Decidir mudarme

Buscar departamentos. Vivir cansado. Pensar en las vacaciones, en descansar, en mudarme cuanto antes.

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Hoy el jovencito profesor de tenis sonrió cuando notó que yo abrí las cortinas. Yo había visto que él estaba solo y abrí las cortinas, como diciéndole: me a para vos. Después me dio vergüenza. No lo miré fijo. Iba y venía de un lado al otro, me hacía el distraído, pero lo relojeaba mientras él regaba la cancha. Y me regodeaba en poder verlo desde mi habitación, me divertí. Él no lo sabe, pero yo ahora gozo de cierta impunidad porque me mudaré pronto.

Espero todo salga bien con la mudanza: encontré un departamento en una zona un poco mejor, con una distribución un poco mejor: tiene una habitación y un pequeño living. Una cocina chica, pero suficiente. Y está reciclado. La bañera es nueva. Es luminoso y ventilado. Es interior, da al pulmón del edificio. No como este, que da a la calle. Y es en un piso más alto.

Me pregunto si se calmará definitivamente ahora que he decidido mudarme. Lo dudo. Y si es así, igual quiero cortar el vínculo. Quiero pasar las vacaciones en un lugar nuevo. Aunque deba pagar por el cambio. Aunque sea un año de crisis, y hubiese intentado primar las finanzas. No fue posible, no resistí, tampoco tenía por qué hacerlo. Algo de esto charlé con la psicóloga: mi límite y mi deseo de no límite. Profundidades del ser que uno analiza a ver si aprende a vivir. Pero no hay camino, ya nos dijeron: se hace camino al andar, por muy cliché y nostálgica que suene la frase.

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Difícil

Siento no haber tomado la terapia el jueves pasado. Siento no haberle avisado a la terapeuta, o haberlo hecho sobre la hora.

Odiar a algunos en el trabajo, aunque la relación sea virtual, odiar tener que trabajar. Buscar departamento porque el vecino es insoportable. ¿Será acaso como cuando no pude tolerar a Melania? ¿Es algo en mí? ¿O es la búsqueda de la comodidad?

El jueves fui donde uno que me dijo que tenía merca. El tipo estaba golpeado, raspado. No me importó. Después quedé con miedo, porque él miraba todo el tiempo a la habitación como si hubiera alguien. No me dio confianza. También miraba al espejo. En medio del estado alterado se me ocurrió que podía estar con alguien, que no estábamos solos, que había alguien en la habitación o que tenía una cámara escondida y difundiría el material luego o me haría chantaje.

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Permitidos

Lo último que escribí y ahora vuelvo a escribir sobre lo mismo: la marica ruidosa de arriba pone su música, hace escándalo como si estuviese en trance, con su música de fiesta. En fin. Son solo unos momentos. Creo que ha comprado esos parlantes caros y que ahora siente que debe usarlos.

No es bueno reprimir la ira; debo canalizarla, lo sé, así no estallo y cometo una brutalidad como hace un tiempo, con el golpe de la mano que derivó en una operación.

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Pesamientos, sensaciones después de una recaída

Estoy cansado. Pudo haber sido peor. Tuve temporadas en las que hice cosas peores. Claramente, es una exposición altísima. Pero qué puedo hacer. Eso y el dinero gastado: en un contexto en el que es necesario cuidar cada centavo, yo gasto en droga.

Estando con él, recordé la época en Bogotá. Es curioso que su nombre empiece también con E y que sea cocinero, igual que con el hombre con el que solía reunirme en mi paso por Bogotá.

Ni hablar de que es un tipo emocionalmente no disponible, y que puedo notar ahora los conflictos con su sexualidad. ¿O soy yo acaso incapaz de entender su bisexualidad?

La gente muere ahí afuera. Y yo siento culpa por mi… ¿cómo llamarlo? Mi exabrupto de ayer.

¿Y qué escribir?

Compré las cortinas, me di un gusto de los más intensos. Agites de la cotidianidad.

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Ya limpié todo, por suerte. Del resto se encargarán en el lavadero. Debo pagar algunas cuentas e ir al supermercado. Aún no pago el alquiler.

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Previo (septiembre ya)

Sólo espero el momento de volver a la cama, refugiarme con mis auriculares o mis tapones en medio de mis cobijas y no tener que lidiar con el mundo.

Todo me da miedo, todos me dan miedo. En la cancha de tennis siguen jugando. Espero a que se vayan para tomar las medidas: el viernes, con suerte, vendrán a instalar unas cortinas.

Noche, aburrimiento, lo de siempre.

Entre sueños, imagino que estoy con el uno y con el otro, que les pago para que me abracen, para sentir el roce de sus cuerpos al amanecer. Quisiera olvidarme de esta soledad. Quisiera entrar en otra etapa, no sé bien qué quiero, qué pido.

Escribo mientras espero la reunión para celebrar el cumpleaños del profesor de escritura. No es la hora más oportuna. Pero tampoco quería decir que no podía.

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Sanando (tiempo al tiempo)

La novela de Paul Auster pone mi vida… cómo decirlo… al compararme con eso, me siento un hombre que no pertenece a esa sociedad heterosexual, privilegiada por encontrar el amor así nomás. La vida del gay pasa por otro lado.

En las canchas, frente a casa, empiezan a jugar al tenis. Mantengo la ventana entrecerrada.

Pienso y pienso si debo hacer terapia, si invertir ese tiempo y energía, cuando no sabe uno con quién dará, qué tipo de persona y de terapeuta.

Y así me la paso, escribiendo sobre mí y fumando marihuana. No es cierto. También leo, duermo, como y tomo vino. Como si no hubiese nada más para hacer, mi uso del tiempo libre ha estado dedicado al ocio, a no hacer ni pensar en nada serio.

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Pensando en él

Si bien hubiese preferido no haber tenido que hacerlo, creo que me hizo bien haber salido. Aún pienso en los hombres, los enfermeros, en sus brazos, en su uniforme y sus miradas.

Sueño con las reuniones sociales, la posibilidad del contacto.

Ahora es la una y cuarto. Ya me hice el café y limpié un poco el inodoro, al cual no le dediqué tiempo antes de la operación. La mano molesta, pero los calmantes hacen su efecto.

Espero poder trabajar y vender este mes.

Anoche se me dio por indagar en la teoría de las vidas pasadas: hace un tiempo que sigo con frecuencia la astrología, pero el tema de las vidas pasadas nunca lo exploré mucho. Todo porque no paro de preguntarme qué es todo esto, este universo, esta vida, ¿somos almas?

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Operado

Ya es martes. Por suerte el clima no ha estado tan frío y hace sol. Temo una cosa y la otra. Ya el encierro es común. Lo peor son las noches. Pero ahora es de día y el sol entra por la ventana.

La operación parece que va: me confirmaron la fecha y la autorización por parte de la obra social. El asunto me pone nervioso, pero no puedo hacer nada más que mantener el optimismo.

Le pedí a Dante que me acompañara, así que vendrá ese día y desde acá iremos al sanatorio.

Ojalá todos los días fuesen soleados y tranquilos. Ojalá…

Por supuesto, quisiera no tener que operarme, no haber tenido ese ataque de cólera. Vaya si debo aprender de todos los ataques de furia que he tenido en mi vida. Pero así vengo. No lo digo de una manera determinista, pero sí para no darme golpes de pecho, si no más bien reconocerlo y entender el aprendizaje, la búsqueda.

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Purgatorio

PurgatorioY así pasa la vida. Intento recordarme que esto pasará, que será, como todo eventualmente, asunto del pasado. Pienso en mudarme, busco departamentos, pero temo que sea una locura en materia económica dar un salto este momento. Sin embargo, busco y busco opciones, a ver si veo algo lindo, algo que pueda pagar.

Es invierno. Si no fuese por el vecino, este lugar sería perfecto para continuar mi estadía. Pero el tipo logra sacarme de mis casillas. El domingo pasado puso música durante una hora y media. Fui a caminar ni bien él empezó con el estruendo. Pero no calculé bien el tiempo y, al regresar, todavía estaba con su parlante a todo volumen.

La mano va mejor. No me preocupa, aunque me hayan dicho que es una fractura.

Si me pongo a pensar mucho, el miedo me deja paralizado.

Las amistades se viven de manera digital, como todo en esta contemporaneidad pandémica. Algunos Continue reading “Purgatorio”

Domingo

Ya no quiero ver más a los tipos en la terraza de enfrente.

Ayer me libré de hacerla. Aunque andá a saber si hubiese tenido agallas: si me hubiera animado, el tipo ese hubiese venido a casa y hubiese esnifado cocaína con él. Andá a saber qué pudiese haber sucedido. El tipo dijo que su dealer no le contestó. Vengo hablando con él hace días. Tengo ganas de hacerlo, pero el riesgo es demasiado.

Ahora escribo desde la computadora del trabajo, porque la mía anda rota, y estoy haciéndole mil cosas: supongo que si no puedo dejarla bien, tendré que llevarla a un sitio, y me cobrarán.

Los hombres en la terraza de enfrente alistan el asado. ¿Dónde están sus mujeres? ¿Son ambos separados? El otro día los vi desde mi ventana, ellos estaban Continue reading “Domingo”