Tormentos (o Mis zapatitos de gamuza)

Los días pasan y a veces, en algún momento del día, me pregunto el sentido de todo, el sentido de estos días, en los que pareciera estar en un piloto automático hasta que pueda volver a dedicarme a mis artes.

El trabajo. El chico que no me saluda. Y aunque no interfiera en mi desempeño, no quiero mantener enemistades. No haré nada por ahora. Es un niño, creo que no pasa los 23 años. Puedo ver mis miserias. Las miserias de congraciarme por ejemplo al saberme más afortunado que el uno o que el otro. Aunque luego caiga en envidias cuando veo a los más afortunados. Al chico este, cómo no odiarlo. Tal vez describiendo lo desagradable y torpe que me resulta. No quiero subestimarlo. El asco que me produce, el rechazo de la insolencia cuando habla y cree que decir algo inteligente y no es más que una estupidez. ¿Gente así llega a terminar la carrera de abogacía? Su vida en un monoambiente con su hermano. Su poca prudencia, sus modales brutos. Su apoyo a la derecha del país por ignorancia pura. La insolencia de la ignorancia. No ha dado resultado escribir esto para no enquistarme, porque, al contrario, pensar en esa insolencia, lo que produce es…

¿Qué hacer entonces? Verme a mí, reconocer mis puntos débiles, mi ignorancia, mis carencias, mis faltas. Pensar en mí. Verme al espejo.

Ahora debo ducharme, lo de siempre. No escribo tanto como quisiera. En las noches hago ejercicio, y a duras penas me queda tiempo para leer algo, a las 10 ya estoy cansado.

Es verano, por suerte. Es verano y estoy en Buenos Aires, como tanto quería. Pero ahora que estoy acá, ahora esto no me satisface, Continue reading “Tormentos (o Mis zapatitos de gamuza)”

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Sin sentido

La intensidad de todo lo que vivo, mi percepción fuerte.  Y mi jefa llegará hoy. Y necesitar el trabajo. En las noches, cuando despierto, sufro un miedo tan profundo. Espero mejorar mi desempeño, estoy un poco asustado por no lograr ventas. Eso y el objetivo de mantenerme amable. Al principio, iba yo tan fresco, tan abierto. Y me topé con el ambiente de oficina que tiene unas lógicas que aprendí a repudiar.

¿Y cómo sacarme este miedo? No soy del todo bueno, pero tampoco malo. Me siento roto ahora, intentando ser mejor, pero luchando con mis miserias, y luego me entra la culpa por los odios, las actitudes de desprecio.

Y ahora, el chico con el que he discutido en el retiro del trabajo, no me saluda bien, pone la mejilla, no dice nada al saluda.

El chico aquel entró ayer en la cocina y saludó a mi compañera y no me saludó a mí. Pobre inmaduro. Lo malo es que me afecta, como dardos que me hieren.  Continue reading “Sin sentido”

Las últimas del año (Odios)

Sábado. En dos días termina el año. Pasiflora, marihuana y vino. Café también. Pero más vino y marihuana. Algo de cerveza. El otro día hice ejercicio. Odios. Siempre, los odios.

Odio a Dickinson y a su grupo de amigos, maricas malas y feas. Odio que Dickinson se proclame juez de mis actos. Odio que se crea no sé qué en medio de su evidente y terminal adicción al tabaco, al alcohol, a las discotecas y a las redes sociales. Me alejaré de él y de todo lo que lo rodea, a él y a su mundo mediocre, pobre, a su generación bastarda y a sus ínfulas de erudición, con su psicoanálisis viejo. Odio su tupé, su insolencia de viejo perdedor, odio que hable en femenino todo el tiempo de él, ¿por qué lo hace? Continue reading “Las últimas del año (Odios)”

Cerca del fin de año (eso que fue, recaída)

¿O abusé yo de vos? Vos me abrazaste. Vos y tu cuerpo rubio. Y algo le respondiste a la otra que te preguntó no sé qué. Te prefería en silencio. Me abrazaste. ¿Era tu miembro lo que sentía? Vos me abrazabas. En el subte. Y bien que no buscabas otro lugar. Y bien que me dejaste sentir tu torso en mi espalda, percibirlo apenas, con la distancia justa para dudar y no saber si el acercamiento era a propósito. Te deseaba. De no ser así, me hubiese movido, hubiese detenido aquel abuso. Pero te deseaba. Y vos jugabas conmigo. La espera nunca fue tan hermosa. Porque no era una espera. Anhelaba sí permanecer en tus brazos. Me abrazaste. ¿Por qué lo hiciste? Porque algo hiciste, ¿o no? Me tocabas sin tocarme, y yo me excité percibiendo acaso tu sexo dormido, tu sexo dormido.

*

Ayer le envié un correo al periodista del periódico que me estaba ayudando a publicar una nota desde hace un año y medio. Le he dicho que se vaya a la mierda. No así, claro. Pierdo la paciencia. Es final de año. Continue reading “Cerca del fin de año (eso que fue, recaída)”

Pero vaya

Buenos Aires. Ya no es lo que solía ser. No puedo pelearme con la inmigración ahora. Debo migrar a otro país yo. Debo hacer fortuna, de alguna manera.

¿Hay quienes estamos destinados a pasar más tiempo solos? ¿Por qué esta dificultad, esta soledad tan constante,durante tanto tiempo?

 

Odio que haya tantos colombianos y venezolanos porque temo que aumente la xenofobia, por un lado: algo de impacto ha de haber en el argentino tanta inmigración, aunque vengan ellos mismos de un pueblo migrante. Antes eran europeos, claro. Ahora les llegan los negros de los países vecinos. Y por otro lado, porque el caribe es una cultura de la que me quise alejar, y percibirla, verla tan cerca, me despierta el rechazo hacia la cultura que representan.

 

Pero yo soy otra cosa, quiero creer. Yo soy otro mundo, yo soy el artista. Me creo diferente, es verdad, especial.

Odio este barrio.

Convulsionado, agitado por las relaciones virtuales con los pelotudos, enojado por la frustración, me he peleado con uno que conocí por Internet, con otro que volví a ver el día de la marcha del orgullo gay. Ayer he salido a buscar unas ojotas y una bermuda deportiva, pero qué iluso pensar que en medio de esta inmundicia encontraría algo; yo, con mis pretensiones y mi supuesto buen gusto. Y caminar por esas calles. Suciedad, pobreza, miseria. Debo irme también de aquí. No sé cómo, no sé cuándo.

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Mientras llega el verano (a fumar y escribir)

6f264cd2a4fea3efee55b1a9abf35b02Que me estoy armando,

eso digo a veces.

Miedo. Ansiedad. Sensaciones conocidas.

Los egos.

Lo siento por desplegar mi ego con tanto ímpetu.

 

¿Anclado al pasado?

Ser bueno con el otro, ser noble.

*

Vivir así, sin ahorros, me asusta, gastar todo el sueldo siempre. La alergia, diciembre. Miedo. Es miedo. A los días que se vienen. A que siempre hay mañana. A perderme, porque ya lo estuve. Ayer, cuando llegué del asado: una ducha caliente, el té de hierbas, la siesta, la película que recomendó Raira. Hoy a trabajar. A ganarme la vida. La noche, afuera. No como antes que me iba en busca de esos cuerpos. Hay noches de noches, soy un hombre serio, o eso quiero ser. Debo crecer. Cómo hacer fortuna. Organizarme.

Debo ahorrar. No puedo vivir la vida así, llegando a fin de mes sin un centavo, esperando el sueldo del mes próximo.

Después de las fiestas, enero. Por suerte he pedido vacaciones para la última semana de febrero. A fines de este mes también tendré algunos días de paz. Cuento: tres semanas antes de la semana de receso por el fin de año.

Estoy mejor. Me he procurado un trabajo, llegan las fiestas. La heladera suena en este monoambiente. Cómo voy a llegar de esto al nivel adquisitivo de mi compañero (parece buen tipo), que vive en esa casona linda a las afueras de Buenos Aires. Los ingresos de estos y los ingresos de aquellos. Cómo crecer, ganar más y hacer, de paso lo que quiero con mi vida, arte, ser feliz en la recompensa de dedicarme a lo que me gusta.

*

El cubano me contó que su ex novio le hizo el favor de casarse con él, y que por eso él tiene los papeles. Me mostró que debe pagar 32 mil pesos en tarjeta de crédito. Cuánto gana entonces. No creo que más que eso. Si no, por qué vive en un dos ambientes, con una amiga que tiene seis gatos. Continue reading “Mientras llega el verano (a fumar y escribir)”

Hombres van

Me he vengado. ¿Qué me molesta? No tenía dinero suficiente para llevar a cabo el plan que me hubiese gustado: ir a cenar, beber unos tragos en un lugar lujoso. No tengo las zapatillas adecuadas. Y eso juega, al menos para mí. Le he dejado de responder al cordobés. Idas y vueltas. Demoras en los mensajes. Habíamos quedado de vernos ayer, jueves. Y al final, él me dice que tenía una cena con sus amigos, que hoy viernes estaba más tranquilo. Que si nos veíamos ayer, tenía que ser después de su cena, que no sabía a qué hora terminaba, pero que no tarde.

 

Debo hacer ejercicio. Esa marihuana mala que estoy fumando lo único que hace es instalar en mi médula una pereza que se vuelve incómoda.

 

Entonces no le respondí más al cordobés. Hoy he quedado de verme con Dante, mi amigo Dante: vendrá a buscar cosas que tiene aún guardadas acá (Dante vivía en este departamento antes que yo). Me ha dicho de venir a fumar un poco, a tomar un vino, hablar de la vida.

 

Esta sensación de tedio, de frustración. Continue reading “Hombres van”