Un amor en sueño

Un parque de arena ocre, Áspora y yo. De repente, veo una rata en el suelo. Pero a la gente local no se alarma. Así que, aunque veo más y más ratas, de diferentes tamaños, le digo a Áspora que avancemos. El rubio pelirojo ya ha aparecido antes, creo. Ya lo había pispepado. Ahora, a pesar de las ratas (siempre a pesar de las ratas) el joven hace un gesto de querer ejercitarse, señala el sube y baja, y sonríe, le hace el gesto a su hermano, su hermano menor. El joven (¿mi joven?) quiere tirarse a hacer flexiones apoyado en uno de los sube y baja. Esa camiseta ajustada a su cuerpo me seduce tanto. ¿Es azul Continue reading “Un amor en sueño”

Fútil

Tal vez debería escribir alguna historia más desde mí. Quiero decir, más desde mi juventud, algo con más cojones, algo más profundo. Entre la acción y la poesía. Entonces recuerdo que los cuentos no son un intento de poesía, que un maestro decía que si la poesía llegaba, bien; pero que si no, es mejor mantenerse en el campo de la acción. Pienso en Andrés Caicedo, en Ray Loriga. Pienso en ellos porque he visto artículos sobre ellos hoy. Aunque no recuerdo ahora con exactitud sus novelas, y no podría hacer un análisis. A ver, las recuerdo, sí. Pero no como para analizarlas, no las tengo claras. Algo me dice que escribieron con los cojones. Y me pregunto si cuando alguien lea mis historias, si cuando alguien lea lo que he escrito, mis cuentos, si le parecerá eso, que he escrito con cojones. García Márquez dudó también de Cien años de soledad. Y no quiero parecer ahora un narcisista con delirios de grandeza, Continue reading “Fútil”

Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)

Y Buenos Aires ahí, en la mira. No sé si ya escribí esto. Ha sido un día de aquellos, como ya varios. Al final salió el sol. Mamá tendió la ropa que yo había metido de nuevo en la lavadora, después de que se mojara dos veces con agua de lluvia. Ahora salió el sol. ¡Solazo! Pero cuando desperté, nubes negras: listo, suficiente para que se me clave en el pecho el mal humor. ¿O habrá algo más ahí? Sospecho que hay miedo. Me ocupo en dejar ir, en relajarme, porque la preocupación, dicen, es la manera de atraer lo que uno menos quiere. Tal vez temo al futuro. Por más que es mi intención no hacerlo, descubro a mi mente intentando controlar: la cuestión financiera, el viaje a Buenos Aires, esa sociedad. Qué hacer: ir de vacaciones o quedarme un Continue reading “Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)”

Esa obsena necesidad

instaima

Obscena. ¿No les parece obscena tanta exhibición? ¿No les parece puerco, de mal gusto, regodearse de esa manera en las redes sociales, como si nunca antes hubieran sido felices? Yo encuentro de una miseria inconmensurable dejar ver que la felicidad aumenta cuando uno muestra lo feliz que está, así, tan a menudo, de a tres, cuatro fotos por día en esa red social llamada Instagram. Tal vez sea envidia, no voy a ocultar ahora mis dudas. Pero, por otro lado, me parece de un narcisismo enfermizo exhibir cada paso que uno da, sobre todo cada placer: ¿tan feliz, tan pleno, tan extasiado vas a estar todo el tiempo? Y si lo estás, algo en tu necesidad de mostrarlo, me hace sospechar.

Descensos funestos al mundo de la cólera

Despierto. Medito. Pero igual nimiedades de la cotidianidad me hacen enfurecer al punto de pegarle a puertas, paredes. Ira. Hace unos diez días cuando me fui a Bogotá, el clima se mantenía lluvioso, así que luego de lavar ropa y tenderla en el patio, tuve que estar alerta, tuve que trasportar la ropa del patio al baño cada que el cielo amenazaba con aguacero, y del baño al patio cada que parecía que ya no iba a llover más. Le dije a mamá que comprara un tendedero de piso, así cuando lloviera y necesitáramos lavar, solo debíamos abrir el tendedero bajo techo, y listo. Pues he regresado de la montaña hace tres días, y hace tres días que el cielo amaga con lluvia en el pueblo. Ergo, no me había aventurado a lavar. Pero no tengo calzoncillos limpios. Me va a tocar Continue reading “Descensos funestos al mundo de la cólera”

¡Ah, vaina!

Viernes. He escrito estas mismas ideas una y otra vez. Hoy las escribo con el propósito (ya no oculto) de que luego, cuando me siente a medir cuántas palabras he escrito durante el día, meta en la suma estos pensamientos fáciles que me incendian a toda hora, y entonces el número total no me deje tan insatisfecho.

En Macondo se va el agua, se va la luz, se daña el teléfono, el Internet. Y en el colegio de al lado celebran las fechas especiales a punta de estruendo: sala, merengue, champeta. Ignorancia. Le digo Macondo al pueblo este donde paso la vida. Gabo supo ver belleza en el subdesarrollo. Intento Continue reading “¡Ah, vaina!”

No me gusta

No me gusta que, en una reunión, una pareja se hable entre ella con frecuencia y me dejen afuera: me hace sentir paranoico, desconfiar. Mi primo, ayer. Adela, hoy. Maduremos un poco.

Otro título: Adiós, Adela. ¿Qué le pasa a esa mujer? Está desubicada en su lugar hacia mí y no encuentro manera más que el silencio para responderle, así se ponga histérica. Lo siento. Me ha involucrado en un proyecto en el que… sí, le quiero ayudar. Pero no pienso soportar su actitud de jefe. “Muy bien, así me gusta”, me dijo hoy. Me trató como un esclavo del que quiere obtener un beneficio. El esclavo se subleva y ella lo nota. “Pero por qué no te vas un poco a la mierda”, quiero decirle. Quiere comprar el amor que se ha llevado su ofensa constante. Olvídate.

Escribo desde el apartamento de mi primo, en Continue reading “No me gusta”