Es el destino de Furias (lo que en sus caras persiste)

Han sido días de llanto, aunque me dé vergüenza decirlo. No quiero con esto sonar débil, a víctima. Leí que quienes lloran, en realidad, somos más fuertes, porque llorar ayuda a un mejor manejo, a una mejor conciencia de las emociones.

Ojalá venga una época más tranquila, ojalá llegue una época de mayor tranquilidad, sí, el tema del internet me robó demasiada energía durante las últimas semanas, y detonó el martes en la noche con una discusión álgida, pesada, que me ha mantenido dolido, repitiendo la misma escena una y otra vez en mi cabeza, aunque no quiera, aunque quiera pasar la página.

Empecé a ensayar la obra. El proyecto sigue en pie. No es mi ocupación de tiempo completo. El otro viernes iré a un casting. Voy al proyecto de investigación en el lugar donde me formé. Así, tal vez, si lo enumero, puedo sentir que soy un actor, que soy un artista. El taller de escritura sigue en pie. Y todos los días, aunque sea poco, escribo. Escribo, sí. Me han publicado un cuento. No quiero llegar a la idea de la frustración. No quiero.

*

Domingo. Un poco más tranquilo todo. Anoche me he sentado a comer una pizza en uno de esos restaurantitos económicos. Ya se nota que la masa no es como la de antes. Han de estar ahorrando. Puedo notar la pobreza. Aunque lo haya escrito antes. Noto las diferencias entre las diferentes líneas de subtes, los estratos sociales, la inmigración pobre, la clase media argentina.

Quería, en realidad, anoche, hervir brócoli y zanahoria. Un poco de calabaza también. Y comer con el pollo que me he traído del trabajo. Pero no quería compartir el espacio con Melania. Así que, a pesar del frío, decidí salir. Pizza y vino.

Después, cuando volví, Melania cocinaba unas milanesas en el horno: Continue reading “Es el destino de Furias (lo que en sus caras persiste)”

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O una caricia también (Semana)

Sólo unos minutos para escribir. No debo desaprovechar el tiempo. Mido el uso que le doy. No me permito procrastinar. Es la hora. Debo ducharme, vestirme. Preocupaciones y acciones del burgués que soy. Al final no sé nada. Debo declararlo. Que no sé nada. Discuto tan álgidamente. ¿Y después, para qué?

*

Otra vez, los problemas con el Internet. Debo, entonces, enviarle un mensaje a mi casera durante el día.

La convivencia: ellos pisan fuerte, tiran las puertas, hablan a volúmenes que parecieran no tener en cuenta que hay otra persona acá. Anoche, intentando tomar una siesta cuando llegué de trabajar, se me acumulaban los odios por ella y por su novio que engullen comida y se regodean en la mediocridad simple de su condición de clase media argentina. Pirado, el novio, habla fuerte, grita, canta. Y ya no lo tolero. Debo tolerarlo, lo sé.

Debo enviarle un mensaje, tal vez un mensaje de voz, pero debemos solucionar el asunto.

Y que todo lo que escriba sea estas nimiedades, siento que no tienen valor, y sin embargo me enojan tanto. La desconsideración de su parte, que no tengan en cuenta al otro.

Y después tal vez me arrepienta de escribir estas cosas, de odiarla, d Continue reading “O una caricia también (Semana)”

24

24

Un diciembre que no parece tal. Una nostalgia que se cuela por momentos cuando recuerdo Macondo, cuando recuerdo la niñez, aunque no quiera para nada volver a ella. Una nostalgia que a lo mejor tampoco sea tal, una nostalgia que es anhelo, deseo, promesa.

Que toda narrativa es ficción. Y entonces mi vida, una ficción en estas líneas que es lo único que escribo por días, porque en medio de tanta convulsión (de tantos tormentos) a veces no me salen las palabras, no quiero dedicar tiempo a algo tan inservible como la escritura. Inservible es un decir, claro, en medio de toda la contradicción y la complejidad de hacer arte, si es que es arte lo que hago. La pretensión de arte, debería decir.

Una Argentina que duele, una Latinoamérica que duele, una Historia ahora triste. Una tristeza en el pecho, y el deseo de, como lo he dicho antes (siempre me repito), el deseo de quedar del lado feliz de la brecha, el deseo de privilegios, y la intuición de que me vuelvo un egoísta, aunque siga leyendo cosas, aunque siga pensando esas ideas, quisiera que no me importara nada, llenarme los bolsillos de guita, y ser como los ricos, ser uno de ellos, y andarme a cualquier parte, sin necesidad de trabajar, de depender de nada, de nadie, la libertad absoluta, de cuyo significado dudo más y más a medida que pasa el tiempo.

Pero ahora estoy aquí, ahora vivo en el lugar que tanto extrañé, estoy con la gente que tanto anhelé, e igual siempre hay alguna incertidumbre, alguna ansiedad, algo.

*

Llueve afuera. El profesor en el taller me ha dicho que Continue reading “24”

Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)

Obra de Maud Lewis

Esta necesidad de escribirlo todo, todo lo que me pasa. Y la contradicción de cuándo escribir ficción. Ayer veía Maudie, la película. Y aunque al final, cuando muestran imágenes de los verdaderos personajes, pude notar cuán adornado lo hacen los productores o los realizadores del gran cine, la película me hizo reflexionar sobre aquello de dedicarse todo el día a hacer arte. Cosa que he hecho por temporadas, siempre con la angustia de sentir que hago cosas que no valen la pena, y que debo ponerme en algún momento a conseguir dinero. Hoy, por ejemplo y para no ir más lejos. Hoy es domingo, y por eso me doy cierto permiso para saltar de archivo en archivo y escribir una cosa aquí, y otra cosa allá. También porque no anda el internet. Entonces no puedo buscar trabajo en esas páginas, a las que no he entrado desde hace unos días. Me doy permiso, sin tanta culpa. Y digo “tanta”, porque algo de angustia siempre hay igual. Siempre lo escribo, siempre pensando en la estabilidad.

Pero volviendo a la película: cuánto he deseado eso, simplemente dedicarme al arte. Pero en los momentos en los que lo he hecho, cuánta presión y cuán difícil enfocarse todo el tiempo en el oficio, como Maud, por ejemplo, que en algún momento (sí, después y a pesar de muchos tormentos) se dedicó a pintar todo el día, todos los días. Yo viviría actuando, con proyectos de teatro y tele, y escribiendo Continue reading “Escribir (o Violencia sistémica que se devuelve)”

Toda una semana (en el deseo) o Salvajes con un él

Ya, aquí. Con el sonido de la heladera, que es más vieja que la del departamento de al lado, y la oigo sonar desde el cuarto, un ruido frío, punzante. Otro más. Trato de adaptarme, debo adaptarme. No tengo muchas opciones.

Entonces pienso cosas, ya entristecido: los demás, los privilegios, los privilegios de unos sobre otros, y sin saberlos, sin registrarlos a veces.

*

Supongo que el asco se irá. He iniciado este sábado con una tristeza de aquellas, de niño sin protección. Pero ya luego he hecho lo que tenía que hacer, arreglar aquí y allá. He sacado el televisor, y otros elementos. Sigo con el desinfectante. Y en un rato supongo que iré a por una alfombra para la bañera, un gasto que no quisiera hacer, pero no puedo vivir con asco. Debo agradecer, lo sé. Este departamento es más chico, la heladera suena, no tiene suficiente espacio para guardar las cosas. Y así. No quiero llamarle una ratonera. No puedo tratar así a mi lugar de vivienda. A matchbox, dirían los anglos. En medio del sueño rabié contra las de la inmobiliaria que no quisieron inventarle alguna excusa a los huéspedes que vienen al departamento en el que estaba yo, era cuestión de decirles que estaba disponible el de al lado, y dejarme a mí en el que estaba por más tiempo, y listo. Pero no. He rabiado como un niño consentido. Y no puedo vivir con asco, así que debo encontrar estrategias. Es para lo que me ha alcanzado el dinero, concluyo. Y no esta mal, debo agradecer, me digo siempre. Las fiestas, el fin de año, el verano. Y escribir, y el teatro, y lo demás. Mientras, la heladera me sigue incendiando con su sonido penetrante.

*

“…me prueba una vez más hasta qué punto no soy el autor de lo que escribo, en el sentido de que hay cosas que me usan, que pasan por mí para manifestarse; y si esto es propio de todos los “arquetipos”, de todos modos siempre resulta alucinante saber, por otro, lo que se ha escrito sin sospechar y sin querer”. Cartas, 1971. Julio Cortázar, en una carta a Lida Aronne de Amestoy, escrita en Saignon, el 18 de agosto de 1971.

Eso leía anoche del gran maestro. Lo asocié con lo que dice Stephen King sobre las historias, que son como fósiles, que uno saca con las herramientas que la técnica le provee, pero que las historias ya están ahí, Continue reading “Toda una semana (en el deseo) o Salvajes con un él”

Tanta ropa cotidiana

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Y de repente, soledad. De repente es un decir, porque fue paulatino. Pero cuando me doy cuenta de la sensación, es como si hubiera sido de golpe. Por las tardes, después de buscar trabajo, un poco de tristeza me entra. Recuerdo aquel otoño del 2014, y agradezco que ahora sea primavera, haber venido en esta época.

Hoy, uno de los contactos al que le he enviado mi currículo me ha dicho que conseguiré trabajo fácilmente. Pues ya llevo un mes. O casi un mes. Y ni una entrevista. Ya escribí antes que tal vez sólo haga falta una, una sola, la empresa indicada, dar en el blanco, digo, a la primera. Uno nunca sabe. Ojalá.

Los días de sobriedad me vienen bien, me siento bien. La meditación, el ejercicio. Pero ya a eso de las cinco de la tarde se me va torciendo el deseo, considero suficiente la cantidad de concentración dispuesta en lo correcto, y me dan ganas de un porro. Hoy he buscado a ver si, como el otro día, encuentro algún resto que me sorprenda y que me haga la tarde. Pero nada, no he encontrado nada.

Y no sé bien qué historia continuar. Tengo tantas por la mitad, que no me atrevo a empezar otra. ¿Para qué? Si escribo una nueva, y me queda por la mitad, entonces ¿otra más a la lista de inacabadas? Continue reading “Tanta ropa cotidiana”

Con la palabra escrita (o Una necesidad que me está resultando incómoda)

Ha sido una noche terrible: la fiebre me mantuvo primero con frío; luego, cuando desperté para tomar por fin los antibióticos, casi ni pude alzar la jarra de agua por la debilidad, y a partir de ahí ya transpiré, cosa que supongo debo celebrar. Además, el asunto de la parálisis del sueño, que es horrible, y que no entiendo por qué o en qué momentos llega: pensé haberlo solucionado al no dormir boca arriba. Pero no. Hoy estaba de lado e igual me pasó: uno despierta, pero hay partes del cuerpo que no puede mover. Dicen que es normal, que sucede. Hay quienes sienten una presión en el pecho y una presencia. A mí eso me pasó poco. Pero lo de despertar y no poder moverse… Hace años me ocurre. Dios.

Expiar. El cuerpo pasa factura. Y abusé de mis capacidades el fin de semana pasado. El domingo el sujeto (un tanto roñoso) que vino a casa y que se fue sin todavía descubrir yo por qué (acto que me generaría después una culpa espantosa). El lunes me fui, sin importarme la lluvia, donde el Cobo a que me diera porro y sexo (otro acto que me generaría después una culpa insoportable). Me había embriagado el domingo, el sábado. Todo. Continue reading “Con la palabra escrita (o Una necesidad que me está resultando incómoda)”