Karma I

En este mundo pequeñoburgués hay cosas de las que no se hablan.

No es la 1 de la tarde aún.

Ayer vi esa película de una mujer adicta y su madre. Fantaseo con drogarme, enloquecerme, aunque sepa que no debo, fantaseo, qué hacer, irme al cine, pienso después, pero acá puedo ver una película, hay ruidos, la construcción de abajo. Saldré a caminar. No quiero dedicar tiempo al trabajo. Ya he fumado porro, por supuesto. Hasta ahí. Me duché. Soy un hombre limpio, no quiero acercarme de esa manera a la suciedad, aunque estoy en medio de ella, de nuevo, esta sensación de sentirme en medio del humo, de la polución de esta urbe en decadencia, como el mundo mismo. Y aquí viene la parte aburrida: en otros lugares, seguramente viven mejor, en otras partes, es menos decadente todo, menos asqueroso. Si pudiera valorar más lo que tengo.

*

Aún no empiezo a trabajar. Desperté temprano. Fui por porro. ¿Soy un adicto?

El viernes hubo fiesta. Quisiera narrarlo. Pero antes de entrar en detalles, debo decir que me siento un asco, más que todo es eso: un asco. No quiero sentir frío hoy.

Ahora siento mucha culpa, por varias razones. Aunque no haya pasado nada grave, voy a lugares desagradables, asquerosos si se quiere. El baño de ese tipo, tan sucio. Yo sentado ahí.

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Fatiga III

Como un alma en pena.

Veo a los hombres heterosexuales y me obsesiono con ellos.

Esa marihuana que fuman Dante y Huán es cualquier cosa menos marihuana.

Pedí carne para el almuerzo. Y ahora pedí una hamburguesa. No gasto en prostitución. Pero gasto en comida. Algún exceso tengo que darme. Tomo vino sin parar.

Encierro, soledad, estas cuatro paredes. Y luego veré una película. Intentaré dormir. Y entonces tal vez mañana amanezca mejor. Tal vez mañana tenga más ánimo. Me afeitaré, supongo.

Si la marihuana fuese mejor, por lo menos estuviese dopado. Pero entonces no puedo regularla. Qué mala es.

¿Y cuánto pagaré de luz y de gas, sobre todo de gas, después de prender durante tanto tiempo la estufa?

Y al final termino violentándome con algunos… no está bien.

Esto es como vivir acompañado, esto de tener a la vecina tan cerca, quiero decir, y que salga, baje y suba tan constantemente. ¿Debería entonces dar portazos yo también, como ella? ¿Debería decirle?

*

Al final, algún exceso siempre hay. Estoy cansado. La exposición en esas redes… Y si no, ¿cuál era la otra opción? Uno de esos bares que me parecen sitios horribles.

*

Despertar, la tristeza cotidiana, el pensamiento fácil de que no era esto lo que yo quería, no sé si esta ciudad, este país, esta vida, ¿y a dónde ir ahora? ¿Realmente quiero irme?  Vivir en un país tercermundista. Que sea tan difícil hacer arte, tan complejo.

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Fatiga II

En unos minutos, reunión con el gerente venezolano. Odios de mañana. El encargado que da portazos en el ascensor y me despierta. Va así piso por piso. ¿Quieren hacerme creer que es involuntario, que después de tantos años en ningún momento pensó o nadie le dijo o no notó que esos portazos retumban en todo el edificio? Creo que lo hace a manera de venganza porque desde su departamento en planta baja debe oírnos a todos cuando salimos o entramos. Como yo a la vecina. Entonces, en las mañanas, acciona desde el resentimiento. Por la misma razón por la que no vino a instalar la lámpara, por más que se lo pedí dos veces. Quisiera vengarme, al salir o al entrar, cuando tome el ascensor en planta baja, al lado de su departamento. Haré estallar la puerta. Lo pienso. Luego me retengo. En la vida es mejor no buscar el conflicto.

Gerente ha dicho que no puede hacer la reunión, así que me dedicaré a lo mío. Por supuesto que trabajaré, siempre trabajo, pero a mi ritmo. Debo buscar otras opciones.

Por supuesto, ya encendí restos de un porro que me quedaba. Escribo.

Parecía que estaría nublado, pero salió el sol. Cuando no sé sobre qué escribir, escribo nimiedades.

Qué duro despertar temprano.

Luego se me pasa el mal humor. Por momentos, tengo un poco más de esperanza. Durante los inviernos, el frío, la soledad, golpean muy fuerte.

Pensar en lo que hablaré esta noche en terapia. Escribir sobre mí porque soy un narcizo. Aunque hay quienes dicen que es buena estrategia para lidiar con los avatares de la cotidianeidad.

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Fatiga I

Todo lo que ha pasado. Qué día de mierda son los martes. Al final, es como si no pudiese dedicar tiempo a nada productivo, a nada que valga la pena. Como si nada de lo que hago valiese, como si el avance fuese muy mínimo, poca cosa.

Hoy desperté con el alboroto de la construcción de abajo, el retumbe de las paredes.

Me aplicaron ya la segunda dosis de Astrazeneca. Algo de efectos tengo. No como la primera vez. El mal humor me hace rabiar, ira, bronca, porque no ocurre lo que yo quiero. Que si no es ahora no será nunca, parece que pienso, o eso digo en la terapia. Todo tiene que ver con todo. Hace frío, un frío de cagarse dirían acá.

Y nada que corrijo el cuento para el taller. Asistir ahí, verlos escucharlos, me resulta aburrido a veces. Quisera mover el cuerpo, hacer otras cosas, sin la presión de este trabajo, de este o de ningún otro. Quiero decir, solo trabajar de algo que me guste. Odiar la existencia porque la vivo aquí encerrado en estas cuatro paredes. Tal vez deba salir, darme un aire, ver a otras personas, no conviene pasar todo el día aquí, es nocivo. Tampoco quiero ir a una oficina todos los días. Antes era más productivo. Eso es cierto. Antes. Antes de la pandemia, antes de despertar y fumar marihuana a diario. No disfruto estar encerrado, como si debiera hacer algo más. Estoy desesperado.

*

Decí que actué. Pero qué mes de mierda. Descapitalizado después de la joda de mierda esa. El trabajo de poca monta en el que las responsabilidades son mínimas. Estaría sufriendo si fuesen más seguramente. El pago no es mucho. Y así. ¿Quiénes han visto mi perfil en Linkedin? Gente de mierda.

Y el coordinador que me recalca lo de los tres meses.

La construcción de mierda que hace que despierte de peor humor.

Y tener que buscar trabajo, porque en eso consiste la vida, porque hay que hacerlo, “ganarse la vida”, expresión miserable.

Y ellos en el taller… voy como preso en una norma que detesto. No quiero más, no los quiero más. No me quiero acercar más.

En el trabajo, es como si no me dieran mi lugar, eso siento. Un lugar que tampoco necesito. Sólo necesito hacer, y que el público si quiere mirar, que mire.

Pero claro, siempre necesito de ellos, conviene terminar en buenos términos. El problema siempre es uno, no los demás, no la maldita sociedad en la que supimos nacer y en la que hay que pelear por la subsistencia. Y eso que soy afortunado. Mundo de mierda. El odio que me producen los demás, la gente, sus vidas, y tener que aceptar las reglas del juego porque sí, porque son las que son, porque si no es peor, resistirse, pelear. Ya sé, no debo resistirme más.

Amanezco con tanto odio. Y eso que puedo despertarme a cualquier hora, que puedo hacer cualquier cosa. Hacer, hacer, hacer. Uno tiene que hacer, promocionarse, salir ahí afuera, buscar, pelear, procurarse el alimento, la comida. Qué odio me genera esta situación.

Me la he pasado buscando compañía, hombres. Es algo que me avergüenza. Esta edad. Haber llegado a esta edad.

Leer a Cortázar hace que comprenda que no soy bueno, que mis letras, mi talento, mi inteligencia no son de lo mejor, son apenas intensas, potentes, enfáticas, pero no magistrales, maestras. Soy uno más, uno del montón.

El frío que hace es doloroso. No sé si recuerdo haber vivido un invierno así en los últimos años. Este departamento es helado.

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Turbio II

Miércoles. Dos horas tarde para el trabajo. No podía salir de la cama. Mal humor porque es tarde, porque hace frío, porque no pude despertarme a escribir, porque mi trabajo consiste en perseguir personas, y el hartazgo a veces me gana. Por las formas de la psicóloga. Por haber rabiado. Por exponerme de esa manera, porque no me gusta exponerme. Aún estoy dormido. Es un lindo día afuera. Siempre escribo lo mismo, las mismas frases de cajón, armadas ya en mi cabeza, nada que pueda superar lo anterior. La estufa de gas, encendida. No paro de escribirlo. Por suerte. Por fin pude calentar este departamento, es chico, un recoveco al que no le da el sol en invierno. El frío me hacía tilitar. Con la estufa de gas estaré bien. Más otras cosas, claro. Mal humor porque debo trabajar y no quiero. Encenderé un porro. Y pensar que estas líneas quedarán tal vez en el olvido. Y después, ¿después qué? Por suerte tengo trabajo, por suerte recibo dinero, por suerte puedo darme gustos.

Los imbéciles en esas redes malditas, almas perdidas que giran, como yo, que me pierdo cada vez que debo soportar lo lento que va todo en comparación con cómo lo imaginé, lo poco de arte que puedo hacer. Entonces escribo como una manera de expresar esta furia por no poder desarrollarme en lo mío.

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Turbio I

Tal vez deba empezar por él, por su aspecto, por lo formal, la apariencia. Es todo lo mismo. Pero por algo he de empezar. Aunque no sepa si quiero, si debo narrarlo, si me hará bien, en este momento quiero decir. La intensidad del todo, de lo que me rodea, puede alcanzar niveles muy fuertes. A veces tengo miedo de sufrir un ataque de pánico. Pero no, no lo creo. Pánico social. Miedo. En casa, estoy tan solo. Y ahora vine a un café, y me senté, en el segundo piso, y está vacío aquí arriba. Abajo hay gente, pero no quise estar ahí, con ellos, entonces me recluí en una esquina a tipear, escribir estas líneas. En algún momento debo escribirlo, ¿no es así? ¿Cuánto más voy a tardar? El algún momento debo también escribir en general, sobre todo quiero decir. Cualquier cosa, alguna historia idealmente.

Turbio. Después le escribí un mensaje, que él y su amigo travesti eran un par de turbios, que no jugara con los putos (así le puse), que no jugara con los putos para pagar su joda. Lo recuerdo. Sus movimientos de cabeza, como intentando relajar. Su… no quiero que se me malinterprete, su masculinidad, su testosterona.

¿Hablé ya sobre él antes? La noche del crack, la vez pasada, el tipo fue a mi casa, y tenía estas cosas para preparar, bicarbonato, y se obsesionó también con las cenizas. Y quemó una cuchara. Prometí no verlo más. No quedé a gusto. Fue extraño. Él sólo quería prepararse eso.

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El arte

Ya está. Un poco más recuperado de la ingesta maldita. Si empiezo a escribir, entonces vuelve la culpa. Empieza el invierno.

A mamá le clonaron una tarjeta, le robaron dinero. Está con la fibromialgia alborotada. Alborotada, como dice ella. Y yo gastando en drogas y prostitución. No me deprimiré. No ahora. Limpié la casa. Iré donde Huán, que me dará un poco de marihuana, y tal vez tome un baño al regresar. Hablaré con Áspora. Será un fin de semana tranquilo.

Sólo espero no haberme contagiado nada. Ni coronavirus ni ninguna enfermedad de transmisión sexual. Lo pienso una y otra vez. Me duele ponerme en riesgo. Pero lo vuelvo a hacer. En fin. Como si no hubiese aprendido lo suficiente. 35 años y medio. Ya no soy un joven. Aunque nunca sea tarde, según dicen. La vida pasa y uno no se da cuenta de que hay decisiones definitorias.

Si estoy bien, si no me pasa nada, si estoy sano, y estos tipos no me transmitieron ningún microorganismo, entonces estaré tranquilo. O eso pienso ahora, quiero creer.

Después, el miedo a que se haya llevado algo, a que sepa mi identidad.

El frío es intenso. Lo he sentido peor que nunca esta vez. Tal vez sea cada invierno peor que el anterior. Contrario a acostumbrarse… el cuerpo, el alma…

Si puedo ver el mal en la gente, ¿es porque soy malo yo, es porque veo la maldad que hay en mí, es eso lo que revelo?

Y tanto consumo de cocaína, ¿no es acaso perjudicial? Pero sigo y sigo. No puedo parar. El lado oscuro, como si tuviese que sacar de alguna manera el lado oscuro.

*

Domingo. Lo usual. Despertar al mediodía, los ruidos del pulmón del edificio, la paranoia por la vecina, algún odio que intenta colarse, pero tal vez la terapia haya hecho efecto o tal vez ahora me importe menos. Tal vez se escuchen menos hoy, ahora. La marihuana.

Ayer hablé un rato largo con Áspora. Después me embriagué, cociné. No sin miedo a escuchar a la vecina, que baja y vuelve a subir con su perra, en lo que para ella debe constituir un paseo. Pobres los animales en cautiverio. ¿No soy yo acaso uno?

Huán, novio de Dante, me regaló algo de porro paraguayo. Paraguayo como uno de los scorts del miércoles.

Cuán tentado estoy a hablar de mis amistades.

¿Pensarán los lectores, si es que alguien llega a leer estos diarios, que al ponerle nombres falsos a mis amistades padezco algún trastorno psicótico? Lo hago para que la edición del blog sea luego más sencilla.

Día del padre.

Le escribí un mensaje a papá. ¿Qué más da? Viene ayudando a Áspora en ese proceso tan complicado.

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Desgano

Qué va a ser. Así dicen acá, ¿no? Me parece haberla escuchado. ¿O es “qué se le va a hacer”?. Uno tiene el talento que tiene. La vida es un mar de incertidumbre, océano de dudas, aunque haya quien dice que la tiene clara. Iluminados. Tal vez sea así. Gente con otro coeficiente intelectual. Filósofos, profetas, escritores que tuvieron por gracias algo más que el promedio.

Hay que agradecer, dicen, que hay que ver el vaso medio lleno, y un sin fin de cosas que aunque suenen a verdad, en días como estos, en temporadas tan convulsionadas, resultan inverosímiles. Y eso que soy afortunado. No pretendo alardear de mis privilegios. Pero al menos reconocerlos, para que no suene esto a lamento ignorante.

Otra recaída. Y van… no sé. Cada vez se me hace más difícil. Dos semanas llevo de la primera dosis de Astrazeneca. Ni sé cuánto tiempo tarda en llegar al supuesta inmunidad. Tampoco si es verdaderamente eficaz. Ahora hablan de efectos adversos graves.

El mundo, la vida, no eran lo que imaginé. Y aunque lo repito en la terapia, no puedo aceptar aún que sea tan difícil conseguir los sueños, que tenga uno que revolverse en tanta estiércol. Y soy afortunado, ya lo dije, ya lo sé. Los hay más desahuciados, es cierto. Pero hay a quienes les toca mejor.

Y si es por quejarme he de decir que sigo sin conocer Europa, sin dedicarme a lo que me gusta: la ficción, el teatro. Hay que ganarse la vida. A veces me ataca el pensamiento de que hubiera deseado no haber nacido. Y me siento infinitamente culpable por pensar, escribir eso. Pero qué se le va a ser, si a veces lo pienso. Qué va ser (no se ofendan los puristas).

El miércoles -así voy al grano-, trabajé a medias (como siempre en este trabajo), pedí una hamburguesa, compré un vino. El día estaba oscuro, frío. El invierno se adelantó, parece, y este departamento es helado. La vecina dejó de tirar la puerta después de que en medio de una parálisis del sueño comenzara yo a gritar. Pido disculpas si no se entiende lo que escribo. Por ese lado, ha mejorado la cosa. Por el lado de la vecina, que antes daba portazos. El miércoles, vuelvo al miércoles: comí la hamburguesa, y, sin pensarlo mucho, como habían pagado el aguinaldo (el proporcional en mi caso, porque entré a finales de abril), entonces le hablé a la dealer, que vive cerca, y le dije que pasaría en un rato: fui por merca, vine a casa, comencé a tomar (esnifar). Y ahí llamé a uno, un paraguayo. Prostituto. Ya le había hablado al otro que vive en Retiro. Digamos que se llama Néstor (los nombres aquí son ficticios). Al principio Néstor dijo que no, se molestó porque no le había dicho que iría con alguien. El caso es que por un poco más de dinero (como si me sobrara) me fui donde Néstor, cuya pija es grandiosa (y pido de nuevo disculpas, esta vez por la falta de poesía), y ahí me cogió el paraguayo mientras le chupaba la pija a Néstor. Ellos se besaban.

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Días de nada (teatro en casa)

Le insistí a Raira para que participe en la obra, para que interprete uno de los personajes. Ha dicho que no, que planea irse a estudiar afuera el año que viene.

Para mí tiene más que ver con no querer trabajar conmigo. Haré un posteo y haré una convocatoria pública.

Y me odio por haber insistido. Escribo desde la ira, y no es saludable comunicarse así. Pero debo expresarlo.

Tal vez conviene no apurarme, me digo después. Al fin y al cabo no sabemos cómo avanzará el plan de vacunación.

A veces pienso que todo ese asunto de escribir un blog anónimo… es como vivir una idea paralela.

¿Por qué tengo el objetivo de hacer teatro tan metido en la cabeza?

Trabajar. En medio del descanso. Sentarme a escribir y a pensar mi vida y la obra de mi vida. Pensarme como un artista. ¿Hago arte? Intento. Estoy golpeado por esto de no conseguir una actriz para el proyecto. Y siento que ha sido un voto de no confianza por parte de las actrices a quienes contacte. Pero será posible hacerlo.

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