Ira (Días de ira)

Él. Obsesionado con él. ¿Y por qué deben todos enloquecerse conmigo? Y termino siendo yo quien me enloquezco con ellos. Pero siento que debería ser al revés, que ellos, o él en particular, tendrían que venir a mis pies. No es tan lindo. Él, hablo de él. Pero trabaja en un banco, debe ganar más que yo, mucho más tal vez, y se va a Escocia, se va a Escocia durante un mes; tiene privilegios que yo tuve antes y que ya no tengo mi familia ahora no me mantiene, tiene una vida que no he tenido. Y me pongo en una condición de inferioridad. Nivel. Esa es la palabra. Lo pongo en un nivel superior. Y no acepto la diferencia. Me veo, a veces, como poca cosa, usando la misma ropa desde hace meses, todos los días los mismos zapatos, gastados, la ropa descolorida ya de tanto uso, mi piel inclusive, en el espejo, me veo descolorido. Y entonces aparece este sujeto y reafirma mis inseguridades. No es él, soy yo.

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Delgado ya, flaco. No estoy preparado, no es el momento. Por mi apariencia, por mis ropas, por mi situación. ¿Mi situación, cuál? No lo sé. Todo este tránsito de regreso a la Argentina. El tiempo sigue pasando. Ahora me preocupa la edad. ¿A qué edad seré un actor, a qué edad haré televisión, cine? Antes de despertar empiezo a pensar: que ya pronto serán 33 y que pensar en el futuro, en tres años es pensar en tener 35/36. Todo, de repente, adquiere otro valor. Me juzgo no sólo con la vara de mis deseos si no con cierto apuro de no sentirme fracasado. Debo sacarme esa idea. Antes era joven. Debo sacarme también la idea de la vejez, la idea de que es tarde. Quiero irme a vivir a otra parte. La idea de la pobreza me persigue. Si tan solo estuviera ya en un país desarrollado. La idea de la migración, siempre presente.

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Hay que hacerle muchos arreglos a este departamento. El propietario me ha dicho que sí, que no hay problema, que lo pintaremos lo más pronto posible, que él conoce a un pintor de confianza. Ya he llorado. Continue reading “Ira (Días de ira)”

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Largo de deseo (ya casi das tregua, angustia)

Cackemaker

Ya le hablé, ya respondió, ya dijo que me hablaría, ya le dije que sí, que hiciéramos algo, algo tranquilo, y él me dejó así, sin responder. Ya me he enojado. Por suerte cuento con Raira, que me escucha toda mi bronca y dice que no lo bloquee, que trabaje la ira, la ansiedad, que le reste importancia, que al final hice lo que quise, que era hablarle, y que si lo bloqueo, como a muchos otros, entonces estoy repitiendo un patrón, y que debo aprender a restarle importancia a estos sujetos que no son nada, nadie, unos recién conocidos. Pero eso íntimo… Que sea efímero eso íntimo que viví con él, dormir con él.

En medio de los sueños, cuando despierto en la madrugada, pienso en lo mismo: ¿cómo es posible que no diga nada? Me ofendo con facilidad, siento una ira que no puedo soportar. “Destrato”. Aunque la palabra no exista. Su silencio es una micro violencia. ¿O no? ¿O exagero y se ha distraído no más? No lo creo. Y me enciendo en la ira de haberlo buscado. Ahora debo esperar a que me pase el resentimiento.

Confío, eso me pasa, que confío. Soy ingenuo. Y creo en el buen trato momentáneo del otro. Y la gente, mucha gente, anda rota, y uno no es la prioridad de todos, y hay quienes no tienen como pilar la cortesía, la empatía.

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También soñé que comíamos, y yo estaba sin camisa, y en un momento me paraba a buscar no sé qué cosa, y mi abuela me decía que estaba comiendo mucho, que estaba gordo. Y qué ira me agarraba, y golpeaba la mesa, y gritaba. Y había un hombre, un marino o algo así, que me encontraba luego en la cocina y me decía que vigilara quiénes son mis amigos, con quién me relaciono.

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Es el autoestima. Es un patrón, sí, es el patrón de enamorarme y obsesionarme. Luego pasa. Y así con muchos. Que después no aparecen. Pero hay muchos otros que no aparecieron, con los que no me pasó nada, muchos con los que pude mantener un buen vínculo. Por qué con estos, con algunos, me obsesiono, quiero su vida, quiero que me amen, que me den su amor, su amor de hombre, el amor que no tuve de chico. Es porque son, siempre concluyo, lo que mi familia y la sociedad en la que crecí aceptaba como correcto. Un macho velludo, de una carrera en ciencias exactas, que trabajó desde chico, que hizo una maestría…

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En estas líneas, aunque tal vez no lo parezca, aunque me deschave en mis pensamientos y me permita cada vez más el estilo del diario, tengo una conciencia del lector. Y reconozco que se ha vuelto aburrido. Hay cada vez menos historias, menos narración, menos acción, y más divague. A veces, en medio de la grandilocuencia de la que me creo poseedor, en medio del narcicismo que reconozco en mí, imagino que estas líneas quedarán y se leerán con el morbo social de ver el entramado mental de un autor célebre. Célebre, reconocido, exitoso, leído. Eso quiero ser. Por ambición, por logro. ¿Es sólo una creencia? Puede ser. El ego disparado, disparatado, que me lleva a una creencia falsa de superioridad por haber recibido ciertos dones y talentos. Fluctúo entre las sensaciones de grandiosidad y de inferioridad. Narciso.

Y agarrar el teléfono pensando que él me va a haber escrito, que aparecerá. Anoche, en la cama, con bronca, deseaba que me escribiese, que me dijese de vernos, y me imaginaba respondiendo con crueldad, o ignorándolo. Continue reading “Largo de deseo (ya casi das tregua, angustia)”

Esperando la mudanza

 

Las cuentas para la mudanza, el dólar, la incertidumbre, siempre una cosa y la otra, siempre un gran esfuerzo…

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Cuentas, números, dinero, el deseo de viajar, de irme varios meses a Europa, o dos semanas, o tres, o las que se pueda, irme a Londres, tomar un curso, hacer lo que amo.

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Les digo a todos lo mismo, es mi discurso de la temporada, que con la mudanza debo amoblar el nuevo departamento, y luego, si mamá se muda en Macondo, debo ir hasta allá y ayudarla con su mudanza, y que todo es dinero, así que dudo poder viajar a Europa el año que viene. Que quiero migrar a otro lado, eso les digo a los demás también, que quiero vivir en otra parte, en un país desarrollado.

Hoy hace un mes que estoy boyando. Boyando, así dicen acá. Primero, dos semanas donde Boisano. Luego, dos semanas donde Laitan. Y hoy, iré al sucucho, donde permaneceré poco menos de dos semanas hasta que me den el departamento.

Les digo a todos lo mismo: que no me gusta la zona Continue reading “Esperando la mudanza”

Paciencia, hijo, calma

Domingo. Es pacífico el departamento de Laitan. Vivo una gira. Estaré aquí dos semanas, en casa de Laitan. Su casa es cálida, tiene una cama pequeña en la sala, una especie de mueble del que sale una camita en la que se duerme lo más de calentito, cómoda. Luego iré al sucucho: viviré allí por doce noches, catorce días. El sucucho es la parte de atrás del departamento de una mujer que se ha mostrado comprensiva hasta ahora, y ha entendido que, por más que yo le había hablado de seis meses, he encontrado una nueva oportunidad, algo que me conviene más en el largo plazo. Espero que agosto pase rápido. Y luego, en septiembre, por fin: mi casa. He conseguido, ya lo había anunciado, que el dueño del departamento donde vive Dante me lo alquile a mí: Dante se mudará, junto con su novio, a un lugar más grande. Así que, por fin, tendré un lugar para mí solo.

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La sociedad afiebrada, la Argentina entre mil debates, el ser humano intentando sobrevivir, pisándose. Violencia, ira, pobreza.

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No logro darle cauce a un cuento que vengo escribiendo desde hace un tiempo. Anhelo unos días para dedicarme, para no hacer Continue reading “Paciencia, hijo, calma”

En busca de la estabilidad

En medio del huracán. Todavía. No quiero usar sus cosas. “Sus cosas”. Así me ha recalcado. Me ha dicho que si ella quiere me pone de patitas en la calle. Que puede llamar a la policía y echarme. La discusión ha sido álgida. Me amenazó con no darme el dinero del depósito. Y me sentí secuestrado, coartado en mi libertad. Nunca vuelvo a mudarme sin un contrato, sin un recibo siquiera por el dinero mensual que pago.

Es complejo. Pero para resumirlo: ella nunca me avisó cuánto tiempo antes debía informarle que yo me iba. Y cuando quise hablarlo, me ha dicho que debía quedarme todo el mes de agosto o no me devolvía el depósito.

He pensado en irme aunque aún no termine el mes y lo he pagado completo, irme sin importar que ella me retenga el depósito.

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La palabra que más lo describe: miseria. Un ser miserable. Y no es el dinero lo que me interesa. Le he dicho que sí a todo, me ha descontado del depósito lo correspondiente a la “asadera” del horno eléctrico que supuestamente he manchado, un dinero de una tabla de cortar que ella ha traído de afuera y que se le nota mucho el uso (que al parecer sólo le he dado yo, claro); un dinero para que el plomero arregle la cadena del baño, que iba a arreglar su novio… Tres dólares de un plato que rompí (¡este es el nivel de la miseria!). En fin. No quise discutir. Sólo me reí. Y acepté. Recibí al f Continue reading “En busca de la estabilidad”

Adiós, Melania (o Del sucucho, un nidito de amor)

 

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Busco, busco un lugar para vivir. Estoy decidido. Vivir como extraños, con una extraña. Y soportar su vida entera, soportar sus condiciones, porque es ella la casera.

Y la revelación, de nuevo, ayer en el subte, mientras escuchaba los audios budistas: que este sufrimiento despierte mi compasión.

Seguir, pasar el invierno.

Y quedarme con las situaciones que me impactan con esta intensidad tan mía.

Miércoles, ya.

Debo escribir. Debo terminar un cuento, así lo envío al taller. Debo mostrar algo.

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Un sucucho. Esa fue la palabra con la que pensé describirlo. Son las siete de la mañana y es aún de noche. Ayer, después de trabajar he ido a ver una habitación en la planta baja de un edificio. Pero todavía vive una inquilina allí, así que no pude entrar. Vi la cocina mínima, y una pared rasgada. “Te lo entrego pintado”, me ha dicho la dueña. Es un lugar pequeño, muy pequeño: no he visto el interior del cuarto,tampoco he visto el baño: el novio de la actual inquilina dormía. He arreglado una nueva cita para el día sábado. Allí veré si puedo adaptarme. Si me lo entregan pintado, si puedo adecuarlo, decorarlo. Si me lo entregan limpio. Continue reading “Adiós, Melania (o Del sucucho, un nidito de amor)”

Repito (Me repito)

Cuántos colombianos aquí, en Buenos Aires. ¡De una calaña! Horribles. Los hay de todo tipo. No quiero ser clasista, racista. Hablo desde mi posición, la posición del que quiere alejarse, y parece ser perseguido por esa cultura asquerosa. En las calles, con su alevosía. Ayer, camino a clase, unos hablaban con acento paisa no sé qué cosa de los dólares, y después, cuando entré al lugar donde me formé por años, una con acento de Bogotá (la puta Inmunda) comía algo en la entrada, y hablaba con la portera. Por suerte fui el único colombiano mientras cursé. Por suerte no hay ninguno en mi círculo de amigos. No los quiero cerca. Menos si son pobres, si vienen a extender esa cultura de la que tanto intento alejarme. Pues seguiré caminando hacia el lado donde menos me los encuentre.

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Pienso cada cosa para escribir. Cada momento, cada segundo de la vida, las historias que pasan por mi cabeza, todo me parece literario, quiero contarlo todo con palabras.

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Siempre escribo lo mismo: quiero vivir en un país desarrollado, vivir bien ahí, ser rico ahí. ¿En dónde? Eso debo definir. Y orientarme a la migración en el mediano plazo. Algo demasiado complejo para pensarlo hoy. Paso a paso. Y que tarde lo que deba tardar.

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Un poco mejor. O mejor, simplemente mejor. Continue reading “Repito (Me repito)”