Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)

night-bcn1-470x220

Despierto y la mente empieza a funcionar enseguida. Ha empezado el frío. Reniego todavía por haber tenido que pagar la deuda con la empresa de medicina.

¿Por qué tan alterado, tan enojado?

Pronto llegará Melania. Y no es ella ni su novio roquero y gritón los que me preocupan. Si no el caniche que me hace pensar seriamente en mudarme. Pero buscar, el trámite, y acostumbrarme a otro ser humano…

El dólar que sube sin parar… Es esto lo que me tiene de mal humor: que no puedo empezar a ahorrar desde ya. Recién en julio o agosto podré hacerlo, podré empezar a guardar algunos centavos. No hay apuro. Intento consolarme diciéndome que no hay apuro, que no importa, que todo va a estar bien.

Quiero comprar ropa, zapatos, y no tener que soportar a esta mujer, que llegará mañana.

Y la gente en la oficina, los días ahí, la cotidianidad que se me hace pesada. El regodeo de los demás en su felicidad. La gorda, en la oficina. Creo que la envidio. Aunque sé que no debo, no debo envidiar a nadie.

Y la ropa para el gimnasio, para ir a correr. Continue reading “Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)”

Advertisements

Más II (entre el perro, la oficina y la obsesión promiscua)

Escribir ficción, escribir ficción, no escribir más estas líneas: estas líneas le roban tiempo a lo que yo realmente quiero, la ficción.

*

Estoy eufórico, emocionado.

*

Debo pagarle a Dickinson. Y a Dante. Aunque a Dante no lo he visto. Así que está bien. Pero a Dickinson lo vi ya un par de veces, y me he hecho el pelotudo.

*

Que yo era inseguro, y que no tenía por qué serlo. Eso me dijo el cubano que conocí el sábado pasado. Y me gustó que lo haya dicho. “Soy de muchas partes de Cuba”, dijo.

Y que es la vida misma, me digo yo ahora a manera de consuelo, porque después de la euforia, un poco de culpa llega. Ayer, después de dormir ocho horas seguidas, porque mi casera, Melania, y su novio, Pirado, se han ido todo el día quién sabe a dónde y se han llevado con ellos a Ringo, el caniche ladrador; ayer, después de dormir, me fui a caminar, un poco volado por la hierba que el Universo me regaló, salí contento, di vueltas por las calles de Buenos Aires, y después, me comí una hamburguesa suculenta. Es la vida, y estoy viviendo, vuelvo a decirme. Me lo digo para no permitirme angustiarme con las cuestiones de la cotidianidad, la deuda con la empresa de medicina, el dinero, el tobillo, y hablar con Melania para que definitivamente lo ponga a Ringo a dormir todas las noches en la cocina. Pero por sobre todo eso, me digo que es la vida, que es parte del camino, parte del disfrutar, porque llega siempre la culpa, porque siento que fue un exceso, irme con el cubano a la casa de su amigo, y acceder a que me penetrara, aunque fuese unos segundos, porque no me sentía cómodo, Continue reading “Más II (entre el perro, la oficina y la obsesión promiscua)”

Tristeza de anochecer de domingo de otoño (o A punto, otra vez)

Le he dicho al mendocino de vernos (he podido conseguir su teléfono de nuevo, le he escrito y seguimos en conversaciones), le dije de ir a un albergue transitorio (a un motel), y de pasar ahí un rato. Pero ahora dudo. Dudo porque he recordado el objetivo de mantenerme austero, y le he dicho que pagaría yo el albergue. Me parece gastar mucho en tan poco tiempo. A lo mejor prefiero estar tranquilo, en casa.

Pero qué digo. Ya iniciaba yo la búsqueda de albergues, cuando enciendo el celular y veo que el medocino me ha cancelado. Dice que está ocupado, que recuerde que hace mil cosas, y que no podrá verme.

La ira, entonces. Lo mismo de siempre. El desencuentro, el deseo no correspondido, la necesidad no correspondida. Y la pregunta de cómo responderle o si dejar que el silencio hable. La furia me hace querer herirlo, Continue reading “Tristeza de anochecer de domingo de otoño (o A punto, otra vez)”

Largo de días non-sanctos (o Yo: el misántropo convive)

42ffcdcd73567651337640bbb41b9de9Más de lo mismo, más de mis odios momentáneos, las situaciones en las que me siento preso, más de la mente divagando entre los mismos temas: el trabajo, las no ventas, y el novio de mi casera que vive acá, y los dos que ponen música, y el bendito perro que ladra cada vez más fuerte, y yo desesperado, encerrado en mi habitación, viendo cómo decirle a ella que tenga cuidado con la música, buscando la oportunidad, el momento perfecto, la forma adecuada.

*

Tres días para el feriado. Anoche Melania y Pirado me han dicho que él sigue sin agua. Hace un par de semanas se le explotó la bomba del agua. Algo así. Ya lo sabía. Y, de hecho, sospechaba que esa podía ser la razón de tantos días acá en casa. Pero no sospechaba tanto: ¿¡dos semanas sin agua!? Dice que tiene, sí, pero que no como para bañarse o usar a gusto.

Y ahora, otra vez: la oficina, la gente, lo de siempre. Mañana cumpliré un mes ahí. Debo llevar comida, “facturas” que llaman acá. Eso hace la gente allí, lleva cosas por una razón o la otra. O sin razón. Como el director, el otro día. Y yo preciso agarré dos, dos facturas (y no una, como debí), y el director entraba, y me vio llevándome dos, Continue reading “Largo de días non-sanctos (o Yo: el misántropo convive)”

Semana (o Como en el diario II)

 

La rutina, la cotidianidad. Despertarse, el hielo para el tobillo lesionado, la meditación, el café y estas líneas que apuro, que escribo mirando el reloj, no vaya a ser que me agarre el tiempo, y debo bañarme aún, vestirme y seguir con el día, el día que apenas empieza.

*

Deben pasar tres semanas antes del gran feriado que tanto espero. Debe pasar el mes entero. No está mal, debo animarme, no está mal pasar los días en una oficina, es mejor que otros oficios, mejor que otras opciones. Mi jefa al lado, su impronta. Hoy en la meditación escuché una reflexión: recordar mi intención más profunda, cuál es, y moverse con base en eso.

*

Escribir por escribir. Por el placer de hacerlo. Todas las mañanas, con el café cerca, recién despierto, como una rutina que me mantiene la mano caliente, me recuerda la vocación.

Los temas del momento: mi jefa, el cuento que corrijo y el tobillo.

*

Un poco desorbitado, sí, un poco abrumado, preocupado tal vez. Supongo que los trabajos son así, que los tiempos son así. Se acerca el otoño, ya percibo el frío.

Tengo miedo, es eso. Pero es normal, es cuestión de identificarlo, trabajarlo; siempre concluyo lo mismo, escribo lo mismo.

Y la vivienda, compartir el departamento, vivir en casa de otra persona. Vaya si son cambios fuertes. Lo importante es adaptarme y cuidar lo más posible de mí, de mis intenciones, prioridades e intereses.

*

Anoche no salí a cenar. Melania me ha preguntado esta mañana por qué. He tenido un ataque de soberbia, de ira, a causa de la música que Pirado, el novio de Melania, hizo sonar un rato después de que yo llegase agotado de trabajar. Mi idea de viernes en la noche era tomar una siesta, hacer ejercicio, luego ducharme y cenar. Pero sin la siesta, todo lo demás se modificó, porque Continue reading “Semana (o Como en el diario II)”

Buenos Aires, un año, el sentido y vivir de a varios

perros-caniche-6

Los egos. Y el mío, claro, también. Los egos, el deseo de exposición, los demás. Y darme cuenta, y recordar que ya está en mí, eso me han dicho, que lo que no me gusta en los demás es algo que ya está en mí, y entonces me percibo sucio por ser humano, por tener esa o aquella característica.

*

Un año. Un año del suceso por el cual empecé a cambiar mi vida, un año del suceso que me dejó atemorizado, devastado, como otros, sí, pero este fue el campanazo mayor. Y no porque haya sido el más grave, pero vino seguido, además, de la muerte del abuelo, de mi paso por Macondo luego. Un año de que me dieran burundanga, por andar de fiesta solo en un sitio asqueroso en la Continue reading “Buenos Aires, un año, el sentido y vivir de a varios”

Vaya que sí (o Frustración por el rubio ojos blue)

Y que sea lo que sea, dicen. Dice la canción. Bailé, salté, bebí cerveza y un poco de vodka que me convidó Dickinson. Y desde ayer, domingo, me vengo reprochando por no haberle hablado al rubio de ojos azules con el que compartimos miradas. Pero me dio la impresión de que el chico con el que bailaba era algo suyo, su levante, su novio. Debí hablarle.

El sábado en la noche me reuní con compañeros de teatro, y luego me vi con Dickinson y sus amigotes gays para ir a una disco.

La necesidad, la ansiedad, el deseo hormonal que se mezcla con la poesía, ¿o que hace que nazca la poesía?, no lo sé, ¿viene todo de ahí, de las hormonas?, no lo sé, porque ya en la tarde, o casi de noche, sentí estas ganas de amar, de entregarme y de construir un vínculo, el vínculo hermoso. Poesía e idealización, caigo en cuenta enseguida. Idealización del rubio, idealización del vínculo, idealización y anhelo.

Pero con un rubio así… Ese es el tipo de hombre que quiero para mí. Hablo de la superficie, claro: caras vemos… Si lo volviera a ver, si me lo encontrara en la calle, de casualidad, y entonces le pudiera decir: “hola, che, vos estuviste en la fiesta el sábado”, y él me dijera que sí, y yo le diría que yo también, Continue reading “Vaya que sí (o Frustración por el rubio ojos blue)”