Tengo orzuelos (o Escribir como Gelman)

Orzuelos. Uno grande en el párpado izquierdo. Y uno que se asoma abajo, en el ojo derecho. Me preocupa. No quiero salir a la calle con esto. Y quisiera darme una vuelta mañana, martes. Espero estar mejor para el miércoles, el día que he quedado de ir a cine con mi amiga Dunia. Ya compré las entradas. Ahora tomé medio ibuprofeno. Aunque creo que los analgésicos no sirven de nada: he leído ya varias páginas web y no hablan de tomar ibuprofeno en casos de orzuelos. Le han hecho una campaña de desprestigio al ibuprofeno. Y seguramente sea cierto lo que dicen. Yo desconfío de lo químicos. Desconfío de todo, en general. Desconfío, por ejemplo, de estos orzuelos. Tomo té de jengibre. El té de jengibre sirve para desinflamar. Me pondré unas compresas, unas toallas con agua caliente. Durante unos cinco minutos. Eso haré. Y me pondré unos saquitos de té. Y seguiré leyendo Manual para mujeres de la limpieza. Ese texto, junto con cuentos de otros autores contemporáneos que he estado leyendo también, me inspira, pero me hace pensar en mis historias como insuficientes. Mis propias historias, digo. No debo compararme, ya sé. Debo dejar de que los buenos cuentos me abran la cabeza. Y escribir. “Se sienta a la mesa y escribe”.

Uno pequeño de los gigantes que se vienen (o Un chiste desafortunado)

Sin títuloEl hombre de los aguacates me dijo que no hiciera ese comentario, que me quedaba mal. Me dijo así cuando me asombré por el precio.
-¿¡Cinco mil!? –le grité con la felicidad de quien se va a casa a cocinar solo, sin gente, mierda.
Él se rio.
-No haga esos chistes -disparó-, que le queda mal.
Acertó.
No supe responder. Continue reading “Uno pequeño de los gigantes que se vienen (o Un chiste desafortunado)”

Última noche en la costa (“última” es un decir)

Ya mañana viajo a Bogotá. De nuevo. Antes, en la mañana, temprano, iré a la misa de un año de fallecida la abuela. Papá me ha regalado una nueva máquina, un nuevo computador. El sábado he ido con él y con uno de mis hermanos a almorzar. Por supuesto, han preguntado si tengo novia. Ya antes un par de primas habían preguntado lo mismo. Y yo he contestado cómo he podido. Tampoco he tenido novios, pienso. Así que trato de extrapolar lo mismo que diría si supieran que soy gay. Intento también no usar ninguna expresión que involucre una mentira, la mentira de que me gustan las mujeres. Me asombra cómo asumen la heterosexualidad del otro. La pregunta de mi hermano fue: “¿Y qué tal las argentinas? Tengo buenas referencias”. “Y mirá -quisiera haberle dicho-, las argentinas son muy lindas, pero en realidad yo probé pitos y culos, porque no soy heterosexual, no”.  Continue reading “Última noche en la costa (“última” es un decir)”

Resumen por ahora de estos días tenaces

La costa. El calor. El calor que no está pesado todavía. La muerte del abuelo. La muerte. Las preocupaciones por el dinero, porque unos primos han robado lo que el abuelo le había dejado a mamá. La promesa de una madre de esos primos (o sea, de una tía) que dice que pagará pronto. El regreso la otra semana a Bogotá. El primo que espero me arregle el computador rápido, porque me han robado el que me prestó una amiga. Sí, me han robado. Tal vez esa debería ser la historia a contar, pero no quiero. No todavía. Y este permanecer lejos de los vicios tan placentero. Días tenaces en los que una guerra habita en mí: el optimismo y el miedo se baten a muerte, segundo a segundo. ¿Algo más? Sí: la escritura de ficción y las ganas de publicar, aunque aún no sepa bien por qué o para qué.

Suri

nudo-virile-di-schiena

Suri me habló y me habló. Me habló de su vida. Creo que ha estado llamando. Creo que ha llamado ayer y antes de ayer. Pero no le contesté. Para qué le di mi número. No sé. En ese momento no quise mentir. Suri no tiene teléfono. Entonces me marca desde un teléfono público. Llevo varios días recibiendo llamadas de diferentes números. Supongo que es él. A Suri me lo traje a casa el sábado, después de ir con Áspora a un bolichito gay. Suri se me pegó a la salida, a eso de las 3, cuando cerraron. Ya lo había visto en un bar antes. Fue sólo saludarlo, y Suri no se me despegó. 21 añitos. Morocho. Alto. Suri viene de Santa Marta. Yo quería ir en búsqueda de otro hombre. Pero él no se me despegó. Y me dije que era mejor irme a casa, que seguir en quién sabe dónde. Suri parecía (y luego confirmaría) tener un instrumento de buen tamaño.

Suri me contó su vida al día siguiente, que casi se lo llevan a prestar el servicio militar, Continue reading “Suri”

Martes de lluvia (y los niños de la calle)

Martes, lluvia afuera. Llueve mucho. Agradezco estar aquí, encerrado. Y no dando vueltas por una Bogotá que colapsa. En las noticias hablan de las madres que están con niños en la calle pidiendo dinero. Es verdad. Ya lo había notado. Se ha vuelto frecuente en Bogotá ver a mujeres con niños pidiendo dinero. Algunas mujeres tienen apariencia indígena, así decían en la nota, como poniendo en duda que realmente lo fueran. En los puentes peatonales (casi todos hechos mierda) de esta ciudad, se sientan y tocan lo que parece una guacharaca. Sí los he visto. Yo pensaba que eran desplazados. En la tele dicen que es explotación infantil, que los niños no deben estar en la calle pidiendo. La próxima vez que los vea, voy a llamar a la línea del Bienestar Familiar que dice ahí que uno debe llamar, el 141.