Trascender

Tomaré otro café, fumaré un cigarrillo. Es un lindo día de invierno. Es bueno disfrutar, por primera vez, del invierno.

Y entonces sube el dólar, porque renunció el ministro, y hacen corrida cambiara, hablan de golpe de mercado, quilombo acá y quilombo allá.
Pongo a Shakira una vez más, escribo. No trabajo, para qué, si nadie me controla, si puedo manejar mis tiempos. Mejor dedicarme a esto, a intentar liberar.

*

Es un buen invierno, si logro no pensar más en ese tipo, sacarlo de mi vida, y estar tranquilo, entonces será un buen invierno.

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Mala musa

Qué ira me genera el escándalo que hace la conchuda de arriba con sus pasos y moviendo los muebles desde temprano en la mañana. Despierto ya alterado. Despierto temprano porque debo ir a ensayar al pueblo de Lardi, a las afueras de Buenos Aires. Será la rutina de los sábados de ahora en más. Primero iré a yoga.

Ayer hablé en la terapia de grupo, pero después quedo con ansiedad, porque me expongo y porque hablo con demasiada pasión.

En la obra de ayer se regodeaban en la locura. Si bien era una crítica al sistema de salud mental argentino, creo que lo que está de base es la cultura porteña. Pero más allá de eso, el teatro documental como el regodeo en la historia propia, como un estallido (vaya si quisiera estallar yo) ante una sociedad que pone en un lugar marginal a quienes sufre de problemas mentales.

Yo prefiero la ficción.

Tengo miedo de que la obra que hacemos con Lardi no quede bien, de que sea duramente criticada, de que la puesta no esté a la altura del texto y del autor.

Lo digo por la enorme cantidad de recursos que usaban en el montaje que vi ayer.

*

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Más de lo mismo – En tratamiento

Esperar el llamado de la psicóloga para coordinar la entrevista individual. Pensar en el grupo presencial hoy, en la noche. El lavadero, la ropa para las fotos. Las cuentas, siempre las cuentas. La obra, y la ansiedad de pensar en una fecha de estreno, con todo lo que hay que hacer.

El otro hombre no ha escrito. Por suerte. La verruga en mi dedo -aunque parece mejorar, luego de ponerme el ácido ese y de que se rompiera toda después de caminar descalzo en el mar-, sigue siendo… cómo decirlo, un tema.

Ahora estoy bien, quiero decirme.

Ayer fui a ver la obra de Veronnesse. Salí a correr en la mañana. Poco a poco comienzo a incorporar nuevos hábitos. El problema no es por ahora, me digo siempre, el tema es después.

Quisiera dedicarme a escribir, y tener fortuna. Que el dinero no fuese preocupación. Mientras digo todo esto, soy consciente de los beneficios de trabajar desde casa, de que no me controlen el horario, y de poder llevar la vida que llevo.

Mediodía. Sigo escribiendo en este diario, a ver si puedo sacarme la maraña de pensamientos, a ver si quedo libre.

Es una suerte contar con Áspora, con su ayuda y compañía a la distancia.

El encargado, otra vez afuera del departamento. Un trabajo que otras personas pudieron haber hecho en una semana, él lo hace en varias, por ganarse esos centavos, y encima de todo tiene el tupé de venir a hablar mal de mí con el hijo resentido preciso en la puerta del departamento donde vivo. Los pasos (golpes) de la mujer de arriba. Hacinamiento.

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Tratamiento, feministas y mar

Tal vez sea muy pronto para sacar una conclusión. Tal vez, demasiado pronto para escribir lo que estoy pensando, la suerte de desencanto. Demasiado pronto para juzgarme por haberle preguntado si mañana era muy cerca para verlo. Demasiado pronto porque aún no lo conozco a profundidad. Tal vez me encuentro confundido. Tal vez haga falta verlo de nuevo.

Supongo que la sobriedad me hace ver las cosas con un poco más de claridad. La pregunta, en el aire: ¿es la persona indicada? ¿Somos realmente compatibles? No quiero estar subestimándolo. Siento que no debería compararme. Pero es como si notara que puedo ofrecer más seguridad. Me refiero -además de la seguridad para comportarse en público-, al momento en el que, cuando veníamos de cenar, miró a un chico que pasaba en un auto. Como si sintiera que necesito a alguien con más seguridad en sí mismo, con más carácter también. Pero al mismo tiempo, como dije antes, no lo conozco.

*

¿Por qué quedarme con lo malo? ¿Por qué volver a pensar en que le propuse vernos hoy, en cómo se fue corriendo, en que no me gusta que se haya ido con sus amigos a un bar? Haberle dicho que por cuántas semanas más me iba a dejar con la leche guardada -así le dije, “la leche”-.
Porque, claro, soy posesivo, y tengo la idea de que debió ser más perfecto todo, debió quedarse conmigo. No quiero caer en una lista de defectos. Pero (siempre pero) suelo ser intenso. Y tengo una necesidad de compañía tan grande.

Por un lado, quiero que me escriba. Por el otro, supongo que es mejor esperar a estar bien de esas verrugas -una lisa cerca del ano y la otra, rugosa y grande en el dedo gordo del pie-. Esperar un tiempo para entrar en contacto.

Laitan dice que en esos ambientes en los que se mueve él -saunas, boliches, bares-, está expuesto a todo. Pero al mismo tiempo, hay una cuestión ética en no contagiarlo de nada, en protegerlo. Una cuestión ética y moral. Si bien no tengo la obsesión dolorosa, claramente amanezco pensando en ese tema, en él.

Ya no estoy para cosas efímeras, pienso ahora. Quisiera algo a largo plazo. ¿No es acaso todo efímero en esta forma de vida? Entonces investigo sobre las cartas natales de ambos, sobre si seremos compatibles, me adelanto años luz, porque veo a cualquier persona que me gusta como un prospecto de pareja a largo plazo.

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Un plomero (Argentina y soledad)

La asistente de la obra se fue, y aún sigo triste y un tanto ofendido. Entonces el otro día cambié la contraseña del correo de la obra, porque ya estoy enviando correos a las salas. No había nada confidencial en eso, pero tampoco quería que estuviese mirando. Sé que tiene acceso desde el celular. Después, me salí del grupo de Whatsapp. Le había dicho que me nombrara administrador. En mi concepción de cómo hacer las cosas, debía nombrarnos a nosotros administradores y salirse ella. Pero hacerlo de inmediato. ¿Cuánto tiempo debe uno esperar a la gente? Me descubro impaciente. Tampoco envió la transcripción de las didascalias, y otros apuntes, que le habíamos pedido que nos enviara.

En el medio de todo, no quiero ser el tipo irascible, el tipo que se ofende y muestra su rabia a los demás. Tampoco puedo dejar de ser fiel a lo que pienso y siento. Si se había comprometido con nosotros, ¿cómo es que suma tantas actividades y luego no tiene tiempo para trabajar en el proyecto? ¿Cuál es el significado de la palabra compromiso entonces? Y al mismo tiempo, me respondo a manera de pregunta: ¿no es acaso ella libre, al fin y al cabo, de hacer lo que quiera?

*

No sé si escribirle al encargado por Whatsapp, esperaré a encontrarlo por ahí en el edificio. La otra semana habré cumplido un mes con el asunto roto, y el tipo yendo y viniendo. Pero si llamo a un plomero me cobrará más.

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Burgués en el subdesarrollo

Despierto con algo de mal humor. No sé bien por qué. O sí. Pienso en las amistades. El sueño erótico, húmedo, me revela la atracción que no quiero reconocer. Es sólo física, me digo ahora para calmarme, no podría estar con un hombre así.

Los demás. Sigo pensando en los demás, que a través de las redes sociales exponen sus privilegios, y sin querer queriendo le dan sus datos al algoritmo, que luego lo usará para quién sabe qué.

¿Estoy de mal humor porque ellos desaparecen? Mis amistades, quiero decir. Sigo de mal humor porque no pude celebrar el fin de año con Laitan.

Pensar en el trabajo, en tener que volver a conectarme con ellos, buscar opciones para la sobrevivencia, y depender de ese vínculo nocivo. La proximidad de tener que verlos y lidiar con ellos, que son como fantasmas, porque aparecen cada tanto.

La terapia. La obra, el sistema de producción. Porque si todos descansamos, entonces se cae el sistema, no pueden ser días libres constantemente, hay que sostener el entramado que hemos creado.

¿Y cuál es la opción si no?

Cómo lo social dicta la norma, va mostrando hacia dónde tender.

Es un caluroso día de verano. La mujer (seguramente descendiente de italianos) habla a los gritos, cuenta historias. La escucho desde el baño. Pero si dejo la puerta del baño abierta entonces es posible escucharla desde la salita comedor, donde estoy ahora, escribiendo estas líneas.

Una buena base de operaciones. El dinero, las cuentas. Los pensamientos fáciles, una realidad que me asusta. Frente a ese miedo, la salida es perder la calma, anestesiar, pero ya no de un modo que me dope y me ralentice, si no que me pegue al techo, o mejor a una buena verga, a varias, por qué no. Como espadas, decía ya no me acuerdo quién, el bloguero que sigo, falos como dardos que nos incrustamos los gays para calmar el dolor de la culpa. ¿Será eso?

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Languidez

Sigo mejorando. Sin hierba ni sustancias. Si pudiera usarlas de manera más esporádica, solo en un momento de fiesta, de manera recreacional. Pero no, si tengo marihuana, caigo en anestesiar con a diario el dolor.

*

En el trabajo las cosas van bien. Necesito mantenerme sobrio, lo escribo y lo reafirmo con el miedo a usar de nuevo la estrategia maldita como vía de escape. Ya no puedo poner en amenaza mi estabilidad económica, con lo golpeada que se encuentra la Argentina. Los unos le tiran culpas a los otros. El FMI, la deuda, la pandemia, la inflación. No sé qué pensar. En el grupo de Whatsapp del taller opinan. En las pasadas elecciones legislativas pude votar. Pero no confío en nadie. Se elige lo menos peor, pienso. Miseria.

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Más del Karma

Enfermo. La prueba de covid dio negativo.

No me baño hace días. Debo cortarme el pelo. Nunca lo tuve así de largo. Pero no puedo ir a una peluquería: se me están cayendo los mocos. Tal vez mañana amanezca mejor.

El perrito (no el de la de joven de arriba, ese solo ladra), si no el otro (no sé de qué departamento es, uno en un piso inferior), se la pasó chillando toda la tarde. Lo han de dejar solo, supongo. Dormí (dormité más bien) incómodo, torturado por el animal.

¿Es todo esto mi karma?

La cara manchada a causa de esa dermatitis que pareciera no termina de irse.

*

Tal vez pueda estar unos días sin fumar luego de recuperarme de este estado gripal. No quiero ser el tipo quemado, pasado de rosca, enloquecido por las sustancias, que no encuentra tranquilidad, que no pudo lidiar con su adicción.

Quiero despertar día a día tranquilo, aunque disfrutar cueste.

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Motivos de una depresión II

Quisiera marcharme. Marcharme pronto. A cualquier lado. Sacar un pasaje, a Río de Janeiro, por ejemplo. O a la Florida. No, ahí están mis primos. A la costa española. Qué sé yo. A Cartagena de Indias. Y alquilar un departamento con vista al mar, en un piso alto, y alternar entre el mar y una piscina, y sentirme libre, sin preocupaciones, sin tener que pensar en ganarme el centavo, el peso, ahorrar, porque así es la vida, porque esas son las reglas de este lodazal al que he llegado quién sabe cómo. La vida y su incertidumbre eterna. Buscar trabajo en las redes, en Internet, me deprime, me asusta, me angustia, no quiero nada, no quiero más, quisiera parar. Solo hacer cosas que me gusten, y no tener que verlos a ellos, desaparecer, no tener contacto con ninguno, no hacerme cargo de nada, irme, aunque sea por un tiempo. No necesitar volver. No necesitarlos, a ellos y al dinero con el que puedo cobijar las necesidades básicas de esta existencia por la que atravieso sin pista alguna sobre su causa ni sobre su posible futuro. No confío en nada ni en nadie ya. Diríase que hay algo más, ¿no es así? Diríase que luego de esto, sentiremos más, comprenderemos si quiera. Pero no hay una sola certeza. No la tengo, y el asunto lejos de tranquilizarme, me angustia. Ahora estoy bien, me digo. ¿Pero luego? ¿Más adelante, qué tendré que hacer para sobrevivir? El tiempo pasa y temo al futuro, a la forma que toma todo.

*

No ha sido un mal día, el anuncio del trabajo fue positivo. Y luego, la clase ha sido tranquila.

La necesidad de los demás, de otro, eso que llaman amor quiero decir. ¿Es todo el amor malo, negativo, tóxico?

¿Y si estuviese acompañado entonces qué, me quejaría porque no tengo tiempo para escribir estas líneas inútiles?

Se hace tarde para comer, es casi medianoche.

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Motivos de una depresión I

Es tan insoportable escucharlos.

Fui a por vino al supermercado.

Qué sería de mí si no pudiera usar la tarjeta de crédito. Lo que gano no me alcanza para vivir. Entré en un espiral peligroso. Pero hoy es domingo, hace sol, estoy en Argentina, y acá los domingos se come asado.

A veces sueño con irme, pienso que tal vez sería posible migrar de nuevo, irme a otro lugar, como siempre quise. Pero se supone que debo establecerme en un lugar para ver resultados. El mismo dilema.

La ropa limpia, aún en las bolsas.

Antes escribía. Ficción, quiero decir. Antes usaba estos momentos para crear alguna historia. Pero vengo tan bloqueado. Solo encuentro placer en la comida y en una que otra película que veo tirado en la cama.

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