Ya uno no sabe qué creer

A veces siento que se me agotan las palabras. O las ideas. Me cuesta escribir ficción. Bogotá tiene esa pereza, esa modorra absoluta en su clima nublado, gris, lluvioso, en su soledad. Siguen algunas molestias en los ojos. Y, aunque he hecho ejercicio, me dan culpa los dos días seguidos de comidas abundantes. Agradezco, sí. Hoy es domingo de pascua. El otro día hablaba por Skype con Raira, una amiga con la que estudié durante varios años en Buenos Aires. Me alarmó con su manera de ver la realidad. O con lo que se ve en la calle allá. Le consulté si lo que dicen los medios es así. Podría escribir sobre política, nacional e internacional, sobre la política de Argentina. No hace falta si no leer muchos diarios, muchos medios. Y eso lo hago siempre. Pero no. No quiero, me digo. Sigo con la ficción. Raira hizo hincapié en los despidos. Yo, en el tarifazo: ya hay un amigo que me dice que no llega a fin de mes. Me asombra cómo precarizan al trabajador, cómo tienen el apoyo de una derecha ignorante, y cómo pueden haber dicho que la mayoría se vería beneficiada. Algo les está saliendo mal, si ese era el objetivo, ya alguien les dijo. Otro amigo, en cambio, Sastel, defiende que repriman a los docentes que reclaman que el aumento de su sueldo esté por encima de la inflación, es decir, reclaman no caer en la pobreza. ¿Ignora Sastel que protestando se han conseguido beneficios de los que él goza y sin los cuales él sería incluso más miserable de lo que es ahora, en comparación con una persona que hace su Continue reading “Ya uno no sabe qué creer”

Ese maldito círculo

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Sí, mejor me quedo tranquilo, mejor no hago nada. Tampoco tengo plata para hacerlo. Pero igual, si tuviera… necesito mantenerme en la tranquilidad. Me acuerdo de esa época, de esos días del 2014 cuando me iba solo a los bares, a buscar con quién coger. Me tomaba una botella de vino solo, en casa, y después salía. Ahí no tomaba merca. Ya había pasado por la etapa de pastillero. La merca llegó en el 2015 de nuevo. Digo de nuevo porque antes de vivir en Buenos Aires ya había tenido episodios bastante intensos. Pero precisamente por eso la dejé. Cuando la volví a probar, después de años, me agarró con locura. Por periodos. Ahora llevo un buen tiempo sin enloquecerme. Pero ya voy sintiendo la necesidad de autodestrucción. Es así, es como una regla: cuando entro en etapas muy dolorosas, me anestesio con sustancias. Como eso que dicen de ahogar las penas. Yo las ahogo con alcohol, merca y sexo. A veces con éxtasis. Pero ahora no quiero eso. Entre otras cosas, porque salir de fiesta no es celebrar, es enlodarme en la tristeza. Es el círculo: caeré mucho más profundo de lo que estoy, luego la vergüenza, la culpa, será difícil salir de ahí, Continue reading “Ese maldito círculo”

Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo

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Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo. Ayer lo hice después de… no sé, ¿más de un mes? Mes y medio, tal vez. Perdí la cuenta. Por lo menos ahora sé cómo luzco con barba, desprolijo. No es sólo la barba, también el pelo: hace mucho no me lo corto. Todos los días me digo lo mismo: “mañana iré, mañana iré”. Pero no voy. No quiero salir, le  he agarrado fobia a las calles, a caminar.  Tal vez ahora que termine de escribir esto vaya a la peluquería.

Adela quería ir a almorzar ayer. Le había dicho que sí desde la noche anterior. Pero no me desperté. El día anterior me acosté a eso de las 2. A las 4 de la mañana tuve un episodio de malestar estomacal que me tuvo en el baño durante Continue reading “Nunca había dejado de afeitarme durante tanto tiempo”

Aprendiendo a vivir (en la incertidumbre)

Todos los días, lo mismo. Hasta que algo cambie. Pero mientras, estas vacaciones forzosas son así: despertar, hacerme café, un porro, y sentarme a leer y a escribir. Ya hubo etapas así. Pero claro, antes era más joven. Ahora, de adulto, debo hacer dinero, debo pagar mi vida. Y más que eso, hacer algo con este don de escribir y de actuar. Me digo que haré dieta, que dejaré la marihuana, porque si no, no voy a parar de comer. Pienso en varias opciones, pero me centro en una: trabajar aquí en Bogotá. ‘Book a gig’, dicen los yanquis. Tal vez deba soltar más. La nostalgia es tan fuerte. Todo el día. Porque como no tengo nada qué hacer, la mente divaga, de un lado a otro. Y más con el uso frecuente de la hierba.

¿Y los amigos? Siempre pienso en los amigos. Ahora se ha sumado mi primo a esta ciudad. Los amigos… los de aquí, los de Bogotá, pensaba el otro día que no termino de sentirme cómodo nunca. Adela y su mundo me aburren. La única es Áspora, la relación con ella pasa por un buen momento. Ella es alguien con quien realmente disfruto estar. Y bueno, Jipa, que no es una amiga íntima. ¿Quién más? Dunia. Continue reading “Aprendiendo a vivir (en la incertidumbre)”

Los días siguen lluviosos (o Te prometo el éxito, mamá)

Todos los días llamo a mamá. Hoy tal vez no. Me he repetido toda la semana que debo dejar de hacerlo. El lunes hablábamos tranquilos hasta que se me ocurrió darle optimismo, decirle que todo iba a estar bien, que tuviera confianza en Dios. “Tienes que conseguir un trabajo, tienes que conseguir un trabajo”, me repitió en tono de cantaleta. Yo quedo histérico. El miércoles me preguntó por las tormentas en Bogotá. Me dice: “No me gusta esa ciudad”. Y agrega: “Y no me gusta la gente que no trabaja”. Me está presionando. Y tiene razón. Sí.

Me enoja que no valore que por lo menos pagaré mi alquiler en diciembre porque me pagarán los capítulos de la novela esa en la que trabajé. Quiere más. Claro. Yo también. Me excuso. No se lo digo. Pero insisto en que no busco un trabajo de tiempo completo porque no me permitiría actuar, hacer castings o hacer teatro. Y aquí en Bogotá, en Colombia, no es lo mismo que afuera, los trabajos de medio tiempo son muy mal pagos. Continue reading “Los días siguen lluviosos (o Te prometo el éxito, mamá)”

Martes, arranca

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Desperté antes de las seis de la mañana. Quería dormir un poco más, pero los pensamientos me hacían burla. He discutido mucho en mi mente con mi amiga Áspora, con esa noción de sacrificio que tanto ella defendió el viernes. Ante mi consulta sobre mi situación, dijo que debería mudarme a un departamento en un barrio más barato. He barajado la idea de irme a Buenos Aires, porque allá me será más fácil conseguir un trabajo de medio tiempo, un trabajo en algo que no estará relacionado a mis carreras. Pero por lo menos tendría una entrada de dinero. (A decir verdad, tampoco tengo lo necesario para emprender una empresa como un viaje a Buenos Aires, pero antes que quedarme aquí esperando que “reviente” algo en actuación, antes que verme completamente impedido para salir de esta miseria que aborrezco cada día más, antes que eso, prefiero escapar pronto, ahora). Ella me dice que me quede, pero que me mude a un lugar austero. Si bien no tengo problema en irme a un departamento más chico, cambiar de zona es el problema. Pero incluso la idea de mudarme, pensar en activar todo ese cambio me proporciona un malestar enorme. Prefiero, me digo, antes de moverme en esa dirección, irme, y volver a habitar las calles de esa ciudad de la que vivo enamorado, Buenos Aires, volver a ella y a mis amigos allí. Continue reading “Martes, arranca”