Adiós, Melania (o Del sucucho, un nidito de amor)

 

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Busco, busco un lugar para vivir. Estoy decidido. Vivir como extraños, con una extraña. Y soportar su vida entera, soportar sus condiciones, porque es ella la casera.

Y la revelación, de nuevo, ayer en el subte, mientras escuchaba los audios budistas: que este sufrimiento despierte mi compasión.

Seguir, pasar el invierno.

Y quedarme con las situaciones que me impactan con esta intensidad tan mía.

Miércoles, ya.

Debo escribir. Debo terminar un cuento, así lo envío al taller. Debo mostrar algo.

*

Un sucucho. Esa fue la palabra con la que pensé describirlo. Son las siete de la mañana y es aún de noche. Ayer, después de trabajar he ido a ver una habitación en la planta baja de un edificio. Pero todavía vive una inquilina allí, así que no pude entrar. Vi la cocina mínima, y una pared rasgada. “Te lo entrego pintado”, me ha dicho la dueña. Es un lugar pequeño, muy pequeño: no he visto el interior del cuarto,tampoco he visto el baño: el novio de la actual inquilina dormía. He arreglado una nueva cita para el día sábado. Allí veré si puedo adaptarme. Si me lo entregan pintado, si puedo adecuarlo, decorarlo. Si me lo entregan limpio. Continue reading “Adiós, Melania (o Del sucucho, un nidito de amor)”

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Repito (Me repito)

Cuántos colombianos aquí, en Buenos Aires. De una calaña horrible. Los hay de todo tipo. No quiero ser clasista, racista. Hablo desde mi posición, la posición del que quiere alejarse, y parece ser perseguido por esa cultura asquerosa. En las calles, con su alevosía. Ayer, camino a clase, unos hablaban con acento paisa no sé qué cosa de los dólares, y después, cuando entré al lugar donde me formé por años, una con acento de Bogotá (la puta Inmunda) comía algo en la entrada, y hablaba con la portera. Por suerte fui el único colombiano mientras cursé. Por suerte no hay ninguno en mi círculo de amigos. No los quiero cerca. Menos si son pobres, si vienen a extender esa cultura de la que tanto intento alejarme. Pues seguiré caminando hacia el lado donde menos me los encuentre.

*

Pienso cada cosa para escribir. Cada momento, cada segundo de la vida, las historias que pasan por mi cabeza, todo me parece literario, quiero contarlo todo con palabras.

*

Siempre escribo lo mismo: quiero vivir en un país desarrollado, vivir bien ahí, ser rico ahí. ¿En dónde? Eso debo definir. Y orientarme a la migración en el mediano plazo. Algo demasiado complejo para pensarlo hoy. Paso a paso. Y que tarde lo que deba tardar.

*

Un poco mejor. O mejor, simplemente mejor. Continue reading “Repito (Me repito)”

Es el destino de Furias (lo que en sus caras persiste)

Han sido días de llanto, aunque me dé vergüenza decirlo. No quiero con esto sonar débil, a víctima. Leí que quienes lloran, en realidad, somos más fuertes, porque llorar ayuda a un mejor manejo, a una mejor conciencia de las emociones.

Ojalá venga una época más tranquila, ojalá llegue una época de mayor tranquilidad, sí, el tema del internet me robó demasiada energía durante las últimas semanas, y detonó el martes en la noche con una discusión álgida, pesada, que me ha mantenido dolido, repitiendo la misma escena una y otra vez en mi cabeza, aunque no quiera, aunque quiera pasar la página.

Empecé a ensayar la obra. El proyecto sigue en pie. No es mi ocupación de tiempo completo. El otro viernes iré a un casting. Voy al proyecto de investigación en el lugar donde me formé. Así, tal vez, si lo enumero, puedo sentir que soy un actor, que soy un artista. El taller de escritura sigue en pie. Y todos los días, aunque sea poco, escribo. Escribo, sí. Me han publicado un cuento. No quiero llegar a la idea de la frustración. No quiero.

*

Domingo. Un poco más tranquilo todo. Anoche me he sentado a comer una pizza en uno de esos restaurantitos económicos. Ya se nota que la masa no es como la de antes. Han de estar ahorrando. Puedo notar la pobreza. Aunque lo haya escrito antes. Noto las diferencias entre las diferentes líneas de subtes, los estratos sociales, la inmigración pobre, la clase media argentina.

Quería, en realidad, anoche, hervir brócoli y zanahoria. Un poco de calabaza también. Y comer con el pollo que me he traído del trabajo. Pero no quería compartir el espacio con Melania. Así que, a pesar del frío, decidí salir. Pizza y vino.

Después, cuando volví, Melania cocinaba unas milanesas en el horno: Continue reading “Es el destino de Furias (lo que en sus caras persiste)”

Más (explota)

El internet, el trabajo, la obra, pequeñas obsesiones cotidianas, que ahora se disparan con la marihuana. He planchado la ropa, he descansado. He comprado vegetales para la cena, una rica cena, y me quedaré en casa, descansando, preparándome para una semana con un feriado en el medio, descansaré. ¿Buscar otro lugar para vivir?

Me roba energía, eso siento. Vivir con esta mujer y escuchar constantemente a su novio, me roban energía, el perro, es gente con la que tengo que interactuar, es el precio que pago. Igual, haciendo cuentas, tampoco tengo el dinero para mudarme solo: estuve viendo opciones hoy, opciones de departamentos temporarios. Si me mudo, sospecho que ha de ser a una habitación, como ahora. Tal vez encuentre algo. Tal vez pueda hacer algo para ganar más dinero. Eso. Ganar más dinero. ¿Cómo?

No puedo vivir enojado, frustrado a causa de la imposibilidad de ver p Continue reading “Más (explota)”

O una caricia también (Semana)

Sólo unos minutos para escribir. No debo desaprovechar el tiempo. Mido el uso que le doy. No me permito procrastinar. Es la hora. Debo ducharme, vestirme. Preocupaciones y acciones del burgués que soy. Al final no sé nada. Debo declararlo. Que no sé nada. Discuto tan álgidamente. ¿Y después, para qué?

*

Otra vez, los problemas con el Internet. Debo, entonces, enviarle un mensaje a mi casera durante el día.

La convivencia: ellos pisan fuerte, tiran las puertas, hablan a volúmenes que parecieran no tener en cuenta que hay otra persona acá. Anoche, intentando tomar una siesta cuando llegué de trabajar, se me acumulaban los odios por ella y por su novio que engullen comida y se regodean en la mediocridad simple de su condición de clase media argentina. Pirado, el novio, habla fuerte, grita, canta. Y ya no lo tolero. Debo tolerarlo, lo sé.

Debo enviarle un mensaje, tal vez un mensaje de voz, pero debemos solucionar el asunto.

Y que todo lo que escriba sea estas nimiedades, siento que no tienen valor, y sin embargo me enojan tanto. La desconsideración de su parte, que no tengan en cuenta al otro.

Y después tal vez me arrepienta de escribir estas cosas, de odiarla, d Continue reading “O una caricia también (Semana)”

Final de mayo, principios de junio

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El caniche rasga la puerta de la cocina durante las noches, cuando Melania, mi casera, lo encierra ahí a pedido mío, así puedo dormir. Anoche ha rasgado con vehemencia, y me ha despertado, me ha angustiado por momentos. Pero si se queda afuera, al menor ruido, y cada tanto tiempo, lanza un ladrido, y me despierta, en la mitad de la madrugada. Antes no rasgaba tanto la pared. Al parecer, en lugar de acostumbrarse, el perro hace mayores esfuerzos por salir. Ya no sé qué será peor. Creo que sus ladridos son peor, desde luego. Tengo la esperanza de que se acostumbre. Es un faldero insoportable. Aunque lo quiero, sí, me he encariñado.

Más de lo mismo. El cansancio del lunes en la mañana, como si no hubiesen pasado tres días sin ir a trabajar. Me arreglo, los mocasines, los mocasines de siempre, la lluvia que amenaza con mojarlos, y si eso sucede, ¿entonces qué usaré mañana? Y así. Paranoias cotidianas. Y el reloj que me apura. O yo que me apuro solo, porque sé que ya voy un poco tarde. Y el subte, repleto. Y así la vida, la vida de lunes a viernes en la ciudad. Salgo.

*

¿Sobre qué voy a escribir, sino sobre todo esto que tanto me agobia? ¿Cómo avocarlo a la ficción? Me consuelo diciendo que la obra de teatro marcha. A su ritmo, pero marcha. He escrito una obra, y actuaré en ella. Aunque todo duela, por lo menos me reconforto en el arte, en la posibilidad de hacerlo.

Y si algo marca mi vida, como lo escribía el otro día, no es sólo el perro, si no la convivencia en sí con esta mujer y, claro, con su perro.

¿Está mal esperar siempre una recompensa, estar esperanzado en que haya un triunfo, una alegría al final?

*

La tibieza, la falta de energía, de alegría, de carisma. Eso, la falta de carisma, la inseguridad disfrazada o convertida en descortesía. Eso observo en algunas gentes. O tal vez sean mis paranoias, mis mil y Continue reading “Final de mayo, principios de junio”

Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)

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Despierto y la mente empieza a funcionar enseguida. Ha empezado el frío. Reniego todavía por haber tenido que pagar la deuda con la empresa de medicina.

¿Por qué tan alterado, tan enojado?

Pronto llegará Melania. Y no es ella ni su novio roquero y gritón los que me preocupan. Si no el caniche que me hace pensar seriamente en mudarme. Pero buscar, el trámite, y acostumbrarme a otro ser humano…

El dólar que sube sin parar… Es esto lo que me tiene de mal humor: que no puedo empezar a ahorrar desde ya. Recién en julio o agosto podré hacerlo, podré empezar a guardar algunos centavos. No hay apuro. Intento consolarme diciéndome que no hay apuro, que no importa, que todo va a estar bien.

Quiero comprar ropa, zapatos, y no tener que soportar a esta mujer, que llegará mañana.

Y la gente en la oficina, los días ahí, la cotidianidad que se me hace pesada. El regodeo de los demás en su felicidad. La gorda, en la oficina. Creo que la envidio. Aunque sé que no debo, no debo envidiar a nadie.

Y la ropa para el gimnasio, para ir a correr. Continue reading “Algunos quieren abusar de ti (algunos quieren que abusen de ellos)”