L

Empezar una historia aquí, una historia allá. Siento como si una semana no fuese suficiente. Necesito más días para escribir, necesito divertirme más. Son unas vacaciones un tanto limitadas por lo económico.

*

El hombre juega en la cancha de al frente, el profesor que me gusta. Es miércoles, es mediodía. Desperté hace una hora. Y lo veo jugar, lo veo mientras da clase, es fuerte, es masculino. Gozo de verlo ejercitarse, tan fuerte, tan diestro con su raqueta, con sus movimientos de varón.

*

He gastado todo mi sueldo. Y hago conjeturas de cuánto me pagarán, si pagarán mañana, si podré comprar esto y aquello. Y quiero darme una fiesta, pero al mismo tiempo estoy todo alérgico por la marihuana.

El furor, esa desesperación del goce en el momento del sexo. Ver al otro así, en su placer enloquecido.

Ayer he tenido sexo. Quiero tomar cocaína.

*

Me habló un posible cliente, pero no cerré nada. Me la paso encerrado. Y ayer vino uno y tuvimos sexo. Pero tengo ganas de un macho fuerte. No como el de ayer.

Al de ayer lo conocí en diciembre, en una de las salidas con Dickinson. Había venido ya una vez a casa. No me disgusta, pero tampoco me gusta. No es mi tipo.

Estoy armando el currículo a ver si despliego un poco más mis alas. Con calma. Sobre todo ahora que la gorda cerda no estará.

Quiero un hombre. Me he quemado la punta del labio con una tuca (léase un restante diminuto de porro).

Me angustio con terminar pronto esos currículos, salir de eso, pero lo hago a paso lento, no quiero hacerlo en realidad.

Son lindos días, a pesar del frío (que tampoco es frío). El cielo está despejado.

*

¿Y si no hubiese gastado todo yo, entonces él se hubiese quedado al lado mío también como ayer, que no nos separamos en toda la noche? ¿Y por qué no quiso tener sexo? Y todo mediado por la búsqueda de cocaína, por el consumo después. Estuvimos toda la noche juntos, le pedí que no me dejara solo, fuimos a un bar, al otro, y después a un boliche, y no hemos hablado con nadie, en nuestro código de tomar a escondidas, en nuestra locura, el efecto de la droga, y luego hemos tomado una cerveza, bajo el techito afuera de otro bar, después de irnos del boliche, y la tormenta cayendo, y él accedió a venir a casa, y después acá, ya en mi cama, ha dicho que qué bien que vino, y dormimos juntos, y lo toqué, lo acaricié, lo más que pude, antes de dormir he bajado y he besado con esmero su parte de atrás, pero él se quedó dormido, y al día siguiente, hoy, no quiso nada, no quiso que siguiera lamiendo su miembro cuando empecé a hacerlo, subió su pierna, y con su rodilla, suavemente, sacó mi cabeza de su entrepierna, no quiso sacarse el bóxer cuando se lo he pedido, ya para ese momento con la sola intención de masturbarme viéndolo. Entonces, después, mientras él dormitaba, no he podido hacer más que tocarme, y acabar mientras olía yo su axila, el olor de su fuerza. ¿No le gusté completamente? Ya me había dicho que no quería eso, desde que lo contacté vía Facebook: “vos querés coger y yo no quiero”, dijo. Pero le pedí que me ayudará a comprar droga, y nos sentamos en la calle mientras esperamos, y tomamos unas cervezas, y fuimos a un bar, y vi el hostal, la pensión en la que vive, y después todo lo demás, todo un trabajo, para traerlo a mi cama, y tocarlo. Y no quería coger, era cierto. ¿Por qué? Que está asexuado, eso me dijo desde antes. ¿No sos vos, soy yo? Por un lado me hiere, por el otro me ha agradado tanto abrazarlo durante horas, acariciarlo, embelesarme con su aroma.

Nos besamos. Antes de dormir, de bajar a explorar su parte de atrás, le pregunté: “¿te puedo dar un beso?”. “Los besos no se piden”, me ha dicho. Y nos besamos. Pero no accedió a más.

Lo he llamado linyera en estas líneas, hace unas semanas, cuando escribí sobre él. Lo llamé así movido por ese mal humor tan frecuente en mí. Ahora me arrepiento de haber usado esa palabra.

Y al final, seguro que él intuyó que yo le quería dar un beso en la boca, pero mi intento no fue contundente, él puso la mejilla, siempre decente, disimulado, actos pequeños.

Exageraría si dijera que me enamora. ¿O no? Que quisiera que él me ame, eso sí, como con todos, y que siento deben enloquecerse por mí. Que ha sido una linda historia. Y que no debí preguntarle si nos veríamos de nuevo, porque no sé incluso si yo quiero verlo: no tomaré cocaína en mucho tiempo y si no hay sexo, ¿para qué?

Vaya si he recorrido. Aunque poco en términos de países, las situaciones y los universos tan variados en los que he entrado. L, llamémoslo L, el hermoso L, es más del bajo mundo: tiene 31 años, recién terminó la secundaria, trabaja de bell boy en un hotel y quiere entrar a estudiar ciencias de la atmósfera. Sé y siempre intuí que no es él la persona para enamorarme. Pero vaya si es macho, vaya si es pibe de barrio, que va a la cancha, que juega a la pelota, al pool, bien de tomar birra en la plaza, con su cuerpo sin grasa, su color moreno, el argento morocho.

*

Ya pasará. Como todo. Es un nuevo día. Es martes. Feriado. Es un día hermoso. Temo enfermarme: no sé si bajó la temperatura o si es mi cuerpo, que después de la lluvia y la gira del sábado y del domingo, ha quedado así. Aún me pregunto por qué L no quiso tener sexo conmigo, me he obsesionado en la madrugada, durante el sueño, y aunque he podido dormir, en los momentos en que he despertado, he pensado en todo, en que me hubiese gustado que accediera a más. ¿Fui rechazado? Pero si durmió, pasó horas acá, no se quejó ante mis caricias, mis besos en su cuerpo. Pero puso su límite.

Podría escribir todo sobre él, sobre mi impresión de él. Así tal vez me saco la obsesión. Espero no sea tal cosa, no pase a mayores, no se me quede impregnada en el cuerpo su historia.

Ya pasará. Me saqué las ganas. Espero haber quedado en su recuerdo con una buena impresión. Aunque es obvio que él me gusta más a mí de lo que yo le gusto a él.

Que le han propuesto dinero por sexo, que alguna vez accedió, pero que luego de concretado el acto quisieron pagarle menos, que no fuéramos a ese otro bar donde yo quería ir, porque ahí tal vez se encontraba con gente que iba a querer pagarle por sexo. Y yo con ganas de estar con él. Y al final durmió conmigo. No me conformo.

 

Cada uno con sus maneras de abordar la sexualidad, con sus necesidades. Unos tan proclives a la calentura. Y otros…

Aunque me sienta rechazado, debo aceptar los tiempos, procesos de los demás, de él. Si se quedó conmigo… ¿o lo digo sólo para convencerme? Son sus tiempos, sus etapas.

 

Iré al lavadero. Y luego… no lo sé. Quisiera escribir. Algo que hice poco durante esta semana. Estoy cansado. Mañana debo volver al trabajo. Y estoy cansado. Ya pasará, me digo. Ya volveré a enfocarme en mí. Si bien no ha sido la más fuerte de las situaciones, si bien todo ha resultado sin agravantes negativos.

 

Ese no es el tipo de mundo que busco. Ya lo conozco. Ahora, a otra etapa. Debo ser paciente. Cuánto más. Quién lo sabe. Bancarse la soledad, la necesidad. Aunque me quede un tiempo obsesionado de la necesidad misma.

 

Ya después me doy ánimo, me digo que he logrado mi cometido, que he salido de fiesta, que tengo un trabajo con el que me puedo pagar una fiesta, pagarle a él incluso que no puso un peso, que se han alineado los planetas, él estaba solo y yo también, y ha accedido a venir a casa, algo que quería yo hace rato, y he dormido abrazado a él, nos hemos besado, besé las partes de su cuerpo que quise, hubo fiesta, hubo caminata, feria, corzos, bar, boliche. Tuve el dinero para pagarme todo, para brindarle a él, y para darnos una noche de diversión que terminó con él en mi cama, durmiendo conmigo. Me repito.

 

Hay una parte de este bajón que es química. Porque estoy descompensado ahora. Pero después de eso: qué bien que la pasé pienso. Y sería una estupidez de mi parte quedarme con la idea del enamoramiento, de la falta, de la inconformidad. Ha sido maravilloso.

*

Miércoles. Quisiera una noche de sueño profundo, como los primeros días de las vacaciones. Hoy debo volver a la oficina. Ese mundo. Tengo miedo. Me enamoro, me enamoré de nuevo. Me obsesiono. Noto bondad en el otro y me enamoro. Que tenga un cuerpo hermoso es parte fundamental, por supuesto.

 

Algo de culpa siento. Ahora debo ir a trabajar. Debo hacer dinero. Culpa por haber gastado, por haber consumido esa sustancia. Sentimientos encontrados. No es grave. Es tan solo que quisiera dedicarme a los placeres, a la buena vida, al amor sano, que fuera fácil amar, ser amado, vivir en general. Soy un privilegiado. Y debo agradecer. Debo cuidarme. Debo sólo pensar en mí. En estar tranquilo.

Y amigarme con esta necesidad, no pelearla más, aceptarla. Debo aceptar las reglas del juego, por llamarlo de alguna manera, las cosas cómo son, la necesidad de cariño, de contacto, de acariciar y ser acariciado, de tocar, de besar, de amar. Amigarme con eso, no rechazarlo más.

Ha sido hermoso tenerlo en casa. Aunque ahora lo sublime a él y a todo lo que sucedió. Aunque no sea el mundo que quiero habitar, ¿cómo llamarlo?, un bajo mundo. Ojalá pueda salir él de ese vicio. Ahora debo ocuparme de mí, de mis procesos, de mi vida, disfrutarla y dedicarme energía a mí.

Cómo ser menos avocado a la nostalgia, y capitalizar estas noches en un recuerdo feliz y no vivir en el deseo de que fuesen eternas. Si la he pasado bien… Me gustaría que fuese más fácil pasar la página.

*

Que estoy enamorado, que nuevamente deposito la necesidad en un cuerpo, que sueño, aunque no sé bien con qué, sueño con su energía acompañándome, al lado mío.

*

Días de dolor profundo. Pienso tantas cosas. No he podido escribirlas de la vergüenza que me da conmigo mismo estar hundido de nuevo en estas sensaciones.

Me siento rechazado. Y al tiempo busco excusas para decirme que no fue así. Lo ubico en un pedestal, lo veo feliz, y yo desgraciado sin su deseo. Pienso en hablarle, en hacer esto o aquello con él, en ir al cine o que me ayude a hacer algunos arreglos acá en casa.

Lloro en las noches. ¿Estaré victimizándome? Espero que el dolor me ablande, que me haga más compasivo, menos combativo.

Es un desamor profundo, un deseo idílico de poseer y ser poseído, el sueño de la compatibilidad, de la fluidez en el andar. Pero él es diferente a mí, muy diferente, él y su vida. Y nos hemos unido una noche, y he quedado con ganas, con preguntas, con recuerdos, con vergüenza, frustrado. Con la idea del amor, de lo que quisiera que fuera ya. ¿Fui rechazado? Pero durmió conmigo. Pero no quiso más. Se dejó abrazar. Debo aceptarlo. ¿Tuvo que ver mi gordura? ¿Qué puedo ofrecerle? Lo efímero, lo fugaz, a esta edad aún el mismo dolor de hace tiempo, el dolor de la soledad mezclado con el despecho, la ira de la frustración se transforma en el intento de una rendición absoluta, rendirme ante la vida, y que sea lo que sea.

Ojalá viniese, me digo después. Ojalá se quedara conmigo. Eso le digo en silencio: quédate conmigo, yo puedo hacerte feliz. Palabras, promesas, deseos. Ojalá vinieses. ¿O es todo esto una idea, es todo superficie, es sólo que deposito en un cuerpo el deseo de amor, pero no es él realmente a quien amo, porque ni siquiera lo conozco?

*

Ahora estoy mejor. Las flemas empiezan a hacerse notar. Ya hace varios días. Ahora quieren salir, por suerte.

Ayer Laitan me ha ayudado bastante con sus palabras: me ha dicho que es un momento para ocuparme de mí, no de los demás. Estoy a puertas de un tratamiento importante. Laitan ha dicho eso entre otras cosas que leeré de vuelta hoy seguro, porque la obsesión no desaparece de un día para el otro, y he quedado con unas ganas enormes de proteger, ayudar, amar a ese hombre. A cambio de amor, claro. Quiero su amor. Y no estoy en momento, en situación de conquistar ni de gastar energía y dinero de más.

Laitan me ha recordado lo que decía el terapeuta, que estas obsesiones (P, el cordobés, el barbudo S y ahora el hermoso L) son parte de una estrategia inconsciente para tapar otros asuntos que duelen o mortifican y a los que no les doy la cara.

Por un lado, opera el asunto del subidón emocional, las hormonas disparadas, la felicidad al palo, y luego el bajón de encontrarme sin él, con la realidad de que no quiso darme su cariño. Y por el otro lado, esta necesidad más que natural de ya encontrar a alguien y estabilizar mis emociones, dar y recibir amor, llevo años soltero y ahora quisiera parar el desenfreno; porque, aunque tenga etapas tranquilas, siempre termino necesitando de nuevo el otro cuerpo, y en medio de la soledad canalizo todo en las ideas sexuales.

Le hablo al barbudo, a S, con la firme idea de que un clavo saque otro clavo. Ya no me gusta, ya no me importa, ya no es esa vida de ingeniero clase media alta la que anhelo; ahora quiero la humildad, la risa cómplice del chico de vida loca, del chico de barrio que juega a la pelota y que se emociona y es feliz con cosas simples.

Romantizo. Siempre lo hago. La idea del hombre pobre que ha sufrido, y percibo un dolor que incluso él tal vez no, un dolor que él tapa con la ingesta continua de cocaína durante años. Si tan solo pudiera ayudarlo…

Le he escrito a papá. Le he contestado el mensaje de fin de año y le he deseado un feliz cumpleaños atrasado. No quiero guardar enemistades, no quiero ser el hombre resentido.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

3 thoughts on “L”

  1. Esas descripciones me impresionan, lo haces con lujo de detalles, a mi me aburre mucho hacerlo, inicio y lo dejo. Siempre es un gusto leer lo bien que lo haces. Abrazos querido anónimo, que estés bien.

    Liked by 1 person

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: