En el diario, primavera

Entre el deseo de tranquilidad y las broncas de siempre, las broncas cotidianas. Ya no quiero vivir así, amargado, miserable. Que la vida es muy corta para ser miserable. Eso leí ayer. ¿Soy miserable yo en esa oficina, soportando los cambios de ánimo de la gorda de mierda?

Que sea una semana de menos iras, de menos malestar. Dejar de lado los enquistes (uso mucho esa palabra, enquistes).

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El tic en el párpado del ojo izquierdo no me deja tranquilo. Despierto de mal humor. He sufrido insomnio anoche. Voy a enviar un cuento al taller sólo por enviarlo, sólo porque sí. Mi cuerpo aún no adquiere mejor forma, sigo bebiendo vino en las noches, sigo gordo. Y las amistades y los proyectos, todo me enoja, broncas aquí y allá.

Le he dicho a mamá que tomaré una semana de vacaciones en febrero, y me sugiere que hubiese esperado, dice que quiere venir. Con qué dinero. Si ahorro será para viajar yo a Europa.

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Un poco más tranquilo. Aunque los párpados sigan moviéndose en momentos de estrés. O eso digo yo, que son momentos de estrés. Dejaré la cafeína. Tal vez sea sólo por hoy. Mañana en el desayuno de trabajo tal vez tome café. No debo.

He llevado un cuento al taller. Le han corregido aspectos formales. Algunos compañeros me han felicitado.

En la cama, el deseo. Ahora un poco empiezo a obsesionarme con uno. Por ahora es enamoramiento. Sólo lo había visto en la calle, cuando caminaba yo del subte a la oficina. Ayer me lo crucé en el tren mismo. Lo miré a los ojos. Sólo un segundo. No quise ser evidente. El me vio, estoy seguro. No pasó nada. Cruzó el molinete de la salida atrás de mí. Me vio. Siempre viste ropa oscura. Un sweater un tanto raído en las mangas. Cara fuerte, piel blanca, pose de varón, alto, barba de tres días, aspecto limpio, arete en la oreja izquierda.

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Ayer la gorda (mi jefa) le ha dicho “inútil” a una compañera. Se lo ha dicho y no ha pasado nada, la cosa ha seguido como si nada. Le decía algo de los correos electrónicos y soltó: “no sabés cómo responder a todos, ¡qué inútil!”. Continue reading “En el diario, primavera”

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Ocaso de obsesión (y la gorda de mierda)

He ido a la entrevista de admisión. El terapeuta me ha dicho que sí, que me atenderá él. Iré una vez por semana. Ayer en la tarde, cuando salí de la oficina y caminaba hacia el lugar donde atiende  el terapeuta, dudé de la decisión: no quiero gastar dinero, debo comprar ropa, cosas para la casa. Pero también debo trabajar la angustia. Y no quiero esperar. Dudé porque siento que se va pasando la obsesión, la tristeza por P. Se lo comenté un poco a mi amigo en Ecuador, y se ha reído. Pero no le he dicho lo más importante tal vez, que este hombre me quería ver trasvestido, que me pedía que me depilara, que me trataba como a una mujer, que habíamos dicho de vernos varias veces, y que cada vez yo me produciría más y más para él. Y que me obsesioné con esa idea también. Luego busqué su número en Google, y una cosa llevó a la otra, y supe todo de él y…

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Mi amigo en Ecuador me ha dicho que no puedo ser tan demente, que cómo me voy a obsesionar así con un hombre que ni conozco. Se ha reído. He reído con él. Eso ha aliviado la carga.

Iré a terapia. Aunque sea un lugar lúgubre, como el barrio en el que vivo. Queda cerca de acá. Como la vida ahora. Temporal. Ya lo recuerdo, es todo temporal.

El día está gris. Es sábado. Iré al ensayo. Vendré a casa, fumaré un poco de hierba, y escribiré. Intentaré descansar. Ya la otra semana regresa la gorda, mi jefa. Mejor ni pensar en eso.

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Mi amigo Dante bromea, un poco se regocija: “sos clase media baja”, me dijo a manera de chiste, en un momento, “sos un obrero más”, me dijo después. “No soy un obrero”, le he respondido. Me ha cobrado por la minucia de marihuana de calidad triste que me ha traído. Miserias. Se alegra de que ahora no sea un niño mantenido, Continue reading “Ocaso de obsesión (y la gorda de mierda)”

Más de obsesión (P)

Lo estropeé. Fui yo. Para bien, quiero creer. Porque no me convenía. Es fácil obsesionarme. Me he obsesionado. Una vez más. Un hombre. Necesito amor, señores, yo lo que busco es amor.

Obsesionado. He despertado en la madrugada, a causa del goteo del aire acondicionado del departamento de arriba; le he enviado un mensaje a mi vecino. Ha detenido el ruido. Al no poder dormir, he venido a mirar información sobre P. No respondió los mensajes que le escribí en la red de contactos gays donde nos conocimos. No me habló al celular. Entonces he seguido leyendo sobre él. Si con el cordobés anterior, si con el irlandés también me hice lío por la diferencia económica, con este me hubiese vuelto loco. O me estoy volviendo loco ya. Tiene 37 años, es abogado en una firma en la que es presidente, hace derecho tributario y he leído en una noticia que tiene algo que ver con gente involucrada en cuentas offshore (cuentas afuera del país para evadir impuestos). No he leído bien, un poco por pereza, y un poco porque no me interesa. Cuán importante él, cuán valioso para el mundo capitalista. No como el arte. Y cuán elevados deben ser sus ingresos. No como el cordobés pata sucia que vive en un departamento encerrado y se entrega en un banco. El cordobés fue mi obsesión anterior. Obsesión de unos días. Pero a este no lo pude conocer siquiera. Cómo, al ver de quien se trataba, no dimensioné la discreción requerida. “Te das cuenta que si ven un mensaje de estos me podés dar vuelta la vida, ¿no?”, algo así me escribió. Le he pedido disculpas. Me ha dicho que estaba todo bien. Pero luego, cuando le pregunté si le gustaban sólo las chicas, me ha bloqueado. Y le he hablado entonces por la red social donde nos conocimos. Y le he dicho que es un reprimido. Y me ha contestado que no me ponga agresivo. Y le he dicho que me ha dado ira su reacción, que me disculpe, que me hable de nuevo. Y no lo ha hecho. Ni lo hará. Y es mejor, es mejor para los dos. Yo quiero un hombre como P. Pero no para ser su amante, no para ser sólo el hombre que se viste en la intimidad de mujer y satisface algunos de sus impulsos sexuales (aunque me hubiese encantado hacer esto con él), no quiero ser la puta que no puede hablarle cuando quiere. No. Yo quiero un hombre como P para que me ame, para amarlo. En serio. Ahora, si lo pienso un poco más, ¿quiero un hombre como P? El terapeuta al que fui cuando terminé con mi pareja anterior me decía que debo estar con hombres con quienes tenga una conexión más allá de lo sexual. Y con estos hombres no existe eso. Pero siento hacia ellos una mezcla de envidia y deseo. En el fondo, no termino de aceptar quien soy, lo que soy, de dónde vengo. Y me siento marginal ahora por vivir en un barrio de clase media baja, por tener nacionalidad de un país tercermundista, por ser homosexual. Continue reading “Más de obsesión (P)”

Ojalá volvieses, P (idealización eterna de un macho)

Paul Cadmus Tutt'Art@

Domingo. He tomado un cuarto de pastilla para dormir. No era esto lo que pensaba escribir. Pensaba iniciar al grito feliz de: ¡aleluya, habemus director! Hemos conseguido director para el proyecto teatral con Dante y Raira. Por fin. Ha sido una ardua búsqueda. Despierto aletargado. Son más de las dos de la tarde. Y seguiría durmiendo, porque me canso demasiado durante la semana. Ayer he ido a yoga, luego el ensayo. Y seguiría durmiendo si no fuese porque ensayo también con los chicos del lugar donde me formé: al parecer armaremos un espectáculo. El proceso de creación grupal es complejo. Pero es la única manera que he conseguido de hacer teatro, de mantener vivo el fuego de la creación.

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Sigo resentido, me doy cuenta, con mi casera anterior. Aunque los días de furia han pasado, me encuentro a veces diciéndole cosas que no le dije: chanta, ventajera, aprovechada, usurera, vivaracha, chorra, ladrona. Eso quisiera decirle. Ya ahora no. Debo dejarlo ir.

He descansado. Es lunes y he descansado.

He rabiado en medio del insomio. Levemente. He rabiado levemente. Después soñé con Adela, quien, dicho sea de paso, me escribió hace unos días. Contra ella un poco rabié también. Desaparecí. Imagino a esa parte de mis amigos en Bogotá diciendo que desaparecí, que no volví más. Soñé con ella, con su hija grosera y con su marido. No olvido los desplantes, se me han quedado en el fondo de la conciencia y no logro perdonar.

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Hace mucho no miraba noticias. No me había enterado del resultado de la primera vuelta en Brasil, por ejemplo. No veo noticias porque me hace perder la fe en la humanidad, o recordar que la he perdido, me entristece, me llena de ira, de impotencia, y los cínicos intentan hacerte sentir culpable de un sistema que viene podrido, intentan que me sienta mal por no hacer esto o lo otro, por no poner un granito de arena y luchar y pelear. Mi visión no es optimista. A veces, lleno de furia, digo que debemos extinguirnos, que somos un cáncer, los seres humanos, por mucha belleza, por mucha compasión, siento como si la batalla la estuviese ganando Continue reading “Ojalá volvieses, P (idealización eterna de un macho)”

Descansar ahí (en el olor de hombre fuerte)

Sobre las conversaciones con los chicos hoy en el bar, afuera, fumando marihuana, sobre eso quiero escribir. Sobre el chico de 25 años que toca la guitarra y que es amigo de mi amiga Raira, y que me dan ganas de amarlo, sobre eso quiero escribir, sobre mis ganas de amar y es como si me fuese vedado. ¿Por quién, por qué?

Ha sido una linda noche. He vuelto en colectivo, lleno de gente del sur, ahora soy del sur. O del centro más bien, qué sé yo. Dedicaré el día a escribir, a descansar, veré una película, dormitaré,  será un día libre.

Al final, hemos resuelto que continuaremos con el proyecto de la obra teatral con Raira y Dante. Si las cosas salen bien, el próximo año estrenaré dos proyectos.

Fin de mes.

Una felicidad me embarga hoy. A pesar de las incertidumbres de salud que han aparecido. Creo ahora entender un poco más. La soledad, vivir en soledad, en este departamento, me hace muy bien. Y retomar los proyectos artísticos me hace muy bien también. La esperanza. Que el arte es la salida, Continue reading “Descansar ahí (en el olor de hombre fuerte)”

Alguien dijo Poesía

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Que lo de afuera es un reflejo de lo de adentro. Entonces esta suciedad, este desorden constante, que me tiene tan fastidiado, ¿cuándo terminará? ¿Cuándo terminará la gira y empezará la calma? Esta semana algo adelantaré. Esta semana tal vez terminen de pintar, así no tengo que recibir al trabajador todas las mañanas, y limpiar al llegar.

Cómo salir de la idea de lo poco, de lo pobre. El chiste ayer del profesor del taller de escritura durante la cena. “Ahí empieza el sur”, dijo. “Pero él es colombiano, está más allá del bien y del mal”, dijo otra. Reían. Chistes, todos hechos con cariño. Pero para mí no es fácil. La misma sensación de siempre: antes, al ser mantenido, tenía acceso a otras cosas. Ahora lo pago todo yo, toda mi vida la costeo yo. Y me gustaría encontrar más regocijo en eso, me gustaría no quejarme, no angustiarme tanto, encontrar un tiempo de paz, de tranquilidad. Continue reading “Alguien dijo Poesía”