Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)

Y Buenos Aires ahí, en la mira. No sé si ya escribí esto. Ha sido un día de aquellos, como ya varios. Al final salió el sol. Mamá tendió la ropa que yo había metido de nuevo en la lavadora, después de que se mojara dos veces con agua de lluvia. Ahora salió el sol. ¡Solazo! Pero cuando desperté, nubes negras: listo, suficiente para que se me clave en el pecho el mal humor. ¿O habrá algo más ahí? Sospecho que hay miedo. Me ocupo en dejar ir, en relajarme, porque la preocupación, dicen, es la manera de atraer lo que uno menos quiere. Tal vez temo al futuro. Por más que es mi intención no hacerlo, descubro a mi mente intentando controlar: la cuestión financiera, el viaje a Buenos Aires, esa sociedad. Qué hacer: ir de vacaciones o quedarme un Continue reading “Va de largo (o Mejor me callo, mejor sigo con los cuentos)”

Descensos funestos al mundo de la cólera

Despierto. Medito. Pero igual nimiedades de la cotidianidad me hacen enfurecer al punto de pegarle a puertas, paredes. Ira. Hace unos diez días cuando me fui a Bogotá, el clima se mantenía lluvioso, así que luego de lavar ropa y tenderla en el patio, tuve que estar alerta, tuve que trasportar la ropa del patio al baño cada que el cielo amenazaba con aguacero, y del baño al patio cada que parecía que ya no iba a llover más. Le dije a mamá que comprara un tendedero de piso, así cuando lloviera y necesitáramos lavar, solo debíamos abrir el tendedero bajo techo, y listo. Pues he regresado de la montaña hace tres días, y hace tres días que el cielo amaga con lluvia en el pueblo. Ergo, no me había aventurado a lavar. Pero no tengo calzoncillos limpios. Me va a tocar Continue reading “Descensos funestos al mundo de la cólera”

¡Ah, vaina!

Viernes. He escrito estas mismas ideas una y otra vez. Hoy las escribo con el propósito (ya no oculto) de que luego, cuando me siente a medir cuántas palabras he escrito durante el día, meta en la suma estos pensamientos fáciles que me incendian a toda hora, y entonces el número total no me deje tan insatisfecho.

En Macondo se va el agua, se va la luz, se daña el teléfono, el Internet. Y en el colegio de al lado celebran las fechas especiales a punta de estruendo: sala, merengue, champeta. Ignorancia. Le digo Macondo al pueblo este donde paso la vida. Gabo supo ver belleza en el subdesarrollo. Intento Continue reading “¡Ah, vaina!”

Tormentos de un artista burgués energúmeno

Hablo solo. No quiero molestar a las amistades en Buenos Aires, que siguen con lo suyo, y viven una vida agitada, así con ellos me contacto poco, cada tanto. Ya en unos meses iré a verlos, y tendré tiempo de desahogarme. Pero mientras… mientras aquí en este paso por el caribe, no tengo mucho contacto con personas con las cuales hablar a profundidad de mí o de la vida. Áspora quedó en Bogotá, y su situación económica no es la mejor, así que no ha podido venir a visitarme. Ya iré yo. Ahora es temporada de acompañar a mi madre. Y con Adela no quiero hablar: quedé resentido después de varios gestos que quizá narre aquí después.

No he dormido bien desde hace tres días. Me paro de la cama en la madrugada para ir al baño y listo, no puedo dormir más. El insomnio me pone de mal humor, de muy mal humor. A veces, prendo la lámpara en la mesa de noche Continue reading “Tormentos de un artista burgués energúmeno”

Última noche en la costa (“última” es un decir)

Ya mañana viajo a Bogotá. De nuevo. Antes, en la mañana, temprano, iré a la misa de un año de fallecida la abuela. Papá me ha regalado una nueva máquina, un nuevo computador. El sábado he ido con él y con uno de mis hermanos a almorzar. Por supuesto, han preguntado si tengo novia. Ya antes un par de primas habían preguntado lo mismo. Y yo he contestado cómo he podido. Tampoco he tenido novios, pienso. Así que trato de extrapolar lo mismo que diría si supieran que soy gay. Intento también no usar ninguna expresión que involucre una mentira, la mentira de que me gustan las mujeres. Me asombra cómo asumen la heterosexualidad del otro. La pregunta de mi hermano fue: “¿Y qué tal las argentinas? Tengo buenas referencias”. “Y mirá -quisiera haberle dicho-, las argentinas son muy lindas, pero en realidad yo probé pitos y culos, porque no soy heterosexual, no”.  Continue reading “Última noche en la costa (“última” es un decir)”

Líneas inconexas de un lunes en la noche (o No me sale la ficción rapidinha, o Gracias por leer)

Un miedo: un día sin Internet. Despertar a la mañana y no tener Internet. Me he olvidado de pasarle el recibo a la dueña (que paga todo, aunque ya no quiere hacerlo), y me han cortado el servicio de Internet. Tengo en el celular. Pero no en el ordenador. Ya sé que el día será diferente. Pero escribiré más. Claro.

Sin la tentación del Google Chrome asechando, escribí más. Todo el día, dedicado a esas historias que espero vean la luz en algún momento. Con unos centavos, podré pagarle al profesor para que me ayude a corregirlos.

¡Sanbombas! La editora me ha confirmado que el reportaje en el que Continue reading “Líneas inconexas de un lunes en la noche (o No me sale la ficción rapidinha, o Gracias por leer)”

Actitudes (o Un acercamiento a las miserias)

h3He terminado dos cuentos nuevos. ¡Aleluya! Ahora debo corregirlos. Es la parte que menos disfruto. Si bien encuentro cierta dificultad (siempre) en el borrador, sentarse a corregir es lo aburrido del paseo. (“¡Deje de quejarse y escriba!”).

Mentí: le dije a mi amiga Adela que viajaría a la costa el fin de semana pasado. Pensé en ir, sí. Pero al final no porque el precio de los pasajes aumentó. Igual le dije que me iba: sé que el marido está de viaje, así que ella organizaría planes. Y no quiero salir ni gastar.

El fin de semana, cuando le anunciaba mi partida falsa, le dije que a mi regreso fuéramos a ver la obra de una amiga, una obra en la que trabajé como asistente hace Continue reading “Actitudes (o Un acercamiento a las miserias)”