Diario de abril

Esta semana haré de nuevo el vision board. Usaré las mismas imágenes que usé para el de Macondo. Los sueños son los mismos. Debo tenerlos claros, no perder la visión. Ayer hablé por teléfono con Áspora, mi bella amiga. La conversación me ayudó a desahogar mi frustración y todo lo que generó el encuentro con el tipo este, S, y que no haya percibido él que soy un actor que escampa en un trabajo de oficina.

Áspora me dice que debo ser mercenario, que entiende que es difícil, pero que es parte del proceso, que vaya uno a saber por qué la vida me pone en estas, que me lo tome con calma, y que, si no es el momento para estar en pareja, me conviene aceptar que no lo es. Me escuchó. Reímos. Hace mucho no reía. Me ha dicho que ahorre, que sea persistente en mis sueños, que estoy bien, que este trabajo era lo que necesitaba para vivir, que me acuerde de las épocas en Bogotá La Inmunda, cuando debía pedirle a mamá y a papá para cada movimiento, cuando no hacía nada de nada, y la angustia que eso me causaba era horrible.

Hoy desperté un poco triste aún. Quisiera verlo. Hablo de S. Quisiera calor, cariño. Y quisiera explicarle mejor mi vida. Dormitar en sus brazos. Qué peligro. Es mejor dejarlo ir ahora. Continue reading “Diario de abril”

Un señorito

Todavía adormecido. Son más de las 11 de la mañana. Es domingo. Es la pastilla esa. Quién sabe cómo lo llevaré durante la semana que debo ir a trabajar temprano.

La vida en oficina.

He soñado mil cosas. No sé bien qué escribir primero.

Ayer mamá estaba con alguien y no quiso decirme con quién. Me mintió. Me adelanté yo y le dije: “¿sola?”. Y ella: “sí, sola”. Sé que mentía.

La vida en la oficina: ahora pago mis días, mis cuentas, mis gastos, mi ahorro con una vida, una cotidianidad en una oficina. En el ensayo las cosas han estado bien. Es definitivo que algo se rompió más en la relación con Dante, que algo no fluye. Su vida y la mía, sus intereses y los míos no encajan. Incluso ha dicho a manera de chiste algo así como que si queríamos seguir el proyecto sin él estaba bien. Lo quiero. Pero lo descubro alejado de mis pretensiones e intereses.

¿Cuánto tiempo más deberé ir a una oficina, esa u otra, para pagar mi vida? Mi prima me aconseja que me cambie de sector, así puedo ganar más dinero. Y actuar por los costados, por los lados, ser artista en el tiempo libre, no vivir de eso. ¿Hasta cuándo? Y es que son nueve horas de mi día. Una de almuerzo, está bien. Y ellos mismos me proveen el alimento. Está bien. Agradezco. Pero quisiera fuese menos. Seis horas, por ejemplo. Con los mismos resultados, mismo sueldo, o incluso más dinero. ¿Deliro?

*

Lunes. Miedo. Ganas de escribirle. Hablo de L. Ha puesto un estado: “Volver a empezar”. Me pregunto cuándo será un buen momento para escribirle. Me pregunto qué espero de eso, de escribirle.

El miedo aparece solo, en mitad de la noche. El tipo de arriba hace ruidos. Sin embargo, he podido dormir bien, creo. Percibí también el goteo de su aire acondicionado sobre la baranda de mi ventana. Continue reading “Un señorito”

Tu espalda, L (Valentía)

L

Ahora estoy más tranquilo. Debo escribir alguna historia. O enviar al taller de escritura esa de temática homosexual. Aunque me da miedo revelarme.

No he podido dormir siesta. He salido en la mañana a comprar algunas cosas, he ido a la peluquería, y he venido a ducharme y a cocinarme, pero la tos no me dejó conciliar el sueño profundo. Será una linda noche. Una noche de descanso. Pienso en él, en ellos. Pero estoy mejor ahora, más tranquilo.

Yo quiero ser una buena persona. Quiero trabajar mis emociones para dejarme llevar menos por la cólera y la ira. Tampoco ser un tonto, sobre todo en esas situaciones en el trabajo en las que los egos, las soberbias, el veneno emergen.

Pienso en él, en L. Siempre, como ya es costumbre, pienso en un hombre. Entro a ver si está conectado. Estoy más tranquilo, pero sigo deseando que me busque. ¿Para qué? Hoy percibo cierta picazón en el pecho a causa de las flemas. Quiero que L me escriba. No lo haré yo. No por ahora. No hoy. Es muy pronto. Y ya lo escribí, ya me lo dijo Laitan, debo concentrarme en estar bien, en mi proceso, en mi cotidianidad, en cuidarme. Y acercarme a un hombre como él no me va a ayudar en lo más mínimo, mucho menos sabiendo que no le gusto.

*

Domingo. Picazón en la garganta. No he podido dormir bien. Las flemas aún no salen. Así que a pesar de haber tomado un poco de la pastilla linda esa que me adormece, no ha sido una noche de descanso absoluta. Además, el sujeto de arriba ha estado moviendo cosas en la madrugada. Le envié un mensaje por Whatsapp, aún no ha respondido. No me he enojado, por suerte. Fui amable con mi mensaje.

Me quedé enojado con la respuesta de una compañera, una de las tantas conchudas que hay. Esta es un tanto mayor y lleva muchos años trabajando ahí, tiene un aire de superioridad y habla fuerte. Su veneno aún circula en mí. Hablo agitado, como si estuviese con ella, le respondo alterado frases que tal vez luego repita en caso de que se dé la situación. Debo tener cuidado. No debo estallar. No de nuevo.

Vivo pensando en mis relaciones con los hombres, en que me gustaría no haber sido tan sexual en esta vida, tan loco por lo genital, por irme a la cama con tantos, en reservarme, cuidarme y estar solo con varones hermosos. Vaya si he conocido chicos lindos, pero si aplicamos el filtro, son muchos con los que estuve sólo por estar, sólo por borracho, por drogado. Debo aceptarlo. Aceptar la necesidad, Continue reading “Tu espalda, L (Valentía)”

En continuado

cdlap00004444

He conseguido este departamento gracias a Dante. No está mal. El problema es la zona. Pero tampoco es un problema, exagero.

He conseguido pagar mi vida. No sé si era demasiado notorio que la camisa que usé hoy era vieja. Pero quería usar algo diferente. Supongo que mi sonreir constante delataba mi felicidad.

Llovizna en Buenos Aires. He permanecido encerrado esta tarde. He dormido una linda siesta. Hay un tema que me da vueltas, pero no debo obsesionarme. Fumo marihuana. Pienso en la oficina. En que seguiré conectado. Sólo por las comisiones.

Vender. Me dedico a vender, todo un oficio. Lo mío, al parecer, son los oficios. Algo estudié. Tal vez podría más.

Es hermoso que llueva y que yo esté aquí, drogado.

Pensando. Escribiendo.

Continue reading “En continuado”

Estallido II (¡Ha sucedido, estoy de vacaciones!)

The anachist - Schneider - 1984

Viernes. Por fin. A las 12 termina mi jornada hoy. Iré a comprar unas cosas y a por la llave del teatro, para la reunión del domingo con el prospecto de director. Con el director anterior, el que nos ayudó durante un par de meses el año pasado, no llegamos a buen puerto. Quiso cobrarnos.

 

Ahora estoy mejor. En esta etapa, quiero decir. Hoy nos han dicho que nos aumentarán el sueldo. Creo que cenaré arroz chino nuevamente. Solo por hacer algo. Ha terminado bien la semana. Creo que me va bien en el trabajo. El domingo nos reuniremos con el director que podría dirigir nuestro proyecto. Quiere cambiar algunas cosas, así que habrá que negociar.

*

Ahora el sexo no es lo mismo que antes. La necesidad cambia. Ha cambiado, puedo percibirlo ahora, con el paso del tiempo. Y por un lado, una parte de mí extraña ese momento en que el goce era más sencillo, o de más fácil obtención. Sin saberlo. Más joven, más bello. Otra vida. Siempre atormentado, por una razón y por la otra. Hoy pensaba en mi ex. Debería escribir ficción en vez de estas líneas. Siempre digo lo mismo. ¿Tomaré en algún momento la decisión de no repetirme? No tendrían propósito pues estos cuadernos virtuales si no desahogo el cúmulo de pensamientos, sensaciones, sentimientos que me estallan por dentro, me hacen estallar. Continue reading “Estallido II (¡Ha sucedido, estoy de vacaciones!)”

Estallido I

DAVID-GOLIAT-kIdF-U201111563982eOG-620x450@abc

No puedo sacarme de la nariz el olor que percibí en los genitales del hombrecillo del sábado. Ya conocía al hombre. Musculoso arriba, no así sus piernas, por lo que se ven diminutas comparadas con su torso abultado. Y yo de puro caliente, lo he buscado en la mañana, y en la noche cuando me ha escrito, le he dicho que sí, que viniera a casa, y ya cuando lo vi abajo, cuando entró al departamento sabía que no disfrutaría. El tipo ni siquiera consiguió una erección completa.

Lunes. Trabajar. La primera de dos semanas antes de las vacaciones, de despedirme de la cerda por un largo periodo. No está bien contar los días.

*

He soñado cosas, algo de un restaurante, gente tocando al piano en el lugar de enfrente, algo erótico con uno de los pianistas, algo con el venezolano del trabajo, que no aparecía en el sueño, pero que trabajaba en el restaurant.

Anoche planché, vi videos de motivación, logré sacarme de encima el rastro del veneno de algunas  ahí dentro en la oficina, de la infelicidad humana, tan normalizada.

*

Después de hablar por teléfono con mamá, de que me dijera que estaba viendo novelas, y me nombrara a un par, entré a las páginas de los canales colombianos y me he preguntado cómo fue posible imaginarme en medio de esa basura, cuán desesperado estaba por actuar, cuán entristecido en la boletería esa en la que trabajaba en Buenos Aires, en aquel 2015. En fin, no viviré en el pasado, pero vaya si fue significativo ese paso por la Inmunda (Bogotá). Continue reading “Estallido I”

La agitación cotidiana (más de)

El sujeto de arriba sigue haciendo esos ruidos. Sospecho que tiene una cama closet o un sofá cama, y lo que suena en la noche es el golpe en el piso cuando la abre. Ha parado con los pasos fuertes. Esta madrugada le envié un mensaje, le puse: “¿cómo más tengo que decírtelo? ¿Será necesario ir a la justicia?

El asunto impacta en la calidad de mi sueño. Aunque el fin de semana he dormido bien. Ayer, sábado en la madrugada hizo un escándalo otra vez. Le golpeé el techo con la escoba. Paró un poco en ese momento, pero retomó al rato. Como ya era de día, no tenía manera de reclamarle. En la noche siguió, aplaudí fuerte y le grite: ¡basta! A las 4 de la mañana ha vuelto a hacer uno de sus ruidos y me ha despertado. Le he enviado un mensaje de texto.

Lunes. Debo ir a trabajar.

*

Sucesos. Ya narraré más detenidamente. En el banco me han dicho que no puedo abrir la cuenta en dólares porque estoy reportado por la deuda de hace años, cuando me fui a la Inmunda (Bogotá) y me ofrecieron preciso una tarjeta de crédito, y por más que pensé que la pagaría, entonces pasó todo lo que pasó, que nunca pude hacer dinero, y nunca pagué los gastos de esa tarjeta. Continue reading “La agitación cotidiana (más de)”

Tormentos (los demás)

Cuanto desprecio me generan los miserables desgraciados que se dan el lujo de ningunear, las jerarquías en la oficina, los privilegios, el mundo heteronormado, la estupidez. Pero debo aguantar, resistir, sólo porque obtengo dinero para vivir, porque necesito comer, vivir. Pero yo soy un artista, y quiero ser, seré reconocido como tal. Me he despertado odiando a ese mundo normal y feliz, la insolencia de la ignorancia con apenas una ínfima cantidad de poder. Me dan ira. Algo de pena también.

images

¿Qué haré para vivir? ¿Cuáles son las opciones para no vivir en un mundo de oficina constantemente?

No sé de dónde viene este dolor. ¿Es todo por la terapia de ayer? La intensidad de lo que percibo en el trabajo. El director al que convocamos que dice ahora que no va a tener tiempo suficiente. Me desespero, dolor, un fastidio que no logro apaciguar. Le hablo al linyera ese con el que quiero tener relaciones desde hace un tiempo, pero no me da pelota, le digo de tomar merca, pero responde cada tanto, se le nota el desgano, dice que me puede conseguir. Son las seis de la tarde, no sé qué hacer. Es viernes. Tampoco es que me sobre el dinero. Luego el chico me dice que sí, que nos veamos, que va a estar con una amiga en un bar. Continue reading “Tormentos (los demás)”

Sigue la vida (así, en verano)

Iba a escribir “viernes”. Pero es jueves. He dormido un poco mejor. Lo noto. Aunque, claro, he sentido el golpeteo de los pasos del hombre de arriba. Pero menos. Ha sido menos frecuente, menos intenso. Si empiezo a pensar, me enojo. Ayer el niño fresa de la oficina casi ni me saluda.

He terminado un cuento con temática homosexual. En febrero no iré al taller de escritura. No quiero mostrar este cuento y no tengo otro.

Debería pasar menos tiempo mirando las cuentas, debería preocuparme menos.

 

El tipo de arriba hace ruidos en las noches, se le caen cosas, acomoda, y me despierta en la mitad de la madrugada. Intento no mortificarme y no miento si digo que no siento bronca en este momento, pero luego no puedo conciliar el sueño durante un tiempo, y al día siguiente debo despertar temprano para ir al trabajo. Continue reading “Sigue la vida (así, en verano)”

Tormentos (o Mis zapatitos de gamuza)

Los días pasan y a veces, en algún momento del día, me pregunto el sentido de todo, el sentido de estos días, en los que pareciera estar en un piloto automático hasta que pueda volver a dedicarme a mis artes.

El trabajo. El chico que no me saluda. Y aunque no interfiera en mi desempeño, no quiero mantener enemistades. No haré nada por ahora. Es un niño, creo que no pasa los 23 años. Puedo ver mis miserias. Las miserias de congraciarme por ejemplo al saberme más afortunado que el uno o que el otro. Aunque luego caiga en envidias cuando veo a los más afortunados. Al chico este, cómo no odiarlo. Tal vez describiendo lo desagradable y torpe que me resulta. No quiero subestimarlo. El asco que me produce, el rechazo de la insolencia cuando habla y cree que decir algo inteligente y no es más que una estupidez. ¿Gente así llega a terminar la carrera de abogacía? Su vida en un monoambiente con su hermano. Su poca prudencia, sus modales brutos. Su apoyo a la derecha del país por ignorancia pura. La insolencia de la ignorancia. No ha dado resultado escribir esto para no enquistarme, porque, al contrario, pensar en esa insolencia, lo que produce es…

¿Qué hacer entonces? Verme a mí, reconocer mis puntos débiles, mi ignorancia, mis carencias, mis faltas. Pensar en mí. Verme al espejo.

Ahora debo ducharme, lo de siempre. No escribo tanto como quisiera. En las noches hago ejercicio, y a duras penas me queda tiempo para leer algo, a las 10 ya estoy cansado.

Es verano, por suerte. Es verano y estoy en Buenos Aires, como tanto quería. Pero ahora que estoy acá, esto no me satisface, Continue reading “Tormentos (o Mis zapatitos de gamuza)”