Pensando en él

Si bien hubiese preferido no haber tenido que hacerlo, creo que me hizo bien haber salido. Aún pienso en los hombres, los enfermeros, en sus brazos, en su uniforme y sus miradas.

Sueño con las reuniones sociales, la posibilidad del contacto.

Ahora es la una y cuarto. Ya me hice el café y limpié un poco el inodoro, al cual no le dediqué tiempo antes de la operación. La mano molesta, pero los calmantes hacen su efecto.

Espero poder trabajar y vender este mes.

Anoche se me dio por indagar en la teoría de las vidas pasadas: hace un tiempo que sigo con frecuencia la astrología, pero el tema de las vidas pasadas nunca lo exploré mucho. Todo porque no paro de preguntarme qué es todo esto, este universo, esta vida, ¿somos almas?

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Incierto ahora

Al principio estaba tan de acuerdo con el confinamiento, y ahora odio tanto todo esto que ha sucedido, no puedo amigarme con nada.

Los problemas con el Internet me ponen de muy mal humor, hay toda una nueva rutina a la que no logro adaptarme; no me hace empezar mi día contento. Además, debo poner una manguera, así cuando enciendo el aire acondicionado en calor no le cae a la vecina del primer piso: el del cuarto (arriba mío), me ha dicho que sabe que de mi aire cae al de ella.

Es solo notar un poco de fastidio y empezar a arremeter en mi mente contra los imbéciles a quienes odio, como el vecino de arriba, que anoche ha pisado fuerte. Tan solo lo percibí a lo lejos: tenía los tapones en mis oídos. La indignación desespera. Continue reading “Incierto ahora”

Sentido

Fuimos a ver la obra. Le faltaba sentido, o no lo tenía tan a simple vista, tal vez me estoy perdiendo de algo. Me gusta cuando hay una historia, cuando hay un mensaje, una reflexión; no sólo enriquece a la ficción si no que le da suspenso, mantiene al espectador, es efectivo, un cuento bien contado, así haya partes aparentemente inconexas. Un sentido para todo esto que no tiene sentido. Vaya ironía. Tal vez busco en el arte eso, algo de sentido a este vivir que puede ser vacío, inseguro, incierto. Y si me dejan seguir, me pongo cursi y pienso en el amor, y ya enamorado seguramente sufra. Qué lindo chico ese en el teatro: lo vengo viendo desde hace mucho porque toma clases ahí, ahí donde nosotros ensayamos desde el año pasado. Qué lindo pibe. Los hombres y sus miradas, sus barbas.

El infierno son los otros

La médica dice que puedo cambiar de medicación, pero que es probable que la otra tenga efectos secundarios también. El aletargamiento mejora. La médica dice que la decisión es mía.

¿Qué debo hacer? Si alguien me guiara… Mi intuición, supongo.

Cada temporada con su tormento.

Anoche soñé con L. Pienso dejar de escribir sobre él. La obsesión baja. Soñé que llegaba a un edificio que era el de Raira, pero en el sueño no era la casa de ella, y que él estaba ahí, no recuerdo ahora si adentro del vidrio, con una camiseta de River y una bermuda de jean. L es hincha de River. Son todos hinchas de River. Vaya mierda es el fútbol y el fanatismo vacío.

Ayer he ido al turno médico, luego a despedirme de Luna. Después fui al taller de escritura. Debo escribir ficción.

*

Jueves. No amanecí de buen humor. Tengo mucho sueño. Me pregunto todavía si debo cambiar de medicación. He decidido que dejaré la decisión para la segunda semana de abril, cuando vea a la médica de nuevo.

Soñé con mi tía de la Florida. Yo estaba en un escenario, en un teatro, con una compañera que me ayudó a armar el monólogo que presenté en Bogotá, la Inmunda, y mi tía estaba en el público, y al final, por más que yo la miraba, y sabía que ella me había visto, ella no me miraba más, y se iba. Después estábamos en su auto, una camioneta, y estaba su hijo, que le decía todo el tiempo “te quiero mucho”, estaba mamá, y yo bajaba con mamá de la camioneta para sacar dinero de un cajero electrónico, pero no podíamos sacar plata. Algo así, más complejo. No quiero narrarlo. Muy relacionado con todo lo que vivimos después de la muerte del abuelo. Nunca más le escribí a mi tía luego de esos sucesos. La extraño. La quiero. Continue reading “El infierno son los otros”

Mi fuego

Ha sido una linda velada. Fuimos a cenar con Laitan y Luana, mi amiga ecuatoriana que está de visita en Buenos Aires. Hemos ido a Palermo Soho, a un restaurante mexicano que amo y al que no iba hace años.

Ese mundo, el de los pudientes. ¿Lo soy yo? Puedo pagar una cena de vez en cuando. No he rendido lo suficiente en mi trabajo este mes, o eso creo. Eso paga mi vida. Debo vender más. Mi prima en Australia cambió de trabajo porque dice que las ventas obedecen más a la suerte que al esfuerzo. A veces siento que le debo la vida a mi trabajo. Y no me gusta sentirme así.

Volveré a escribir lo mismo tantas veces como sea necesario hasta que se vaya diluyendo la obsesión, hasta que llegue una nueva. No. Que no llegue nada, quiero estar tranquilo.

He pasado por el bar del que me habló S. En Palermo Soho. Hace mucho no frecuentaba la zona. Hace mucho no era un burgués más sentado en un restaurante lleno de burgueses.

*

Sábado, 16hs. Seguramente me cambien de medicación. Es inaudito que duerma todo este tiempo. Tengo miedo. Ha sido la gota que rebosó la copa. Dormí 16 horas. Y aún tengo sueño, pero debo ir al lavadero. Quería hacer algunas compras, pero ya es tarde y no tengo energía. Debo comer. Y esperar un par de horas después de comer para tomar la medicación de nuevo. Continue reading “Mi fuego”

Un señorito

Todavía adormecido. Son más de las 11 de la mañana. Es domingo. Es la pastilla esa. Quién sabe cómo lo llevaré durante la semana que debo ir a trabajar temprano.

La vida en oficina.

He soñado mil cosas. No sé bien qué escribir primero.

Ayer mamá estaba con alguien y no quiso decirme con quién. Me mintió. Me adelanté yo y le dije: “¿sola?”. Y ella: “sí, sola”. Sé que mentía.

La vida en la oficina: ahora pago mis días, mis cuentas, mis gastos, mi ahorro con una vida, una cotidianidad en una oficina. En el ensayo las cosas han estado bien. Es definitivo que algo se rompió más en la relación con Dante, que algo no fluye. Su vida y la mía, sus intereses y los míos no encajan. Incluso ha dicho a manera de chiste algo así como que si queríamos seguir el proyecto sin él estaba bien. Lo quiero. Pero lo descubro alejado de mis pretensiones e intereses.

¿Cuánto tiempo más deberé ir a una oficina, esa u otra, para pagar mi vida? Mi prima me aconseja que me cambie de sector, así puedo ganar más dinero. Y actuar por los costados, por los lados, ser artista en el tiempo libre, no vivir de eso. ¿Hasta cuándo? Y es que son nueve horas de mi día. Una de almuerzo, está bien. Y ellos mismos me proveen el alimento. Está bien. Agradezco. Pero quisiera fuese menos. Seis horas, por ejemplo. Con los mismos resultados, mismo sueldo, o incluso más dinero. ¿Deliro?

*

Lunes. Miedo. Ganas de escribirle. Hablo de L. Ha puesto un estado: “Volver a empezar”. Me pregunto cuándo será un buen momento para escribirle. Me pregunto qué espero de eso, de escribirle.

El miedo aparece solo, en mitad de la noche. El tipo de arriba hace ruidos. Sin embargo, he podido dormir bien, creo. Percibí también el goteo de su aire acondicionado sobre la baranda de mi ventana. Continue reading “Un señorito”