajado notablemente. Luego vino el domingo funesto en que mamá no regresó a casa a dormir. Por estos días se dañó el teléfono, y el sábado, con el pintor aquí, me disponía a dormir la siesta en el cuarto de mamá, porque el pintor había pasado ya a la sala que está antes de mi habitación, y cuando yo dormitaba, llegaron los de la empresa de teléfonos, que han respondido más eficaces que nunca al llamado que hice el sábado mismo. Aunque te preguntan en qué horario quieres que vayan, y así digas que en la mañana, y así te digan que tardarán 24 horas, ellos aparecen cualquier día, a cualquier hora. Si fuese urgente, si fuese el internet que tanto uso el que necesitara que arreglasen, ahí sí se demorarían. Continue reading “Postales del subdesarrollo”

Fastidio de fin de agosto

Aquí es de noche, pero la temperatura debe estar a unos treinta grados. El ventilador, en su máxima potencia. Me apunta. Tomo una infusión de tilo y de toronjil, así duermo más fácil. Aunque a veces ni eso. A veces ni las gotitas de valeriana y de pasiflora. Ya lo había dicho. Sí. A veces, la cabeza me juega unas noches de aquellas en las que a punta de pensamientos el miedo se cuela y, como un pulpo, se va desplegando desde la boca de mi estómago, adentro de mí, extiende sus tentáculos, hasta mi cuello, y abajo hasta mis pies. Entonces recuerdo. A veces recuerdo, por ejemplo, sus brazos blancos, fuertes, su torso firme. No es a él a quien extraño, sino una compañía, un romance. Y cómo no erotizarme también (y no violentarme) cuando se me viene, en horas de insomnio, esa imagen del afro en medio del acto, hundiéndose entero, la imagen que uso en las noches, a veces, para vaciar esta necesidad.

*

¡Ah! Una revelación: escribir es  mucho más que escribir. Hablo de ficción. Escribir ficción. Ya lo han dicho otros, pero este es mi proceso, mi proceso de descubrimiento. Escribir es, luego y también, corregir. E incluso, durante el proceso de la escritura, hay que pensar, darle vueltas a esto y aquello, porque la trama no está definida desde el inicio, o al menos casi nunca en mi caso. Entonces encuentro, quiero confesar, un regodeo en el tipeo, o incluso cuando he tenido que escribir a mano, en el acto de depositar tinta en el papel. Regodeo Continue reading “Fastidio de fin de agosto”