Repito (Me repito)

Cuántos colombianos aquí, en Buenos Aires. De una calaña horrible. Los hay de todo tipo. No quiero ser clasista, racista. Hablo desde mi posición, la posición del que quiere alejarse, y parece ser perseguido por esa cultura asquerosa. En las calles, con su alevosía. Ayer, camino a clase, unos hablaban con acento paisa no sé qué cosa de los dólares, y después, cuando entré al lugar donde me formé por años, una con acento de Bogotá (la puta Inmunda) comía algo en la entrada, y hablaba con la portera. Por suerte fui el único colombiano mientras cursé. Por suerte no hay ninguno en mi círculo de amigos. No los quiero cerca. Menos si son pobres, si vienen a extender esa cultura de la que tanto intento alejarme. Pues seguiré caminando hacia el lado donde menos me los encuentre.

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Pienso cada cosa para escribir. Cada momento, cada segundo de la vida, las historias que pasan por mi cabeza, todo me parece literario, quiero contarlo todo con palabras.

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Siempre escribo lo mismo: quiero vivir en un país desarrollado, vivir bien ahí, ser rico ahí. ¿En dónde? Eso debo definir. Y orientarme a la migración en el mediano plazo. Algo demasiado complejo para pensarlo hoy. Paso a paso. Y que tarde lo que deba tardar.

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Un poco mejor. O mejor, simplemente mejor. Continue reading “Repito (Me repito)”

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Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)

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Despierto y la mente empieza a funcionar enseguida. Ha empezado el frío. Reniego todavía por haber tenido que pagar la deuda con la empresa de medicina.

¿Por qué tan alterado, tan enojado?

Pronto llegará Melania. Y no es ella ni su novio roquero y gritón los que me preocupan. Si no el caniche que me hace pensar seriamente en mudarme. Pero buscar, el trámite, y acostumbrarme a otro ser humano…

El dólar que sube sin parar… Es esto lo que me tiene de mal humor: que no puedo empezar a ahorrar desde ya. Recién en julio o agosto podré hacerlo, podré empezar a guardar algunos centavos. No hay apuro. Intento consolarme diciéndome que no hay apuro, que no importa, que todo va a estar bien.

Quiero comprar ropa, zapatos, y no tener que soportar a esta mujer, que llegará mañana.

Y la gente en la oficina, los días ahí, la cotidianidad que se me hace pesada. El regodeo de los demás en su felicidad. La gorda, en la oficina. Creo que la envidio. Aunque sé que no debo, no debo envidiar a nadie.

Y la ropa para el gimnasio, para ir a correr. Continue reading “Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)”

Flemas y sueños de gloria II

Siento que la relación con mi jefa mejora, que ella mejora su actitud hacia mí, ¿tiene esto que ver con mi desempeño, con que ha descubierto que he sido una buena elección? ¿O, como han pasado ya dos meses, entonces ella considera que está bien aceptarme, aceptarme un poco más? ¿O es mi percepción errada, y no se comporta diferente, soy yo quien me adapto a su forma de ser? Imagino tantas cosas: imagino que han hablado, ella y la jefa del área, me han evaluado y han dicho: es bueno, el chico nuevo es bueno.

Al final, con el paso de los días, vuelvo a verlas como chicas inmaduras. A ella, a la jefa del área y a la otra pobre infeliz que trabaja cerca de nosotros. Tal vez en un tiempo me arrepienta de escribir esto. Pero sus miserias me hieren. Tal vez hacen que vea las mías más de cerca. Tal vez exagere y esté depositando mi frustración en esa mierda que veo de ellas.

Los demonios. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno. Veo tanta podredumbre, tanta miseria en el ser humano. Continue reading “Flemas y sueños de gloria II”

Más II (entre el perro, la oficina y la obsesión promiscua)

Escribir ficción, escribir ficción, no escribir más estas líneas: estas líneas le roban tiempo a lo que yo realmente quiero, la ficción.

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Estoy eufórico, emocionado.

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Debo pagarle a Dickinson. Y a Dante. Aunque a Dante no lo he visto. Así que está bien. Pero a Dickinson lo vi ya un par de veces, y me he hecho el pelotudo.

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Que yo era inseguro, y que no tenía por qué serlo. Eso me dijo el cubano que conocí el sábado pasado. Y me gustó que lo haya dicho. “Soy de muchas partes de Cuba”, dijo.

Y que es la vida misma, me digo yo ahora a manera de consuelo, porque después de la euforia, un poco de culpa llega. Ayer, después de dormir ocho horas seguidas, porque mi casera, Melania, y su novio, Pirado, se han ido todo el día quién sabe a dónde y se han llevado con ellos a Ringo, el caniche ladrador; ayer, después de dormir, me fui a caminar, un poco volado por la hierba que el Universo me regaló, salí contento, di vueltas por las calles de Buenos Aires, y después, me comí una hamburguesa suculenta. Es la vida, y estoy viviendo, vuelvo a decirme. Me lo digo para no permitirme angustiarme con las cuestiones de la cotidianidad, la deuda con la empresa de medicina, el dinero, el tobillo, y hablar con Melania para que definitivamente lo ponga a Ringo a dormir todas las noches en la cocina. Pero por sobre todo eso, me digo que es la vida, que es parte del camino, parte del disfrutar, porque llega siempre la culpa, porque siento que fue un exceso, irme con el cubano a la casa de su amigo, y acceder a que me penetrara, aunque fuese unos segundos, porque no me sentía cómodo, Continue reading “Más II (entre el perro, la oficina y la obsesión promiscua)”

Gajes

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Me he ofendido. Alguna posibilidad de eso había leído en un portal astrológico, en Facebook, que suelo mirar desde hace un tiempo, desde que me alojé unos días en casa de mi amiga Raira, el mes pasado. Me he ofendido porque mi nueva casera, mi nueva compañera de piso, cuando le he pedido un recibo al darle el dinero del alquiler, me ha dicho que al no haber contrato, las cosas son informales, y que ella no debería subarrendar, que si quiero ella puede consultar con la administración del edificio, y que podemos hacer un contrato, pero que la cantidad que le pago es mucho menor que el valor de todas las cosas que hay en el departamento, que ella me ha abierto las puertas de su casa, y que yo podría desvalijársela en cualquier momento. Ya intuía yo que algo así pensaba. Dicen que las acciones de los demás son reflejo del inconsciente propio. O no sé si es que co-creamos y vibramos en frecuencias parecidas. El asunto es que ya veía venir o ya presentía yo lo que ella sentía. Melania se llama. Melania me ha alquilado una habitación hace unos días: no he podido pagar más el costo de vivir solo, y he tenido que buscar un lugar para compartir. Continue reading “Gajes”

Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)

Obra de Maud Lewis

Esta necesidad de escribirlo todo, todo lo que me pasa. Y la contradicción de cuándo escribir ficción. Ayer veía Maudie, la película. Y aunque al final, cuando muestran imágenes de los verdaderos personajes, pude notar cuán adornado lo hacen los productores o los realizadores del gran cine, la película me hizo reflexionar sobre aquello de dedicarse todo el día a hacer arte. Cosa que he hecho por temporadas, siempre con la angustia de sentir que hago cosas que no valen la pena, y que debo ponerme en algún momento a conseguir dinero. Hoy, por ejemplo y para no ir más lejos. Hoy es domingo, y por eso me doy cierto permiso para saltar de archivo en archivo y escribir una cosa aquí, y otra cosa allá. También porque no anda el internet. Entonces no puedo buscar trabajo en esas páginas, a las que no he entrado desde hace unos días. Me doy permiso, sin tanta culpa. Y digo “tanta”, porque algo de angustia siempre hay igual. Siempre lo escribo, siempre pensando en la estabilidad.

Pero volviendo a la película: cuánto he deseado eso, simplemente dedicarme al arte. Pero en los momentos en los que lo he hecho, cuánta presión y cuán difícil enfocarse todo el tiempo en el oficio, como Maud, por ejemplo, que en algún momento (sí, después y a pesar de muchos tormentos) se dedicó a pintar todo el día, todos los días. Yo viviría actuando, con proyectos de teatro y tele, y escribiendo Continue reading “Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)”