Soltar (dejar ir)

Estoy mejor. Fui a la dermatóloga. La parte de atrás está bien. Se ha ido la verruga. Ahora no contagio nada. Y me dio una orden urgente para sacarme lo del pie, el tumorsillo.

*

Caerme cuando me impulsé hacia atrás en la silla, hoy en el grupo. Y luego, que si querer es poder, o no. El coordinador que busca confrontar. Que me notaba angustiado. Y yo, que la semana pasada estaba mucho más angustiado. Y él: “mucho más”, entonces que algo angustiado estoy. Y yo, que me sentía avergonzado por caerme. Y él, que no era vergüenza. Luego, algo sobre la terapia individual y la grupal. Y que si entendimos, y yo que más o menos, y entonces, su ponzoña: “me hubiese asombrado que lo entendieras”. Entonces dije no sé qué. Y él, que no me defienda.
Ahora me importa menos. Pero me pregunto si realmente me hace bien ese grupo, el de los lunes, o si ahora es simplemente un espacio que llena el vacío de la soledad.

Y luego, cuando nos íbamos, preguntó por otro compañero, le dije que creía que había ido el viernes anterior -después recordé que también se había conectado el martes siguiente-. “Ese fue otro que presioné y que no volvió más”, dijo. “Mentira, pero no te sientas presionado”, me dijo cuando yo salía. Le dije, ya sin fuerzas, agotado de todo eso que no supe manejar -o manejé cómo pude-: “No, todo bien”. Querer tener razón siempre, tal vez sea eso, un aprendizaje de humildad.

*

Raira dice que el coordinador de los lunes es un imbécil. La decisión está tomada. Lo estuvo antes de charlarlo con Raira. Antes de comentarlo con Áspora también. No iré más los lunes. Una cosa es quedar pensativo o angustiado por lo que se habla durante el grupo y otra diferente, quedar en discordia con el terapeuta.

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Motivos de una depresión II

Quisiera marcharme. Marcharme pronto. A cualquier lado. Sacar un pasaje, a Río de Janeiro, por ejemplo. O a la Florida. No, ahí están mis primos. A la costa española. Qué sé yo. A Cartagena de Indias. Y alquilar un departamento con vista al mar, en un piso alto, y alternar entre el mar y una piscina, y sentirme libre, sin preocupaciones, sin tener que pensar en ganarme el centavo, el peso, ahorrar, porque así es la vida, porque esas son las reglas de este lodazal al que he llegado quién sabe cómo. La vida y su incertidumbre eterna. Buscar trabajo en las redes, en Internet, me deprime, me asusta, me angustia, no quiero nada, no quiero más, quisiera parar. Solo hacer cosas que me gusten, y no tener que verlos a ellos, desaparecer, no tener contacto con ninguno, no hacerme cargo de nada, irme, aunque sea por un tiempo. No necesitar volver. No necesitarlos, a ellos y al dinero con el que puedo cobijar las necesidades básicas de esta existencia por la que atravieso sin pista alguna sobre su causa ni sobre su posible futuro. No confío en nada ni en nadie ya. Diríase que hay algo más, ¿no es así? Diríase que luego de esto, sentiremos más, comprenderemos si quiera. Pero no hay una sola certeza. No la tengo, y el asunto lejos de tranquilizarme, me angustia. Ahora estoy bien, me digo. ¿Pero luego? ¿Más adelante, qué tendré que hacer para sobrevivir? El tiempo pasa y temo al futuro, a la forma que toma todo.

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No ha sido un mal día, el anuncio del trabajo fue positivo. Y luego, la clase ha sido tranquila.

La necesidad de los demás, de otro, eso que llaman amor quiero decir. ¿Es todo el amor malo, negativo, tóxico?

¿Y si estuviese acompañado entonces qué, me quejaría porque no tengo tiempo para escribir estas líneas inútiles?

Se hace tarde para comer, es casi medianoche.

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Fatiga III

Como un alma en pena.

Veo a los hombres heterosexuales y me obsesiono con ellos.

Esa marihuana que fuman Dante y Huán es cualquier cosa menos marihuana.

Pedí carne para el almuerzo. Y ahora pedí una hamburguesa. No gasto en prostitución. Pero gasto en comida. Algún exceso tengo que darme. Tomo vino sin parar.

Encierro, soledad, estas cuatro paredes. Y luego veré una película. Intentaré dormir. Y entonces tal vez mañana amanezca mejor. Tal vez mañana tenga más ánimo. Me afeitaré, supongo.

Si la marihuana fuese mejor, por lo menos estuviese dopado. Pero entonces no puedo regularla. Qué mala es.

¿Y cuánto pagaré de luz y de gas, sobre todo de gas, después de prender durante tanto tiempo la estufa?

Y al final termino violentándome con algunos… no está bien.

Esto es como vivir acompañado, esto de tener a la vecina tan cerca, quiero decir, y que salga, baje y suba tan constantemente. ¿Debería entonces dar portazos yo también, como ella? ¿Debería decirle?

*

Al final, algún exceso siempre hay. Estoy cansado. La exposición en esas redes… Y si no, ¿cuál era la otra opción? Uno de esos bares que me parecen sitios horribles.

*

Despertar, la tristeza cotidiana, el pensamiento fácil de que no era esto lo que yo quería, no sé si esta ciudad, este país, esta vida, ¿y a dónde ir ahora? ¿Realmente quiero irme?  Vivir en un país tercermundista. Que sea tan difícil hacer arte, tan complejo.

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El arte

Ya está. Un poco más recuperado de la ingesta maldita. Si empiezo a escribir, entonces vuelve la culpa. Empieza el invierno.

A mamá le clonaron una tarjeta, le robaron dinero. Está con la fibromialgia alborotada. Alborotada, como dice ella. Y yo gastando en drogas y prostitución. No me deprimiré. No ahora. Limpié la casa. Iré donde Huán, que me dará un poco de marihuana, y tal vez tome un baño al regresar. Hablaré con Áspora. Será un fin de semana tranquilo.

Sólo espero no haberme contagiado nada. Ni coronavirus ni ninguna enfermedad de transmisión sexual. Lo pienso una y otra vez. Me duele ponerme en riesgo. Pero lo vuelvo a hacer. En fin. Como si no hubiese aprendido lo suficiente. 35 años y medio. Ya no soy un joven. Aunque nunca sea tarde, según dicen. La vida pasa y uno no se da cuenta de que hay decisiones definitorias.

Si estoy bien, si no me pasa nada, si estoy sano, y estos tipos no me transmitieron ningún microorganismo, entonces estaré tranquilo. O eso pienso ahora, quiero creer.

Después, el miedo a que se haya llevado algo, a que sepa mi identidad.

El frío es intenso. Lo he sentido peor que nunca esta vez. Tal vez sea cada invierno peor que el anterior. Contrario a acostumbrarse… el cuerpo, el alma…

Si puedo ver el mal en la gente, ¿es porque soy malo yo, es porque veo la maldad que hay en mí, es eso lo que revelo?

Y tanto consumo de cocaína, ¿no es acaso perjudicial? Pero sigo y sigo. No puedo parar. El lado oscuro, como si tuviese que sacar de alguna manera el lado oscuro.

*

Domingo. Lo usual. Despertar al mediodía, los ruidos del pulmón del edificio, la paranoia por la vecina, algún odio que intenta colarse, pero tal vez la terapia haya hecho efecto o tal vez ahora me importe menos. Tal vez se escuchen menos hoy, ahora. La marihuana.

Ayer hablé un rato largo con Áspora. Después me embriagué, cociné. No sin miedo a escuchar a la vecina, que baja y vuelve a subir con su perra, en lo que para ella debe constituir un paseo. Pobres los animales en cautiverio. ¿No soy yo acaso uno?

Huán, novio de Dante, me regaló algo de porro paraguayo. Paraguayo como uno de los scorts del miércoles.

Cuán tentado estoy a hablar de mis amistades.

¿Pensarán los lectores, si es que alguien llega a leer estos diarios, que al ponerle nombres falsos a mis amistades padezco algún trastorno psicótico? Lo hago para que la edición del blog sea luego más sencilla.

Día del padre.

Le escribí un mensaje a papá. ¿Qué más da? Viene ayudando a Áspora en ese proceso tan complicado.

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El artista y el mercado (largo sin sentido)

Pienso en que él tiene todo, en los demás que tienen todo, la vida asegurada, muchas actividades. Estoy en mi cama, trabajo desde la cama, no quise pararme hoy. Es día descanso. Es miércoles, y afuera está nublado (aunque con una leve mejora). Va a ser mediodía y yo escribo desde la cama. Ya he fumado marihuana, claro. Debo dejarla, sé que debo de meterle a mi cuerpo sustancias que lo dañen. Pero está ahí. Supongo que la consumiré toda, y luego haré fuerza por no comprar más. Y debo ser constante y fuerte.

Hoy solo iré al taller de escritura. Mañana iré al banco. Al lavadero. Y luego tendré la terapia.

Ellos ahí afuera, construyen un mundo, construimos un mundo. ¿Debo usar el plural? Supongo que nunca estuve afuera. Es arrogancia percibirme como algo externo al caudal de lodo. Prefiero decir lodo a decir mierda.

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Previo al viaje

Por un momento me creí afuera de ese mundo. Por un momento pensé que estaba ya afuera de esas redes, de la búsqueda constante, mundo enfermizo, putrefacto. Y tengo ira, bronca. Conmigo, con él, no lo sé bien. Con todo. Con la vida. Con el Universo, incluso. Sé que no debo, sé que es soberbia, que todo está bien, y es sólo mi mente pesada que me hace pasar, me juega triquiñuelas, para que desconfíe.

Escribo y no puedo creer aún el orden de los acontecimientos. Escribo por escribir, como siempre, por sacarme de lado toda esta pesadez humana, lo propio a la existencia misma del ser, el darse cuenta de la vida. En fin.

Cada cual vive una historia tan diferente. Que si tan difícil se me hacía, tal vez estaba en lo correcto. Que no imaginó que yo la estuviese pasando tan mal. Eso dijo.

¿Y ahora?

¿Qué haré?

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Llanto

No quiero acostumbrarme a recibir menos ingresos, y por lo tanto trabajar menos. Por ahora voy a estar bien. Por ahora.

Soñé con el vecino. Anoche hizo ruidos en el piso: el taloneo de nuevo, me asustó. ¿Lo hizo a propósito? Y si sí, ¿por qué lo hace, por qué vuelve? ¿Se dio cuenta que salí estos dos días cuando puso su música de mierda? No creo que viva tan pendiente de mí. El asunto me pone muy nervioso. Además, me agarra siempre fumado, y el temor es peor. ¿Habrá escuchado la conversación que tuve con Laitan? Pero cómo, no creo que pueda oír lo que hablo acá abajo, a menos que yo grite.

Amanezco de mal humor, con los odios pesados, en especial con el imbécil de arriba. Por suerte los tapones funcionan. Continue reading “Llanto”

Después del estreno

Odios. Odio hacia él. El director de mierda. Que me parece pésimo, eso quiero decirle. Que tiene serios problemas de comunicación y de empatía que se reflejan en su trato a la hora de relacionarse con el equipo y que me parece pésimo su trabajo con nosotros, los actores. Su soberbia no es más que el reflejo de la frustración por lo que no hizo como actor. Es una vieja escuela. Un tipo de talento reducido.

Todos me aconsejan lo mismo, que sólo preste atención a la actuación, que disfrute eso. El otro día miraba por la ventana del teatro y me decía: the chef is delivering. Está ocurriendo, al final el proyecto se acerca a un resultado.

Siento, sin embargo, violencia. Voy entre la violencia y la tristeza. Tristeza por cómo devino todo. Pero al final va a salir, va a ver la luz el proyecto.

Me da miedo convertirme en él, ser como él.

 

Buscar en el sexo, refugio; en un hombre, en la sensación de juego amoroso, la salida a esta pesadumbre. El tiempo en soledad me obliga a pensar, y entonces temo.

Es un lindo fin de semana de descanso. Esta noche ensayaré. Nos sacarán unas fotos. The chef is delivering. Sólo tengo que confiar, ¿no es así?

*

No nos gusta que haya agregado eso al nombre, no nos gusta la sinopsis. Pero al diablo con todo. Supongo que tengo una obra, y que es lindo, Continue reading “Después del estreno”