Esa realidad (el artista y la oficina) (o ¡Ma qué derecho de piso, gorda conchuda!)

Agradezco, sí. Pero me opongo, también. Puedo percibirlo. Eso pensaba durante la meditación, lo de oponerse. “Gente mierda” es el término que se me viene a la mente mientras dormito (porque no he podido dormir bien). Pero después me siento culpable (culpable por todo), porque estoy juzgando, desconozco su entorno, y si no me saludan bien, si no me reciben bien, si no son abiertos o si no tienen esta amabilidad sincera de la que tanto alardeo, entones los juzgo. Pero ser mierda es más que eso, pienso después. Sigo juzgando.

La directora de un área de la organización donde trabajo, que no me saluda tan bien, que no me tiene en cuenta, y ayer, se iba a dar vuelta cuando yo llegaba al lobby del hotel ese donde ocurre un gran evento de mi trabajo, y se arrepintió, y luego, rápidamente, volvió a darse vuelta, y dijo “hola”: por un segundo contempló la idea de no responder, de ignorarme. Esa gente que ignora. ¿Por qué lo harán? ¿Inseguridad, necesidad de poder, ego? O la chica a la que le he respondido con animosidad, porque suele no hablar bien, y a mí se me colma la paciencia rápido, y después ha quedado la relación incómoda, porque soy de amores y odios, Continue reading “Esa realidad (el artista y la oficina) (o ¡Ma qué derecho de piso, gorda conchuda!)”

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Escribime, mendocino (o Amores de barra, neurosis de niño)

El dolor de todo el desamor antes vivido, ¿de todo el desamor del mudo? Exagero, eso fue otras veces, ahora no. El dolor de la neurosis: yo, el desafortunado. Y él, el chico joven, cuyo teléfono he borrado ya de mi agenda en el celular; él, feliz, y no quiere verme. Un malentendido producto de mi inmadurez. Y, entonces, cuando ceno en la cocina, y entran mi casera Melania y su novio Pirado, entonces me dan ganas de llorar, porque estoy incómodo (aunque exagere), porque no me siento a gusto con esta vida, en este momento, con esta parte, porque no estoy en paz, y mis pensamientos (no debo creerles) me dicen que él, el chico mendocino con el que estuve hace un par de días, está tranquilo, feliz, contento, fuerte, y yo, yo vulnerable, incómodo. Así él tenga menos privilegios, qué tiene que ver, así yo viva supuestamente mejor, la fortaleza y el bienestar son cosas internas. Y él me ha rechazado, porque le he dicho que quería verlo ayer u hoy, pero he generado un malentendido, y no he sabido Continue reading “Escribime, mendocino (o Amores de barra, neurosis de niño)”

Largo de días non-sanctos (o Yo: el misántropo convive)

42ffcdcd73567651337640bbb41b9de9Más de lo mismo, más de mis odios momentáneos, las situaciones en las que me siento preso, más de la mente divagando entre los mismos temas: el trabajo, las no ventas, y el novio de mi casera que vive acá, y los dos que ponen música, y el bendito perro que ladra cada vez más fuerte, y yo desesperado, encerrado en mi habitación, viendo cómo decirle a ella que tenga cuidado con la música, buscando la oportunidad, el momento perfecto, la forma adecuada.

*

Tres días para el feriado. Anoche Melania y Pirado me han dicho que él sigue sin agua. Hace un par de semanas se le explotó la bomba del agua. Algo así. Ya lo sabía. Y, de hecho, sospechaba que esa podía ser la razón de tantos días acá en casa. Pero no sospechaba tanto: ¿¡dos semanas sin agua!? Dice que tiene, sí, pero que no como para bañarse o usar a gusto.

Y ahora, otra vez: la oficina, la gente, lo de siempre. Mañana cumpliré un mes ahí. Debo llevar comida, “facturas” que llaman acá. Eso hace la gente allí, lleva cosas por una razón o la otra. O sin razón. Como el director, el otro día. Y yo preciso agarré dos, dos facturas (y no una, como debí), y el director entraba, y me vio llevándome dos, Continue reading “Largo de días non-sanctos (o Yo: el misántropo convive)”

Miedo (o Sigo II)

El miedo. Miedo al paso del tiempo, a quedarme sin amor, a no actuar, a no publicar, a no ser reconocido, a las enfermedades y sus manifestaciones, a no ser feliz, a no viajar, a no conocer tierras bellas, a no migrar, a no vivir en otros lugares, a quedarme con el deseo, y que pase el tiempo, y no tener la vida que quiero.

Después me digo que estoy en camino, que conseguir un trabajo es un camino, recuerdo lo que escuchaba hoy, que el destino, el punto de llegada no cambia, cambia la ruta, y me doy ánimo, me aliento, aunque me cueste, porque en estos días, en el fin del año pasado y esta primera quincena de enero, he mirado hacia atrás, hacia mi vida, mi recorrido, y quisiera sentirme más orgulloso, quisiera otras cosas, a veces, sí. O no, o simplemente sea cuestión de aceptar que es esta la vida mía, de la que he tenido que aprender, y ahora soy más fuerte. Ahora. Ahora no sé si aprendí Continue reading “Miedo (o Sigo II)”

Las casi últimas del año (¡ay, ay, se acaba el año -otra vez-, ay!) (o Un orgullo para mamá)

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Amar la mañana, preparar el café, olerlo, tomarlo. Y esta pequeña angustia cuando sospecho que el momento está por terminar, y entonces el día ha empezado, ahora sí.

El tipo de arriba corre cosas, o no sé bien qué mierda hace.  Si me agarra vestido, subo y le digo que es un fastidio que haga esos ruidos. Pero además, me intriga: ¿qué mierda hace?

Y esta musicalidad, este ritmo en las palabras al escribir, un ritmo que me quiero sacar de la cabeza, porque no puedo escribirlo todo igual, cada cosa que redacto, con la misma forma, quiero decir. En fin. Quiero terminar ese cuento, esa historia del mendigo y el tipo que le ofrece ayuda. Mientras, voy y vengo a estas líneas, las líneas siempre. Y mientras, espero que me responda mi amigo Dante, a ver si puedo ir  a su casa por un poco de porro.

*

¿A quién le hablo cuando publico algo en Instagram? Tengo ideas, ideas para postear, pero no quiero que los que me vean sean mis conocidos, los mismos a los que yo veo, una pequeña comunidad. Quiero una audiencia más grande, así puedo revelarme con más anonimato. Anonimato.

*

Sentir la presencia del dueño del departamento dando vueltas por el edificio me pone nervioso.

Ahora debo buscar un lugar donde vivir, porque lo que me he conseguido desde Macondo no me ha gustado. Empiezo a llamar. Hoy han empezado los taladros en alguno de los departamentos de abajo. El dueño los está “renovando”. Me ha dicho que es otro el propietario de esos dos departamentos, los dos de abajo, que el propietario no es él. No le creo. Supuestamente, entonces, sólo son suyos estos dos del piso donde yo estoy, y uno en el quinto, no lo sé. Los de abajo los administra él, pero nada más, no es dueño de esos. Eso ha dicho. Algo me dice que me miente. Los de abajo los están reparando, y hay obreros, y hoy han empezado con el taladro. También martillan. Es como un karma.

Este ambiente no es propicio (¡cuidado con lo que te decís!), así tan ocupado, siento que necesito un lugar tranquilo para vivir, siempre, porque mientras en este horario, durante el día, no esté trabajando, entonces necesito una especie de oficina, donde pueda escribir y leer, y buscar mis trabajos de manera tranquila, sin ruidos, sin gente que entre y salga, relajado. Macondo ahora debe estar así. Mi casa en Macondo. No significa eso que quiera volver. A propósito, mamá ha dicho que le han comentado que venderán el colegio de al lado de casa, el que tantas veces me fastidió. A Continue reading “Las casi últimas del año (¡ay, ay, se acaba el año -otra vez-, ay!) (o Un orgullo para mamá)”

24

24

Un diciembre que no parece tal. Una nostalgia que se cuela por momentos cuando recuerdo Macondo, cuando recuerdo la niñez, aunque no quiera para nada volver a ella. Una nostalgia que a lo mejor tampoco sea tal, una nostalgia que es anhelo, deseo, promesa.

Que toda narrativa es ficción. Y entonces mi vida, una ficción en estas líneas que es lo único que escribo por días, porque en medio de tanta convulsión (de tantos tormentos) a veces no me salen las palabras, no quiero dedicar tiempo a algo tan inservible como la escritura. Inservible es un decir, claro, en medio de toda la contradicción y la complejidad de hacer arte, si es que es arte lo que hago. La pretensión de arte, debería decir.

Una Argentina que duele, una Latinoamérica que duele, una Historia ahora triste. Una tristeza en el pecho, y el deseo de, como lo he dicho antes (siempre me repito), el deseo de quedar del lado feliz de la brecha, el deseo de privilegios, y la intuición de que me vuelvo un egoísta, aunque siga leyendo cosas, aunque siga pensando esas ideas, quisiera que no me importara nada, llenarme los bolsillos de guita, y ser como los ricos, ser uno de ellos, y andarme a cualquier parte, sin necesidad de trabajar, de depender de nada, de nadie, la libertad absoluta, de cuyo significado dudo más y más a medida que pasa el tiempo.

Pero ahora estoy aquí, ahora vivo en el lugar que tanto extrañé, estoy con la gente que tanto anhelé, e igual siempre hay alguna incertidumbre, alguna ansiedad, algo.

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Llueve afuera. El profesor en el taller me ha dicho que Continue reading “24”

Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)

Obra de Maud Lewis

Esta necesidad de escribirlo todo, todo lo que me pasa. Y la contradicción de cuándo escribir ficción. Ayer veía Maudie, la película. Y aunque al final, cuando muestran imágenes de los verdaderos personajes, pude notar cuán adornado lo hacen los productores o los realizadores del gran cine, la película me hizo reflexionar sobre aquello de dedicarse todo el día a hacer arte. Cosa que he hecho por temporadas, siempre con la angustia de sentir que hago cosas que no valen la pena, y que debo ponerme en algún momento a conseguir dinero. Hoy, por ejemplo y para no ir más lejos. Hoy es domingo, y por eso me doy cierto permiso para saltar de archivo en archivo y escribir una cosa aquí, y otra cosa allá. También porque no anda el internet. Entonces no puedo buscar trabajo en esas páginas, a las que no he entrado desde hace unos días. Me doy permiso, sin tanta culpa. Y digo “tanta”, porque algo de angustia siempre hay igual. Siempre lo escribo, siempre pensando en la estabilidad.

Pero volviendo a la película: cuánto he deseado eso, simplemente dedicarme al arte. Pero en los momentos en los que lo he hecho, cuánta presión y cuán difícil enfocarse todo el tiempo en el oficio, como Maud, por ejemplo, que en algún momento (sí, después y a pesar de muchos tormentos) se dedicó a pintar todo el día, todos los días. Yo viviría actuando, con proyectos de teatro y tele, y escribiendo Continue reading “Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)”