Tormentos de un artista burgués energúmeno

Hablo solo. No quiero molestar a las amistades en Buenos Aires, que siguen con lo suyo, y viven una vida agitada, así con ellos me contacto poco, cada tanto. Ya en unos meses iré a verlos, y tendré tiempo de desahogarme. Pero mientras… mientras aquí en este paso por el caribe, no tengo mucho contacto con personas con las cuales hablar a profundidad de mí o de la vida. Áspora quedó en Bogotá, y su situación económica no es la mejor, así que no ha podido venir a visitarme. Ya iré yo. Ahora es temporada de acompañar a mi madre. Y con Adela no quiero hablar: quedé resentido después de varios gestos que quizá narre aquí después.

No he dormido bien desde hace tres días. Me paro de la cama en la madrugada para ir al baño y listo, no puedo dormir más. El insomnio me pone de mal humor, de muy mal humor. A veces, prendo la lámpara en la mesa de noche Continue reading “Tormentos de un artista burgués energúmeno”

Más tranquila y relajada (o De la creación y ese impulso angustioso)

No puedo, no sirve iniciar un texto nuevo cada vez. Ya he escrito esto antes. No lo publico siempre, pero en mis diarios hablo todo el tiempo de esa angustia a la hora de continuar las historias, de crear, de sentarse a imaginar. Una mezcla de pereza y terror. Pasa un poco en todo, creo: empezar a hacer ejercicio, por ejemplo, o empezar un ensayo de teatro. Claro, el teatro es arte también. O quien lo ejecuta puede tener esa pretensión. Así como en el teatro encontramos métodos para disponer el cuerpo a la acción, así creo yo que en la escritura me entrego primero a estas líneas vagas, fáciles, sobre mí, sobre mi vida, sobre la creación, para luego ir mezclándolo, de a poco, avances en mis cuentos.

Por otro lado, he llegado a la conclusión de que necesito silencio y soledad para escribir. Bueno, necesito es un decir. Porque uno puede escribir en todo lado. Pero ya que no me veo obligado a entregar los materiales en una fecha determinada, Continue reading “Más tranquila y relajada (o De la creación y ese impulso angustioso)”

La sonrisa de mamá

La amiga de mamá, el esposo de la tía, los primos de mamá, todos aquí… la homofobia, el machismo, la opresión, sus vidas, como en la alegoría de la caverna de Platón, permanecen tan encadenados, tan a oscuras sin saberlo. Y yo, viendo todo, con estos ojos míos, me pregunto, pido al cielo: “dame luz”, no creerme el cuento, no tocar techo, seguir en el aprendizaje, en las preguntas siempre, en la humildad, eso: humildad. Ahora no sólo hablo de ellos, los costeños machistas carnavaleros, sino de los amigos en este país, amigos que cada vez lo son menos Continue reading “La sonrisa de mamá”

Oye, morenita

Que suerte que saqué lo del robo del primo en el cuento ese que estoy escribiendo y que con suerte me publicarán en una revisitita. Hoy desperté y estaba la tía aquí en casa, la madre del primo ladrón. El primo robó una herencia que le correspondía a mamá. Y ahora la tía dice que va a pagar. La historia es larga, y no quiero hablar mucho del tema. La quiero a esa tía, sí, por eso la saludé cariñoso. Ella se quedó un rato (un rato corto) y hablamos un poco. Me quiere, se le nota. Pero tiene metida incluso en su alma esta cultura tan de mierda, tan cerrada, tan opresora (y oprimida a su vez), esta cultura decadente del caribe colombiano.

*

Ayer tuve un encontronazo con mamá. Le hablaba yo del apuro, porque ella vive acelerada, le decía que del apuro no queda si no el cansancio, le decía que el destino al final es el mismo, que todos terminamos como el abuelo, cuatro metros bajo tierra. Ella enseguida puso una de sus caras de preocupación y dijo Continue reading “Oye, morenita”

En el pueblo

Los gritos de los chicos que juegan a la pelota (supongo) se cuelan, llegan desde el colegio. Asumo que el patio de la escuela está del otro lado de la paredilla del callejón de este apartamento. Y mi cuarto, desde el que escribo esto ahora, está al lado del callejón.

Por otro lado, desde el balcón, puedo ver una parte del tercer y del cuarto piso del colegio, puedo ver la puerta que conduce a una de las aulas. Hoy, mientras hablaba con mamá y su novio, y mientras él me asesoraba para vender el auto que tenemos y comprar otro, vi a una chica que hablaba por teléfono apoyada en la baranda. Un jovencito venía de atrás, con cara de fechoría, la punzó con un dedo en las costillas, le hizo cosquillas, y entró al salón. Después volvió a salir. Y ella, que seguía hablando por teléfono, le pegó con una especie de chaquetica. Y entonces yo fantaseo, porque el morocho me llega con cierto olor, o con el recuerdo de algún olor, sí.  Continue reading “En el pueblo”

Un año anónimo y temporal (o Gracias por leer II)

lluvia

Llueve y yo me creo eso que la lluvia bendice los nuevos caminos, tomo la lluvia de esta noche, de hoy en la tarde, la de anoche, toda la lluvia de Bogotá, como una bendición que riega Dios sobre mí. No creo eso de que si llueve Dios está llorando. No, eso no. Es bendición a nuevos inicios. Un año anónimo y temporal. Mediciones, números, ciclos. Me anuncian un año en este blog. Reflexiono. A veces creo que si lo cuentas no se cumple el deseo. Dice una canción así. El horóscopo chino me ha recomendado discreción. ¿Debería entonces no postear pequeñas alegrías en redes sociales? Llueve en Bogotá, y yo me encierro a escuchar a Iggy, a fumar hierba y a escribir. Trato de hacer lo mejor que puedo con los demás: trato de ser fácil, de dar las gracias. Me preocupan los demás, a veces, esos que te hacen sentir mal, incómodo, con esos con los que las relaciones son difíciles, esos que te dejan con la palabra en la boca (¿en la mano?) en Whathsapp. Pero ahora llueve, ahora es viernes, estoy solo en casa y puedo y debo escribir. No pienses en ellos, me sugiero. Piensa en los que te leen. Pienso y doy gracias. Gracias a quienes han leído. Gracias por leer.

El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)

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El otro día en la noche nos reunimos por el cumpleaños de mi primo en un bar. Estaban las chicas con cuya familia pasamos el 24 de diciembre pasado. No vino Tadzio, el hermano menor. Mejor. Yo me quedé sin dinero suficiente para pagar, porque todos quisieron invitar a mi primo, claro. Tuve que decirle a la novia que me prestara la cantidad que me faltaba. Ella pagaba con una tarjeta débito, y yo le di lo que tenía en efectivo. No era mucha la diferencia. Pero el acto me produjo una vergüenza de aquellas. Creo que nadie se dio cuenta. Eso espero.

Ellos, todos los que bebían cervezas en esa mesa, hacen cosas que podríamos llamar importantes. O bueno, importantes para ellos. Interesantes, no lo sé. Siempre tengo que lidiar con la pregunta de “en qué andas”. Ya hay varios Continue reading “El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)”