Un largo recorrido por la mente de estos días (o Como en el diario I)

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Para qué hablarle. Bueno, para saber si vendrá el fin de semana a Macondo, y entonces tal vez pueda verlo. Pero con tanto voltaje que le he metido a estos días… búsquedas interminables por internet de algo que nunca, por suerte, se concretó. Esa salida a ese parque, y yo tomado, y solo, ahí, esperando, en pleno sur de la ciudad.

Y cuántos enamoramientos van ya. Es uno más. Y listo, uno se enamora de la idea, no de la persona, eso me repetí el otro día.

No tengo ganas de escribir. Me salgo de mi eje, de mis casillas, y me siento tan culpable, como si no quisiera revelarme así de sucio. Por suerte no pasó nada, no hice nada.

Y además, si tantas cosas quiero, sería una locura gastar en él, en sexo. ¿O no? Porque no es sólo sexo. Es deseo, me he dicho. Y estoy gordo, y flatulento, porque he comido en exceso, y bebido desaforado, pensando que la bebida me desinhibiría, y entonces, borracho, efectivamente me sentí más capaz de buscar sexo, y hablé no con uno sino con varios a través del Whatsapp. Y al final casi concreto. Pero no. Y las cosas se pusieron color de hormiga, porque un tipo quiso asustarme. Y lo consiguió. Por suerte fue sólo un susto, me digo ahora.

Y si ya me voy a Buenos Aires, para qué seguir dándole cabeza a un chico aquí. Y en la costa más que todo. Pero ha sido lo mejor, el único hombre lindo aquí en Colombia. O eso me digo, esa es la fantasía después de verlo. Y ahora, al notar que cambió su foto de perfil en el teléfono, entonces me dan ganas Continue reading “Un largo recorrido por la mente de estos días (o Como en el diario I)”

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Será mejor así (o Días de turbulencia)

Será mejor así, supongo. Cuántas noches, bailes solitarios, canciones cantadas al aire, en la soledad de mi habitación, sabiéndome (queriendo ser tal vez) deseable, imaginándome con amistades, como antes, como cuando era un adolescente aún, pero ahora en soledad, porque ya fui y ya vine, y es mejor así, me digo, que hay tiempo para todo, que es bueno quedarse con el deseo, aunque siempre me pregunte cómo no reprimir, cómo canalizar, guardar, atesorar más bien, esta energía, no fugar. O sostenerla quizá. Será retórica, no sé.

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Ayer no escribí. En un momento quise obligarme, pero no. Me dio miedo que volviera la migraña. Y en la noche, el insomnio me atormentó un poco también, a pesar de las gotas. Después dormí profundo.

Mi deseo está ubicado en el paseo del fin de semana. Estoy esperanzado en eso, descansando en la posibilidad de unos días felices junto al mar. Se ve amenazado (miedo en la médula) por el paro de pilotos. Puto paro de pilotos Continue reading “Será mejor así (o Días de turbulencia)”

Más (de Macondo, del pudor y del deseo)

No me sirve el mal humor para escribir. Porque entonces sólo quiero hablar sobre mis odios, que se me alborotan, y me urge revolear mierda para todos lados. A veces pienso que no estoy hecho para vivir con otras personas, disfruto más de la soledad, disfruto no tener contacto con otros salvo en ocasiones excepcionales. Lo escribo ahora porque por más que las cosas mejoren con mamá, me pregunto hasta cuándo podré soportar la convivencia. Pero es divagar, volver al mismo punto, preguntarme cosas que a veces no tiene sentido preguntarse, no ayuda.

Creo que las clases de manejo, esa escuela, su desorden, la chabacanería con la que se mueven y verme obligado a salir casi a diario, ver estas calles, tener contacto con la cotidianidad en este lugar, todo eso me afecta. Pobre niño hipersensible (¿pobre marica?).

Reconciliar. Hablaba con mi amiga Dunia el otro día, y ella me decía “qué bueno que estés reconciliándote”. No lo sé. No puedo saberlo ahora. No puedo mirar en retrospectiva aún.

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Escribo porque no puedo hacer nada más, porque es la única manera que encuentro de pasar el tiempo en forma creativa. Están pintando la casa. Me incomoda la presencia del pintor aquí. Es el mismo de toda la vida, un Continue reading “Más (de Macondo, del pudor y del deseo)”

Postales del subdesarrollo

Todos estos días, después meditar y de preparar café, escribo sobre lo mismo: mi indecisión, que por estas fechas se acrecienta con los tormentos. Me digo, entre sueños, que este ha sido un mes de mierda. E incluso, durante la meditación, en uno de los pensamientos que se cuelan, me veo hablando con mamá, maldiciendo el colegio de al lado. Son varios los tormentos aquí. Y concluí que, desde que empecé ese curso de manejo, la energía me ha bajado notablemente. Luego vino el domingo funesto en que mamá no regresó a casa a dormir. Por estos días se dañó el teléfono, y el sábado, con el pintor aquí, me disponía a dormir la siesta en el cuarto de mamá, porque el pintor había pasado ya a la sala que está antes de mi habitación, y cuando yo dormitaba, llegaron los de la empresa de teléfonos, que han respondido más eficaces que nunca al llamado que hice el sábado mismo. Aunque te preguntan en qué horario quieres que vayan, y así digas que en la mañana, y así te digan que tardarán 24 horas, ellos aparecen cualquier día, a cualquier hora. Si fuese urgente, si fuese el internet que tanto uso el que necesitara que arreglasen, ahí sí se demorarían. Continue reading “Postales del subdesarrollo”

Como que te creíste buen padre, viejito

Ahora es de noche, y escribo en el patio. Se ha ido la luz. Me senté en el balcón, y después de leer el artículo ese que escribieron Sandro Romero Rey y Luis Ospina en Arcadia, sobre la polémica por las cartas de Andrés Caicedo, me vine al patio, donde algo de brisa corre. Saqué una mesita, me traje el tesito de cidrón y toronjil que había preparado antes del apagón, y me he sentado a escribir en la computadora, que por suerte tiene carga suficiente. Prendí una vela también. Pensé que la luz volvería pronto. Pero nada. Y no puedo negar que disfruto este episodio de escritura así, a oscuras, en el patio. Tal vez sea propicio en algún otro momento usar este espacio, cuando mamá ya se haya dormido. Aunque quién sabe si cuando haya luz se escuchen ruidos de afuera. A veces pasa eso. Ya veré.

Pensé en llamar a mi amiga Áspora que anda en uno de sus problemas tenaces (pobre amiga mía). Pero me quedé escribiendo. Tampoco quiero ser muy pesado, ya ella sabe que cuenta conmigo, no quiero andar llamándola a toda hora.

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El asunto volvió a mi mente porque el domingo pasado, cuando iba en el taxi hacia el cine, sonó en la radio No basta, de Franco de Vita. Y ahí lo recordé. Recordé que papá me envió dos veces la misma historia vía whatsapp. La primera vez, hace un par de meses tal vez. Y la segunda, hace unas semanas. Que los hijos son como buques, decía el cuentito, que estamos en puerto seguro con los padres, y que los padres deben dejarnos ir, y que los padres nos enseñan valores: humildad, respeto, responsabilidad, y que después el buque debe lograr su autonomía, y que buen viento y buena mar. Cínico, pensé. La primera vez se lo dejé pasar. A lo mejor, me dije, lo reenvió a todos sus hijos, y dentro de esos me incluyó a mí sin darle muchas vueltas al tema. Pero la segunda vez, ya dudé de la falta de intencionalidad. Me encrispé, iracundo me puse. ¿De qué valores me habla? ¿Ahora resulta que por haber tirado unos mangos se siente buen padre? Lo que trataba de decirme, concluí después, es que no Continue reading “Como que te creíste buen padre, viejito”

Septiembre, mamá y deseo

Y ahora cómo perdonar. No es el hecho en sí, si no la idea de que mamá ha depositado más confianza en esos personajes, en su novio y en el hijo de su novio. Por diferentes razones lo digo. Aunque puede ser una creencia falsa, miedo. Igual me siento ofendido. El domingo pasado mamá salió a ver un partido de fútbol y a celebrar el cumpleaños de su novio, que era el lunes. Salió el domingo a eso de las cuatro y media de la tarde. Le pregunté si regresaba después de las doce. Me dijo que no. Pues regresó recién el lunes después de las once de la mañana. Y si yo no la llamo a las siete y media, quién sabe si ella me hubiese llamado. Continue reading “Septiembre, mamá y deseo”