Semana corta

No soy nada sin estas líneas matutinas, sin este espacio de café y escritura. Tengo que aprovechar a ver si termino alguna historia, la del hombre desafortunado.

El director se ha burlado, ha sido arrogante en la crítica el muy torpe. Y ahora se presenta con una reescritura completa, con una intervención de todo lo que escribí yo antes, sin anunciar siquiera que lo haría. Se da el tupé de darme consejos sobre cómo escribir siendo un don nadie.

Seré humilde. O por lo menos lo aparentaré. Aunque no esté del todo de acuerdo con la frase, en esta ocasión fake it until you make it.

Su arrogancia para contestarme, para hablar de mi creación, como si hubiera él hecho grandes cosas.

Es mi arma pues, no ser generoso y no enseñarles a esos que ostentan la actitud de este personajillo que habla ínfulas. Continue reading “Semana corta”

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Semana en la oficina (desprecio)

Lunes. Noche de insomnio. Varias horas dando vueltas en la cama. Quiero rendir en el trabajo. No quiero ser el tipo iracundo, irascible de las últimas semanas. Quiero estar más tranquilo y, sobre todo, más callado. Trabajar sin problemas, no responder mal. Es complicado, porque me hago estos propósitos, pero después el ambiente mismo me fastidia, el reguetón de mi jefa, las preguntas de la señora compañera, amorosa, pero que a veces me fastidia, la alegría de la muchacha a quien considero más afortunada que yo.

 

Me molesta ser inmigrante. Tengo planes de pedir la ciudadanía argentina, y tener nacionalidad de este país también.

Me gusta cuando sueño que vuelo.

Será una semana larga. Seis días de actividad continua.

Invertir en el proceso y no en el resultado, disfrutar el proceso. Quiero estar liviano, mantenerme tranquilo. Escuché en estos días varias cosas que me han hecho bajar un poco la velocidad. El descanso ayudó.

Me agarró también cierta culpa pensando en lo enojado que he estado en el trabajo.

Tengo miedo al invierno.

Un paso a la vez.

San_Sebastian_El_Greco

*

No debo delirar al chico fresa de finanzas. Chico cheto. Cuando me sube el ánimo entonces adquiero la forma de un personajillo de loco que Continue reading “Semana en la oficina (desprecio)”

Diario de abril II

Está tan hermoso el día afuera. No tengo plan alguno y este no es un muy lindo barrio para pasear. Con pasear, me refiero a caminar. Ya si tengo que tomar un colectivo, me desanima la cuestión. Supongo que haré ejercicio en casa. Tal vez mañana vaya a yoga, así siento que hago algo por fuera de casa. El lugar está justo al frente, pero es una actividad, por lo menos.

Por un lado, tan apurado, tan deseoso de que pase el tiempo para ahorrar dinero y, por el otro, recuerdo que es importante gozar el presente, el ahora, estos días de descanso que tan bien me vienen. Algo he escrito, pero no mucho. Y pienso en las ventas, en que, si bien no está mal para mi economía personal, con todo el asunto de la crisis, temo no destacarme, no llegar a los objetivos del año. Temo perder el trabajo, para hablar franco. Ayer en la noche leía sobre los despidos en masa de Clarín. Dicen que ocurrió lo mismo en el año 2000. Las cosas siguen empeorando. Si no leo noticias, si no me informo, ni me entero. Aunque en el trabajo, por supuesto, se siente el golpe de la recesión argentina, es ver el panorama lo que hace preocuparme, temer. Con todos estos sueños y deseos…

Si empiezo a hablar de temores me atacan todos. Las deudas de mamá, por ejemplo.

 

Algo de culpa por el día tan hermoso y yo aquí.

*

Fui y vine rápido. Caminé agitado: la zona no es linda, era mejor meterle apuro al asunto. Un poco discutí con los de la entrada porque no me gustó la ubicación que me dieron. Todo por ahorrarme cien pesos. Linda obra. La temperatura volvió a subir, así que fue en vano usar el sweater. Vine rápido a continuar en la vida de solitario.

A mejorar: la soberbia, la ira, la arrogancia. Leer tanto el blog ese que sigo casi a diario me ha hecho reconocer la pobreza en diferentes niveles en lo argentino. Entonces llego a un lugar y creo que piso desde arriba: peco de lo mismo que ellos, de la arrogancia del tipo clase media aspiracional.

*

De tan agitado que caminé ayer, tuve dolor de cabeza hasta la mañana de hoy incluso. Si llegué antes que los otros, por qué me dieron esa ubicación de mierda. Ya después logro calmarme.

 

Pierdo el tiempo. Me la paso pensando en cuándo entrar al gimnasio y en que necesito los auriculares para correr y la ropa, y que sin eso no puedo entrar, a ver si me siento un poco mejor con mi cuerpo. Ya estoy más delgado. Y he hecho ejercicio estos días. Pero quiero levantar un poco de pesas. Y usar el beneficio que me dan en el trabajo.

 

Culpable. Gordo. Alterado. Tal vez deba meditar.

Ir al gimnasio.

 

Recién fui a yoga. Lo escribo todo a falta de una actividad mayor.

Todavía, cuando reviso el celular, espero encontrar tal vez un mensaje del más reciente de mis amantes.

*

El miedo se profundiza en mí por la baja en las ventas, a causa de la suba del dólar. El otro día mi compañera decía “estoy preocupada”. Con lo que detesto yo que lloren. Después ellas son precisamente quienes venden más. Pero hasta que no se les da, no para de llorar. Espero que cumplamos los objetivos. Espero destacarme. En fin. Recién desperté y pienso en eso, porque algo de culpa siento por haberme tomado esos dos días feriados, jueves y viernes, por semana santa.

Quisiera sacarme ese miedo, el de que me despedirán por la baja en las ventas. Sé que mis jefas no lo permitirán. ¿O sí?

*

Domingo. Estoy tranquilo. Por suerte no busqué calle anoche.

El miedo se debe a que ya estuve desesperado, con el agua hasta el cuello. Y leer tanto sobre la crisis actual me hace temer.

Es domingo. Debo escribir y leer.

¿Soy un dependiente emocional? Lo pregunto por todo lo que me ha pasado últimamente, tanto lío con los hombres con los que estoy. Desde el año pasado, salir con uno y con el otro y después quedar devastado durante días y obsesionado durante semanas.

*

Los días hermosos, afuera. Y yo sin salir. Bueno, ayer fui a yoga. Por otro lado, mejor, me digo. Si así son las cosas y no me alcanza el tiempo para escribir y dormir lo suficiente.

Sólo me queda confiar. Los días apacibles traen consigo la esperanza en el futuro, en que será posible la felicidad, en que tampoco es necesario mucho y ya gozo de muchos factores que hacen que mi vida sea disfrutable.

¿Es posible una vida en la Argentina, hasta cuándo? ¿Qué ocurrirá con mi carrera de actor? ¿Cuánto tiempo más aquí? ¿Qué sucederá con esa deuda que no me permite tener acceso a tarjetas de crédito o productos de riesgo? ¿De qué manera haré más dinero? ¿Cómo podré migrar, bajo qué situación?

Vago, divago. A veces pienso que gasto demasiado tiempo en cosas innecesarias, como el Internet, por ejemplo. O como estas líneas, incluso. Me descubro con una inteligencia media, promedio, intentando hacer arte en el tiempo libre.

 

Que la cotidianidad no me arrastre, ya lo escribí, que sean días calmos. Creo que estaré bien, ahora que mejora mi estado de ánimo, ahora que no estoy obsesionado con nadie.

Diario de abril

Esta semana haré de nuevo el vision board. Usaré las mismas imágenes que usé para el de Macondo. Los sueños son los mismos. Debo tenerlos claros, no perder la visión. Ayer hablé por teléfono con Áspora, mi bella amiga. La conversación me ayudó a desahogar mi frustración y todo lo que generó el encuentro con el tipo este, S, y que no haya percibido él que soy un actor que escampa en un trabajo de oficina.

Áspora me dice que debo ser mercenario, que entiende que es difícil, pero que es parte del proceso, que vaya uno a saber por qué la vida me pone en estas, que me lo tome con calma, y que, si no es el momento para estar en pareja, me conviene aceptar que no lo es. Me escuchó. Reímos. Hace mucho no reía. Me ha dicho que ahorre, que sea persistente en mis sueños, que estoy bien, que este trabajo era lo que necesitaba para vivir, que me acuerde de las épocas en Bogotá La Inmunda, cuando debía pedirle a mamá y a papá para cada movimiento, cuando no hacía nada de nada, y la angustia que eso me causaba era horrible.

Hoy desperté un poco triste aún. Quisiera verlo. Hablo de S. Quisiera calor, cariño. Y quisiera explicarle mejor mi vida. Dormitar en sus brazos. Qué peligro. Es mejor dejarlo ir ahora. Continue reading “Diario de abril”

Sin sosiego

Ayer lloré. Anoche tuve insomnio. Me acosté a las nueve pasadas, luego de comer, y desperté cerca de la una. No me pude dormir hasta quién sabe a qué horas, después de las tres seguramente. No quisiera ir a trabajar. Estoy cansado. Martes. Por suerte se acercan los días de semana santa. Hoy debo ver a la médica. Le diré que seguiré con el mismo tratamiento este, el que me aletarga. Y vendré a casa a hacer una siesta. No iré al taller de escritura. The boundary to what you can accept is the boundary to freedom. Había olvidado esa frase, la escuché ayer de nuevo en la madrugada, en una de las charlas budistas que sigo a veces. Son cerca de las ocho de la mañana. Está oscuro el día. Ya se siente el otoño, el invierno. Y son muchas las cosas que no acepto de mi vida. No hablan de aceptar en términos de resignación, si no de darle cabida a esta sensación que está aquí. Tal vez escuche más sobre ese tema esta semana. Eso y que no importa el punto actual, no importa cómo llegaré de este punto al punto que quiero. No hay que dejar de soñar, de trabajar por mi sueño.

Ir a una oficina y el miedo de saber que debo procurarme siempre un trabajo, que ya no me enviarán dinero cuando lo necesite. Lo mismo de lo mismo. Ayer tuve una entrevista para hacer un cortometraje. No pagarán a los actores y encima quieren que pongamos el vestuario. No importa. Con tal de actuar. No sé si me elegirán. Necesito imágenes con acento rioplatense. A estas alturas, y yo en esas. Pero mejor que haya ese tipo de trabajo. Este tipo de pensamientos me hunden a veces: verme trabajando tantas horas en una oficina, cuando soy un actor, un artista. Pero no todo es tan malo, ya lo sé. Es que hay momentos en que la realidad me avasalla.

Que sean días de calma, días de hablar poco, días de empezar de nuevo, sin la presión del apuro. Lo escribo, me lo pido a mí mismo, Continue reading “Sin sosiego”

La única vez que se ha amado nunca

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No dormí mucho. Espero no obsesionarme. Que un clavo saca otro clavo, dicen. Bien que me hacía falta sentirme deseado. Aunque no sé si esa es la palabra. Ser besado, abrazado, lamido (lo sé: estoy usando la voz pasiva).

Martes feriado. Quiero contarlo. Mi encuentro con S. Fue el domingo. No publiqué mucho en estas líneas sobre él porque no quise darle importancia, aunque sí que la tuvo en su momento. Él tal vez no. La idea de lo que él podría llegar a ser. O las ideas que el encuentro con él desencadenó.

Lloré desconsoladamente, aunque me dé vergüenza decirlo. Con S nos cruzamos en el bar ese que tanto frecuenté el año pasado. No sé por qué creí que él sería el hombre perfecto, que me había rechazado cuando terminó la conversación virtual con un silencio. El terapeuta dijo que pongo la angustia de otras cosas en estas obsesiones. S amaneció conmigo un domingo, lo traje a casa después de la fiesta, y hubo en nosotros la química de los cuerpos que se saben dar ternura. Bastó para hacerme mil ideas. S me escribió el lunes, me dijo que él pensaba que ya nos conocíamos, que había visitado alguna vez otro departamento en el que yo viví hace muchos años. Charlamos un poco y en la noche le envié un mensaje de voz de… ¡un minuto! No contestó nunca más. Al día siguiente estaba yo despedazado, angustiado por lo que asumí como un rechazo cruel. Borré su número. Lloré desconsoladamente. Y luego, en diciembre, habiéndole dado tiempo al tiempo, comprendí que pude haber insistido, volví a desearlo, entendí que esa no respuesta pudo no haber sido un rechazo y lo busqué en Facebook.

Antes de ayer, después de varios meses, me he visto de nuevo con él. Continue reading “La única vez que se ha amado nunca”

El infierno son los otros

La médica dice que puedo cambiar de medicación, pero que es probable que la otra tenga efectos secundarios también. El aletargamiento mejora. La médica dice que la decisión es mía.

¿Qué debo hacer? Si alguien me guiara… Mi intuición, supongo.

Cada temporada con su tormento.

Anoche soñé con L. Pienso dejar de escribir sobre él. La obsesión baja. Soñé que llegaba a un edificio que era el de Raira, pero en el sueño no era la casa de ella, y que él estaba ahí, no recuerdo ahora si adentro del vidrio, con una camiseta de River y una bermuda de jean. L es hincha de River. Son todos hinchas de River. Vaya mierda es el fútbol y el fanatismo vacío.

Ayer he ido al turno médico, luego a despedirme de Luna. Después fui al taller de escritura. Debo escribir ficción.

*

Jueves. No amanecí de buen humor. Tengo mucho sueño. Me pregunto todavía si debo cambiar de medicación. He decidido que dejaré la decisión para la segunda semana de abril, cuando vea a la médica de nuevo.

Soñé con mi tía de la Florida. Yo estaba en un escenario, en un teatro, con una compañera que me ayudó a armar el monólogo que presenté en Bogotá, la Inmunda, y mi tía estaba en el público, y al final, por más que yo la miraba, y sabía que ella me había visto, ella no me miraba más, y se iba. Después estábamos en su auto, una camioneta, y estaba su hijo, que le decía todo el tiempo “te quiero mucho”, estaba mamá, y yo bajaba con mamá de la camioneta para sacar dinero de un cajero electrónico, pero no podíamos sacar plata. Algo así, más complejo. No quiero narrarlo. Muy relacionado con todo lo que vivimos después de la muerte del abuelo. Nunca más le escribí a mi tía luego de esos sucesos. La extraño. La quiero. Continue reading “El infierno son los otros”