El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)

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El otro día en la noche nos reunimos por el cumpleaños de mi primo en un bar. Estaban las chicas con cuya familia pasamos el 24 de diciembre pasado. No vino Tadzio, el hermano menor. Mejor. Yo me quedé sin dinero suficiente para pagar, porque todos quisieron invitar a mi primo, claro. Tuve que decirle a la novia que me prestara la cantidad que me faltaba. Ella pagaba con una tarjeta débito, y yo le di lo que tenía en efectivo. No era mucha la diferencia. Pero el acto me produjo una vergüenza de aquellas. Creo que nadie se dio cuenta. Eso espero.

Ellos, todos los que bebían cervezas en esa mesa, hacen cosas que podríamos llamar importantes. O bueno, importantes para ellos. Interesantes, no lo sé. Siempre tengo que lidiar con la pregunta de “en qué andas”. Ya hay varios Continue reading “El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)”

Mi líbido, en la Argentina

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Bogotá. Viernes en la noche. Ahí sentado, viendo la obra, me sentí un energúmeno, culpable. “¡Si supieran todo lo que pienso!”. Después de la función, una de las actrices (si supiera lo que he dicho de ella, de la directora, de todo), una chica difícil, pero que me terminó queriendo cuando hice asistencia de dirección en la temporada pasada para esa misma obra, se sentó y preguntó qué había estado haciendo yo todo este tiempo. Se largó en críticas al nuevo asistente. Dijo que me extrañaban, que el otro hace un muy mal trabajo.

Terminé acostándome con el actor que hizo el personaje que me hubiera gustado hacer a mí después de que uno de los actores de la primera temporada abandonara el proyecto. No me gustaba. Pero me acosté con él. Porque se dio. Creo que lo seduje. Lo tenía visto desde hace muchos años. Continue reading “Mi líbido, en la Argentina”

Actitudes (o Un acercamiento a las miserias)

h3He terminado dos cuentos nuevos. ¡Aleluya! Ahora debo corregirlos. Es la parte que menos disfruto. Si bien encuentro cierta dificultad (siempre) en el borrador, sentarse a corregir es lo aburrido del paseo. (“¡Deje de quejarse y escriba!”).

Mentí: le dije a mi amiga Adela que viajaría a la costa el fin de semana pasado. Pensé en ir, sí. Pero al final no porque el precio de los pasajes aumentó. Igual le dije que me iba: sé que el marido está de viaje, así que ella organizaría planes. Y no quiero salir ni gastar.

El fin de semana, cuando le anunciaba mi partida falsa, le dije que a mi regreso fuéramos a ver la obra de una amiga, una obra en la que trabajé como asistente hace Continue reading “Actitudes (o Un acercamiento a las miserias)”

Furia

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Primero fue contra el portátil más grande, el que uso todo el tiempo. Había pasado la noche con fiebre, débil y con dolor de garganta. La culpa me mortificaba: si no me hubiera pegado esa tremenda fiesta el día 30 de diciembre, no estaría así. Desperté y llamé a mamá. Quería consuelo. “Sigue así –me dijo-, de rumba”. Un poco en tono de burla y un poco en serio. Colgué enseguida. Quise buscar una farmacia en Internet y pedir que me trajeran remedios, pero el computador andaba lento. En un ataque de furia le pegué un puño al teclado. Debió haber sido más fuerte de lo que recuerdo: el disco se dañó, perdí muchos archivos y estuve más de diez días sin máquina.

Usé una pequeña netbook que tenía guardada y que no había encendido desde hace mucho. Aunque le hice arreglos, hubo un momento Continue reading “Furia”

Aprendiendo a vivir (en la incertidumbre)

Todos los días, lo mismo. Hasta que algo cambie. Pero mientras, estas vacaciones forzosas son así: despertar, hacerme café, un porro, y sentarme a leer y a escribir. Ya hubo etapas así. Pero claro, antes era más joven. Ahora, de adulto, debo hacer dinero, debo pagar mi vida. Y más que eso, hacer algo con este don de escribir y de actuar. Me digo que haré dieta, que dejaré la marihuana, porque si no, no voy a parar de comer. Pienso en varias opciones, pero me centro en una: trabajar aquí en Bogotá. ‘Book a gig’, dicen los yanquis. Tal vez deba soltar más. La nostalgia es tan fuerte. Todo el día. Porque como no tengo nada qué hacer, la mente divaga, de un lado a otro. Y más con el uso frecuente de la hierba.

¿Y los amigos? Siempre pienso en los amigos. Ahora se ha sumado mi primo a esta ciudad. Los amigos… los de aquí, los de Bogotá, pensaba el otro día que no termino de sentirme cómodo nunca. Adela y su mundo me aburren. La única es Áspora, la relación con ella pasa por un buen momento. Ella es alguien con quien realmente disfruto estar. Y bueno, Jipa, que no es una amiga íntima. ¿Quién más? Dunia. Continue reading “Aprendiendo a vivir (en la incertidumbre)”

Las reuniones en casa de Adela

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Pintura de Nicolaes Eliasz Pickenoy (1591-1653).

Las reuniones en casa de Adela me dejan agotado, contaminado de energía pesada. La última fue el miércoles. Adela es actriz. Había actores famosos, una presentadora, la dueña de una editorial pequeña, un escultor australiano que vive con su mujer en Los Ángeles. Gente linda y otra no tanto. Gente que saluda con aires de superioridad, gente que no es tan abierta. Por ejemplo la presentadora, mujer de uno de los actores que estaban… Él, muy buena gente. Pero ella tiene el ego un poco alto, como una manera de protegerse también, yo creo, de no mostrarse, no entregarse y no revelarse. Esto deviene en actitudes poco amables por momentos. A mí me gusta la gente amable, conversadora y sencilla, sin importar qué tan abundantes o poderosos sean. Quisiera que vean mi trabajo ya, que me admiren, pienso, que me conozcan por mis actuaciones y mis cuentos. Al final del día, las reuniones en casa de Adela no importan más que por los contactos que hago en términos de trabajo. Quiero decir, no voy a hacer amigos. Había, por ejemplo, una actriz/bailarina/presentadora muy (pero muy) conchuda, con un ego y una presencia muy (pero muy) fuertes, de saludar poco amable, o peor, con falsa amabilidad, como haciendo la hipocresía evidente. A mí se me alborotan los monstruos paranoicos y me da por la inferioridad. Siento que debería ir mejor vestido, que se me notan los problemas presupuestarios. “Y como te ven tratan”, dice la argentina Mirtha Legrand (¡a quién vengo a citar!). “Si te ven mal te maltratan. Y si te ven bien… te contratan”.

Extraño Buenos Aires, a mis amigos, mis otros amigos. Es todo tan diferente aquí. Los demás Continue reading “Las reuniones en casa de Adela”

Diciembre invita a la nostalgia

Las mañanas de diciembre invitan a la nostalgia. No sólo las mañanas. Todo diciembre. En las tardes, como no tengo nada qué hacer, todo me remite al tedio. Han parado un poco las lluvias. Hay más sol. Salir a la calle es ver a la gente revolucionada. Dicen que la ciudad se queda vacía después del 24. Bogotá. Aquí sigo.  El sábado, después de un mes y medio sin alcohol, volví a tomar. No caí tan al fondo: quise llamar a algún prostituto, pero no lo hice.

0cb5d342-d5a2-4f5c-920b-84e629388e91Ya antes he tenido fiestas en las que después debo estar varios días encerrado, con vergüenza. Con la valentía pasajera que da la cocaína, hablé, me revelé. Y lo hice a veces en un tono agresivo, como suele ser cuando uno consume esa sustancia. Y hoy, miércoles, todavía siento culpa. La senté a Áspora y le hice mil reproches sobre su “abandono”. Y le comenté a mi primo lo que quisiera hacer cuando mi abuelo muera y mi madre deba vender el apartamento que tendrá por herencia. Continue reading “Diciembre invita a la nostalgia”