Un amor en sueño

Un parque de arena ocre, Áspora y yo. De repente, veo una rata en el suelo. Pero a la gente local no se alarma. Así que, aunque veo más y más ratas, de diferentes tamaños, le digo a Áspora que avancemos. El rubio pelirojo ya ha aparecido antes, creo. Ya lo había pispepado. Ahora, a pesar de las ratas (siempre a pesar de las ratas) el joven hace un gesto de querer ejercitarse, señala el sube y baja, y sonríe, le hace el gesto a su hermano, su hermano menor. El joven (¿mi joven?) quiere tirarse a hacer flexiones apoyado en uno de los sube y baja. Esa camiseta ajustada a su cuerpo me seduce tanto. ¿Es azul Continue reading “Un amor en sueño”

Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)

Y Buenos Aires ahí, en la mira. No sé si ya escribí esto. Ha sido un día de aquellos, como ya varios. Al final salió el sol. Mamá tendió la ropa que yo había metido de nuevo en la lavadora, después de que se mojara dos veces con agua de lluvia. Ahora salió el sol. ¡Solazo! Pero cuando desperté, nubes negras: listo, suficiente para que se me clave en el pecho el mal humor. ¿O habrá algo más ahí? Sospecho que hay miedo. Me ocupo en dejar ir, en relajarme, porque la preocupación, dicen, es la manera de atraer lo que uno menos quiere. Tal vez temo al futuro. Por más que es mi intención no hacerlo, descubro a mi mente intentando controlar: la cuestión financiera, el viaje a Buenos Aires, esa sociedad. Qué hacer: ir de vacaciones o quedarme un Continue reading “Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)”

Esa obsena necesidad

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Obscena. ¿No les parece obscena tanta exhibición? ¿No les parece puerco, de mal gusto, regodearse de esa manera en las redes sociales, como si nunca antes hubieran sido felices? Yo encuentro de una miseria inconmensurable dejar ver que la felicidad aumenta cuando uno muestra lo feliz que está, así, tan a menudo, de a tres, cuatro fotos por día en esa red social llamada Instagram. Tal vez sea envidia, no voy a ocultar ahora mis dudas. Pero, por otro lado, me parece de un narcisismo enfermizo exhibir cada paso que uno da, sobre todo cada placer: ¿tan feliz, tan pleno, tan extasiado vas a estar todo el tiempo? Y si lo estás, algo en tu necesidad de mostrarlo, me hace sospechar.

Descensos funestos al mundo de la cólera

Despierto. Medito. Pero igual nimiedades de la cotidianidad me hacen enfurecer al punto de pegarle a puertas, paredes. Ira. Hace unos diez días cuando me fui a Bogotá, el clima se mantenía lluvioso, así que luego de lavar ropa y tenderla en el patio, tuve que estar alerta, tuve que trasportar la ropa del patio al baño cada que el cielo amenazaba con aguacero, y del baño al patio cada que parecía que ya no iba a llover más. Le dije a mamá que comprara un tendedero de piso, así cuando lloviera y necesitáramos lavar, solo debíamos abrir el tendedero bajo techo, y listo. Pues he regresado de la montaña hace tres días, y hace tres días que el cielo amaga con lluvia en el pueblo. Ergo, no me había aventurado a lavar. Pero no tengo calzoncillos limpios. Me va a tocar Continue reading “Descensos funestos al mundo de la cólera”

El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)

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El otro día en la noche nos reunimos por el cumpleaños de mi primo en un bar. Estaban las chicas con cuya familia pasamos el 24 de diciembre pasado. No vino Tadzio, el hermano menor. Mejor. Yo me quedé sin dinero suficiente para pagar, porque todos quisieron invitar a mi primo, claro. Tuve que decirle a la novia que me prestara la cantidad que me faltaba. Ella pagaba con una tarjeta débito, y yo le di lo que tenía en efectivo. No era mucha la diferencia. Pero el acto me produjo una vergüenza de aquellas. Creo que nadie se dio cuenta. Eso espero.

Ellos, todos los que bebían cervezas en esa mesa, hacen cosas que podríamos llamar importantes. O bueno, importantes para ellos. Interesantes, no lo sé. Siempre tengo que lidiar con la pregunta de “en qué andas”. Ya hay varios Continue reading “El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)”

Ya uno no sabe qué creer

A veces siento que se me agotan las palabras. O las ideas. Me cuesta escribir ficción. Bogotá tiene esa pereza, esa modorra absoluta en su clima nublado, gris, lluvioso, en su soledad. Siguen algunas molestias en los ojos. Y, aunque he hecho ejercicio, me dan culpa los dos días seguidos de comidas abundantes. Agradezco, sí. Hoy es domingo de pascua. El otro día hablaba por Skype con Raira, una amiga con la que estudié durante varios años en Buenos Aires. Me alarmó con su manera de ver la realidad. O con lo que se ve en la calle allá. Le consulté si lo que dicen los medios es así. Podría escribir sobre política, nacional e internacional, sobre la política de Argentina. No hace falta si no leer muchos diarios, muchos medios. Y eso lo hago siempre. Pero no. No quiero, me digo. Sigo con la ficción. Raira hizo hincapié en los despidos. Yo, en el tarifazo: ya hay un amigo que me dice que no llega a fin de mes. Me asombra cómo precarizan al trabajador, cómo tienen el apoyo de una derecha ignorante, y cómo pueden haber dicho que la mayoría se vería beneficiada. Algo les está saliendo mal, si ese era el objetivo, ya alguien les dijo. Otro amigo, en cambio, Sastel, defiende que repriman a los docentes que reclaman que el aumento de su sueldo esté por encima de la inflación, es decir, reclaman no caer en la pobreza. ¿Ignora Sastel que protestando se han conseguido beneficios de los que él goza y sin los cuales él sería incluso más miserable de lo que es ahora, en comparación con una persona que hace su Continue reading “Ya uno no sabe qué creer”

Tengo orzuelos (o Escribir como Gelman)

Orzuelos. Uno grande en el párpado izquierdo. Y uno que se asoma abajo, en el ojo derecho. Me preocupa. No quiero salir a la calle con esto. Y quisiera darme una vuelta mañana, martes. Espero estar mejor para el miércoles, el día que he quedado de ir a cine con mi amiga Dunia. Ya compré las entradas. Ahora tomé medio ibuprofeno. Aunque creo que los analgésicos no sirven de nada: he leído ya varias páginas web y no hablan de tomar ibuprofeno en casos de orzuelos. Le han hecho una campaña de desprestigio al ibuprofeno. Y seguramente sea cierto lo que dicen. Yo desconfío de lo químicos. Desconfío de todo, en general. Desconfío, por ejemplo, de estos orzuelos. Tomo té de jengibre. El té de jengibre sirve para desinflamar. Me pondré unas compresas, unas toallas con agua caliente. Durante unos cinco minutos. Eso haré. Y me pondré unos saquitos de té. Y seguiré leyendo Manual para mujeres de la limpieza. Ese texto, junto con cuentos de otros autores contemporáneos que he estado leyendo también, me inspira, pero me hace pensar en mis historias como insuficientes. Mis propias historias, digo. No debo compararme, ya sé. Debo dejar de que los buenos cuentos me abran la cabeza. Y escribir. “Se sienta a la mesa y escribe”.