Pero que ‘good things come’

Hubo una época en la que dejé el café. Pero desde hace un buen tiempo he vuelto a él con furia. Amo esta sensación de escribir somnoliento, ya sea después de una noche de buen sueño o de una siesta de aquellas, y el olor del café, y el humo que sale de la taza, y empezar a tipear. ¡Ah!

A mamá se le parten los vasos y las tazas. Antes pensé que eran solo los míos, y que ella, inconscientemente, expresaba algo hacia mí. Ahora no descarto esa posibilidad, pero hoy, a las seis de la mañana, en mi cuarto, donde normalmente no se escucha nada que venga de la cocina, me despertó el estallido de algo que se había roto: un vaso contra el piso. Mamá dice que está retrocediendo en el proceso de duelo por la muerte de mi abuelo. Si bien tiene una tendencia a victimizarse y disfrutar del dolor, creo que también es cierto que, a ratos, está más compungida que días atrás. Me ha dicho que antes mi abuelo resolvía todo, que antes ella iba al supermercado todos los miércoles y compraba lo que se le antojase. Ahora va cualquier día, o sea que no hace una sola gran compra, y más bien lleva lo necesario. Le dije que yo suponía que ese ir y venir era parte del proceso. Se tiende a sublimar al muerto. Bastante incomodidad y dolor que le causaba tenerlo moribundo, soportar sus rabietas, Continue reading “Pero que ‘good things come’”

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Imágenes de mi adicción

Imágenes de mi adicción. Miedo a que vuelva a ocurrir. Si con apenas unos momentos de displicencia, ya como más de la cuenta y me clavo un cuarto de pastilla para dormir. Yo que tiendo a ser culposo. Omnipotencia, mi terapeuta decía que mi culpa era omnipotencia, o la pretensión de ella.

La imagen de cuando un prostituto me robó el celular en Buenos Aires, en mi departamento, sin que yo me diera cuenta, me lleva a recordar que este año tuve que comprar dos, dos celulares nuevos: se me viene a la mente la imagen de cuando discutí con mi madre por teléfono, y reventé el aparato contra la pared, de la pura ira. Y d después tuve que comprar otro cuando me dieron burundanga o quién sabe qué droga que me doblegó y me quitaron algunas pertenencias en mi departamento en Bogotá. Ni para qué pensarlo.

Imágenes de mi adicción

Recordaba también el día que Continue reading “Imágenes de mi adicción”

Pensé que fumaría (o Manijita, bien ardido)

Pensé que fumaría. Un primo que vive en la Florida y que estuvo de visita en Macondo (donde yo paso una temporada acompañando a mamá), me dejó unos cigarros de marihuana escondidos en un oso de peluche, en un armario en casa de mi tía. Oh, no, no lo harás, pequeño, parece haberme dicho el destino. Cuando llego y busco: el muñeco… ¡el muñeco no está! A mi tía, la mamá de mi primo, se le ha dado por arreglar los closets. Preciso. Así que cuando llego a su casa, con la excusa de “hacer algo en el computador”, y me quedo solo en el cuarto de mi primo, abro el armario, Continue reading “Pensé que fumaría (o Manijita, bien ardido)”

Fastidio de fin de agosto

Aquí es de noche, pero la temperatura debe estar a unos treinta grados. El ventilador, en su máxima potencia. Me apunta. Tomo una infusión de tilo y de toronjil, así duermo más fácil. Aunque a veces ni eso. A veces ni las gotitas de valeriana y de pasiflora. Ya lo había dicho. Sí. A veces, la cabeza me juega unas noches de aquellas en las que a punta de pensamientos el miedo se cuela y, como un pulpo, se va desplegando desde la boca de mi estómago, adentro de mí, extiende sus tentáculos, hasta mi cuello, y abajo hasta mis pies. Entonces recuerdo. A veces recuerdo, por ejemplo, sus brazos blancos, fuertes, su torso firme. No es a él a quien extraño, sino una compañía, un romance. Y cómo no erotizarme también (y no violentarme) cuando se me viene, en horas de insomnio, esa imagen del afro en medio del acto, hundiéndose entero, la imagen que uso en las noches, a veces, para vaciar esta necesidad.

*

¡Ah! Una revelación: escribir es  mucho más que escribir. Hablo de ficción. Escribir ficción. Ya lo han dicho otros, pero este es mi proceso, mi proceso de descubrimiento. Escribir es, luego y también, corregir. E incluso, durante el proceso de la escritura, hay que pensar, darle vueltas a esto y aquello, porque la trama no está definida desde el inicio, o al menos casi nunca en mi caso. Entonces encuentro, quiero confesar, un regodeo en el tipeo, o incluso cuando he tenido que escribir a mano, en el acto de depositar tinta en el papel. Regodeo Continue reading “Fastidio de fin de agosto”

Un amor en sueño

Un parque de arena ocre, Áspora y yo. De repente, veo una rata en el suelo. Pero la gente local no se alarma. Así que, aunque veo más y más ratas, de diferentes tamaños, le digo a Áspora que avancemos. El rubio pelirojo ya ha aparecido antes, creo. Ya lo había pispepado. Ahora, a pesar de las ratas (siempre a pesar de las ratas) el joven hace un gesto de querer ejercitarse, señala el sube y baja, y sonríe, le hace el gesto a su hermano, su hermano menor. El joven (¿mi joven?) quiere tirarse a hacer flexiones apoyado en uno de los sube y baja. Esa camiseta ajustada a su cuerpo me seduce tanto. ¿Es azul Continue reading “Un amor en sueño”

Fútil

Tal vez debería escribir alguna historia más desde mí. Quiero decir, más desde mi juventud, algo con más cojones, algo más profundo. Entre la acción y la poesía. Entonces recuerdo que los cuentos no son un intento de poesía, que un maestro decía que si la poesía llegaba, bien; pero que si no, es mejor mantenerse en el campo de la acción. Pienso en Andrés Caicedo, en Ray Loriga. Pienso en ellos porque he visto artículos sobre ellos hoy. Aunque no recuerdo ahora con exactitud sus novelas, y no podría hacer un análisis. A ver, las recuerdo, sí. Pero no como para analizarlas, no las tengo claras. Algo me dice que escribieron con los cojones. Y me pregunto si cuando alguien lea mis historias, si cuando alguien lea lo que he escrito, mis cuentos, si le parecerá eso, que he escrito con cojones. García Márquez dudó también de Cien años de soledad. Y no quiero parecer ahora un narcisista con delirios de grandeza, Continue reading “Fútil”

Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)

Y Buenos Aires ahí, en la mira. No sé si ya escribí esto. Ha sido un día de aquellos, como ya varios. Al final salió el sol. Mamá tendió la ropa que yo había metido de nuevo en la lavadora, después de que se mojara dos veces con agua de lluvia. Ahora salió el sol. ¡Solazo! Pero cuando desperté, nubes negras: listo, suficiente para que se me clave en el pecho el mal humor. ¿O habrá algo más ahí? Sospecho que hay miedo. Me ocupo en dejar ir, en relajarme, porque la preocupación, dicen, es la manera de atraer lo que uno menos quiere. Tal vez temo al futuro. Por más que es mi intención no hacerlo, descubro a mi mente intentando controlar: la cuestión financiera, el viaje a Buenos Aires, esa sociedad. Qué hacer: ir de vacaciones o quedarme un Continue reading “Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)”