Aquí

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Nada grave. Me atormenta el peligro. He escrito “inminente”, pero lo he borrado. Aquí la vida es diferente, muy diferente. Es el momento preciso para demostrar lo supuestamente aprendido. Menos mal que no metí las piernas hasta el fondo el viernes, me digo ahora. Menos mal que los chicos a quienes les hablé, y alguno al que le propuse un encuentro cercano, no accedieron. Ni pelota, como dirían acá. Mejor así, por supuesto. Hablé con tres. A uno le propuse venir. Me ha dicho que no. Entonces, ya amanecido, he ido a tomar un café con Dickinson y con Tano, con quienes antes había bailado como una cortesana, y gritado, como una chabacana, saltado, feliz, embriagado hasta la médula por el alcohol barato de esa fiesta un tanto pobre. “Son libres, pero pobres”, le dije a Tano en un momento, todavía sobrio, al inicio del evento. Hay calles de calles, barrios de barrios, y gente de gente. Pero ahí, ese día, y después viendo algunas fotos, pude notar lo venido a menos de la ciudad, de la cultura. Y no hablo del gobierno, de los unos o los otros, sino de Buenos Aires, como una ciudad que fue pomposa, y ahora vive la decadencia de no mantener su patrimonio, veo los rastros de una elegancia que escasea. Y ayer también, caminando con Chala por algunas calles en Palermo: suciedad, basura tirada en el piso. Fuimos más educados antes, más ordenados, ¿o es sólo un recuerdo de algo que no fue? No, no estaban así de sucias las calles. No vine a criticar: observo y escribo, con cierta autoridad moral que siento me da haber habitado esta ciudad durante ocho años, haberme ido dos, y regresar ahora. Cómo construir, me pregunto a veces. Ser un buen inmigrante, cómo darle algo de mí, qué darle, hacer crecer. Y ojo, hay que verlo todo, hay que ver belleza, belleza del caos, que ahí hay virtud, eso escuché.

Y entonces digo, me digo, y repito a los demás, que este no es mi destino final (aunque sea Continue reading “Aquí”

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Miedo de furia (o Es mejor pensarlo, quiero creer, reconocerlo y analizarlo)

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El viaje. Las compras. Las valijas. El calor que agobia. Y el miedo, claro, siempre el miedo. Las ganas de escribir, pero sin saber ya bien qué. La curiosidad. El pelo demasiado corto. Los planes para el fin de semana en Bogotá. Y el pensar constante en el adiós. Los cuentos. Los cuentos que no se escriben solos, que me necesitan a mí para escribirse. A mí y a mi disposición. El calor, de nuevo. Todo el tiempo. Los zapatos que no encuentro, porque los que me gustan son los más caros. Y los precios bien elevados. No sólo allá (ese es otro miedo), si no aquí. Entonces, repito, los zapatos, que son bien caros. Y las noticias y el internet. Los que votan la derecha, los fascistas por ignorancia, los fascistas por tilingos, los fascistas por dormidos, por ese síndrome, el de Estocolmo.

*

A veces pienso que es más cómodo tener el argumento de las historias antes de sentarme a escribir. Sería más cómodo, me digo. Porque si no, alargo y alargo los relatos. O me pauso, me quedo en pausa, sin saber qué desarrollo darles. Lo primero (alargarlos) es inconveniente, porque lo que quiero escribir son cuentos. Aunque para qué presionarme, me respondo enseguida, Continue reading “Miedo de furia (o Es mejor pensarlo, quiero creer, reconocerlo y analizarlo)”

Un largo recorrido por la mente de estos días (o Como en el diario I)

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Para qué hablarle. Bueno, para saber si vendrá el fin de semana a Macondo, y entonces tal vez pueda verlo. Pero con tanto voltaje que le he metido a estos días… búsquedas interminables por internet de algo que nunca, por suerte, se concretó. Esa salida a ese parque, y yo tomado, y solo, ahí, esperando, en pleno sur del pueblo.

Y cuántos enamoramientos van ya. Es uno más. Y listo, uno se enamora de la idea, no de la persona, eso me repetí el otro día.

No tengo ganas de escribir. Me salgo de mi eje, de mis casillas, y me siento tan culpable, como si no quisiera revelarme así de sucio. Por suerte no pasó nada, no hice nada.

Y además, si tantas cosas quiero, sería una locura gastar en él, en sexo. ¿O no? Porque no es sólo sexo. Es deseo, me he dicho. Y estoy gordo, y flatulento, porque he comido en exceso, y bebido desaforado, pensando que la bebida me desinhibiría, y entonces, borracho, efectivamente me sentí más capaz de buscar sexo, y hablé no con uno sino con varios a través del Whatsapp. Y al final casi concreto. Pero no. Y las cosas se pusieron color de hormiga, porque un tipo quiso asustarme. Y lo consiguió. Por suerte fue sólo un susto, me digo ahora.

Y si ya me voy a Buenos Aires, para qué seguir dándole cabeza a un chico aquí. Y en la costa más que todo. Pero ha sido lo mejor, el único hombre lindo aquí en Colombia. O eso me digo, esa es la fantasía después de verlo. Y ahora, al notar que cambió su foto de perfil en el teléfono, entonces me dan ganas Continue reading “Un largo recorrido por la mente de estos días (o Como en el diario I)”

Será mejor así (o Días de turbulencia)

Será mejor así, supongo. Cuántas noches, bailes solitarios, canciones cantadas al aire, en la soledad de mi habitación, sabiéndome (queriendo ser tal vez) deseable, imaginándome con amistades, como antes, como cuando era un adolescente aún, pero ahora en soledad, porque ya fui y ya vine, y es mejor así, me digo, que hay tiempo para todo, que es bueno quedarse con el deseo, aunque siempre me pregunte cómo no reprimir, cómo canalizar, guardar, atesorar más bien, esta energía, no fugar. O sostenerla quizá. Será retórica, no sé.

*

Ayer no escribí. En un momento quise obligarme, pero no. Me dio miedo que volviera la migraña. Y en la noche, el insomnio me atormentó un poco también, a pesar de las gotas. Después dormí profundo.

Mi deseo está ubicado en el paseo del fin de semana. Estoy esperanzado en eso, descansando en la posibilidad de unos días felices junto al mar. Se ve amenazado (miedo en la médula) por el paro de pilotos. Puto paro de pilotos Continue reading “Será mejor así (o Días de turbulencia)”

Más (de Macondo, del pudor y del deseo)

No me sirve el mal humor para escribir. Porque entonces sólo quiero hablar sobre mis odios, que se me alborotan, y me urge revolear mierda para todos lados. A veces pienso que no estoy hecho para vivir con otras personas, disfruto más de la soledad, disfruto no tener contacto con otros salvo en ocasiones excepcionales. Lo escribo ahora porque por más que las cosas mejoren con mamá, me pregunto hasta cuándo podré soportar la convivencia. Pero es divagar, volver al mismo punto, preguntarme cosas que a veces no tiene sentido preguntarse, no ayuda.

Creo que las clases de manejo, esa escuela, su desorden, la chabacanería con la que se mueven y verme obligado a salir casi a diario, ver estas calles, tener contacto con la cotidianidad en este lugar, todo eso me afecta. Pobre niño hipersensible (¿pobre marica?).

Reconciliar. Hablaba con mi amiga Dunia el otro día, y ella me decía “qué bueno que estés reconciliándote”. No lo sé. No puedo saberlo ahora. No puedo mirar en retrospectiva aún.

*

Escribo porque no puedo hacer nada más, porque es la única manera que encuentro de pasar el tiempo en forma creativa. Están pintando la casa. Me incomoda la presencia del pintor aquí. Es el mismo de toda la vida, un Continue reading “Más (de Macondo, del pudor y del deseo)”

Postales del subdesarrollo

Todos estos días, después meditar y de preparar café, escribo sobre lo mismo: mi indecisión, que por estas fechas se acrecienta con los tormentos. Me digo, entre sueños, que este ha sido un mes de mierda. E incluso, durante la meditación, en uno de los pensamientos que se cuelan, me veo hablando con mamá, maldiciendo el colegio de al lado. Son varios los tormentos aquí. Y concluí que, desde que empecé ese curso de manejo, la energía me ha bajado notablemente. Luego vino el domingo funesto en que mamá no regresó a casa a dormir. Por estos días se dañó el teléfono, y el sábado, con el pintor aquí, me disponía a dormir la siesta en el cuarto de mamá, porque el pintor había pasado ya a la sala que está antes de mi habitación, y cuando yo dormitaba, llegaron los de la empresa de teléfonos, que han respondido más eficaces que nunca al llamado que hice el sábado mismo. Aunque te preguntan en qué horario quieres que vayan, y así digas que en la mañana, y así te digan que tardarán 24 horas, ellos aparecen cualquier día, a cualquier hora. Si fuese urgente, si fuese el internet que tanto uso el que necesitara que arreglasen, ahí sí se demorarían. Continue reading “Postales del subdesarrollo”