El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)

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El otro día en la noche nos reunimos por el cumpleaños de mi primo en un bar. Estaban las chicas con cuya familia pasamos el 24 de diciembre pasado. No vino Tadzio, el hermano menor. Mejor. Yo me quedé sin dinero suficiente para pagar, porque todos quisieron invitar a mi primo, claro. Tuve que decirle a la novia que me prestara la cantidad que me faltaba. Ella pagaba con una tarjeta débito, y yo le di lo que tenía en efectivo. No era mucha la diferencia. Pero el acto me produjo una vergüenza de aquellas. Creo que nadie se dio cuenta. Eso espero.

Ellos, todos los que bebían cervezas en esa mesa, hacen cosas que podríamos llamar importantes. O bueno, importantes para ellos. Interesantes, no lo sé. Siempre tengo que lidiar con la pregunta de “en qué andas”. Ya hay varios Continue reading “El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)”

Uno pequeño de los gigantes que se vienen (o Un chiste desafortunado)

Sin títuloEl hombre de los aguacates me dijo que no hiciera ese comentario, que me quedaba mal. Me dijo así cuando me asombré por el precio.
-¿¡Cinco mil!? –le grité con la felicidad de quien se va a casa a cocinar solo, sin gente, mierda.
Él se rio.
-No haga esos chistes -disparó-, que le queda mal.
Acertó.
No supe responder. Continue reading “Uno pequeño de los gigantes que se vienen (o Un chiste desafortunado)”

Suri

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Suri me habló y me habló. Me habló de su vida. Creo que ha estado llamando. Creo que ha llamado ayer y antes de ayer. Pero no le contesté. Para qué le di mi número. No sé. No quise mentir. Suri no tiene teléfono. Entonces me marca desde un público. Llevo varios días recibiendo llamadas de diferentes números: supongo que es él. A Suri me lo traje a casa el sábado, después de ir con Áspora a un bolichito gay. Suri se me pegó a la salida, a eso de las tres, cuando cerraron. Ya lo había visto en un bar antes. Fue sólo saludarlo, y Suri no se me despegó. 21 añitos. Morocho. Alto. Suri viene de Santa Marta. Yo quería ir en busca de otro hombre. Pero él no se me despegó. Y me dije que era mejor irme a casa, que seguir en quién sabe dónde. Suri parecía (y luego confirmaría) cargar un instrumento de buen tamaño.

Suri me contó su vida al día siguiente: que casi se lo llevan a prestar el servicio militar, Continue reading “Suri”

Furia

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Primero fue contra el portátil más grande, el que uso todo el tiempo. Había pasado la noche con fiebre, débil y con dolor de garganta. La culpa me mortificaba: si no me hubiera pegado esa tremenda fiesta el día 30 de diciembre, no estaría así. Desperté y llamé a mamá. Quería consuelo. “Sigue así –me dijo-, de rumba”. Un poco en tono de burla y un poco en serio. Colgué enseguida. Quise buscar una farmacia en Internet y pedir que me trajeran remedios, pero el computador andaba lento. En un ataque de furia le pegué un puño al teclado. Debió haber sido más fuerte de lo que recuerdo: el disco se dañó, perdí muchos archivos y estuve más de diez días sin máquina.

Usé una pequeña netbook que tenía guardada y que no había encendido desde hace mucho. Aunque le hice arreglos, hubo un momento Continue reading “Furia”

Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo

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Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo. Ayer lo hice después de… no sé, ¿más de un mes? Mes y medio, tal vez. Perdí la cuenta. Por lo menos ahora sé cómo luzco con barba, desprolijo. No es sólo la barba, también el pelo: hace mucho no me lo corto. Todos los días me digo lo mismo: “mañana iré, mañana iré”. Pero no voy. No quiero salir, le  he agarrado fobia a las calles, a caminar.  Tal vez ahora que termine de escribir esto vaya a la peluquería.

Adela quería ir a almorzar ayer. Le había dicho que sí desde la noche anterior. Pero no me desperté. El día anterior me acosté a eso de las 2. A las 4 de la mañana tuve un episodio de malestar estomacal que me tuvo en el baño durante Continue reading “Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo”

Fantasía de Navidad (o Nochebuena mirando a Tadzio en la montaña)

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Una imagen de la película ‘Muerte en Venecia’, dirigida por Luchino Visconti y basada en la novela de Thomas Mann.

Mi primo me dijo que pasáramos la noche del 24 de diciembre con unos amigos de él, una familia que fue vecina de él en la costa hace varios años. De chico, después del colegio, todas las tardes, yo iba donde mi tía y mis primos. Mis primos y yo estudiábamos en el mismo colegio, así que yo almorzaba allí y me quedaba toda la tarde hasta que mamá pasaba a buscarme. En las tardes jugábamos con los niños del conjunto. Entre esos estaban los hermanos Laisa, Daira y Denio. Denio, el menor, tendría apenas unos cinco años cuando lo dejé de ver. En esta temporada en que coincidimos con mi primo en Bogotá, yo había visto a Laisa y a Daira, porque ellos ahora viven acá también. Pero no había visto a Denio. Había dejado a un niño. Me causaba mucha curiosidad ver al hombre de más de veinte ahora.

Odié el plan de mi primo: la casa de los padres de estos chicos queda pasando un pueblo en la montaña, un pueblo que se llama La Calera Continue reading “Fantasía de Navidad (o Nochebuena mirando a Tadzio en la montaña)”

Ahora vivo aquí (Es temporal, recuerda, es temporal) o Quiero ser leído

No sé si fue una estrategia para mantenerme sin alcohol: el jueves, ya harto de las molestias en las vías respiratorias, le metí antibióticos al asunto (algo que no debe hacerse). Así que pasaré el fin de semana tranquilo. Me siento absolutamente diferente. Me despierto y  hago una meditación guiada. Tomo agua con limón. Bebo café. Escribo algunas líneas. Hago ejercicio. Me baño, desayuno, me siento a escribir. Por supuesto que cuando digo “escribo algunas líneas” o “me siento a escribir”, la presencia del Internet es constante y desconcentra. Pero he estado mucho más dedicado a la escritura. Y a la lectura. Ya estoy en las últimas páginas de una novela y me espera un libro de cuentos.

La crónica está atrasada hasta diciembre. Busco más temas. Tal vez reseñe un libro esta semana. Voy a sacar después de la Biblioteca ‘Mientras escribo’, de Stephen King. Ya lo reservé. Así. Usar el tiempo de manera creativa. Este tiempo en el que aparentemente no estoy haciendo dinero. Digo aparentemente, porque se supone que los cuentos en los que trabajo verán la luz algún día… Dicen que es difícil, pero nada es imposible. Se venderán bien y entonces esto no será tiempo perdido. Por supuesto, ganancia económica significa también cantidad de lectores, quiero ser leído.