Tormentos (los demás)

Cuanto desprecio me generan los miserables desgraciados que se dan el lujo de ningunear, las jerarquías en la oficina, los privilegios, el mundo heteronormado, la estupidez. Pero debo aguantar, resistir, sólo porque obtengo dinero para vivir, porque necesito comer, vivir. Pero yo soy un artista, y quiero ser, seré reconocido como tal. Me he despertado odiando a ese mundo normal y feliz, la insolencia de la ignorancia con apenas una ínfima cantidad de poder. Me dan ira. Algo de pena también.

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¿Qué haré para vivir? ¿Cuáles son las opciones para no vivir en un mundo de oficina constantemente?

No sé de dónde viene este dolor. ¿Es todo por la terapia de ayer? La intensidad de lo que percibo en el trabajo. El director al que convocamos que dice ahora que no va a tener tiempo suficiente. Me desespero, dolor, un fastidio que no logro apaciguar. Le hablo al linyera ese con el que quiero tener relaciones desde hace un tiempo, pero no me da pelota, le digo de tomar merca, pero responde cada tanto, se le nota el desgano, dice que me puede conseguir. Son las seis de la tarde, no sé qué hacer. Es viernes. Tampoco es que me sobre el dinero. Luego el chico me dice que sí, que nos veamos, que va a estar con una amiga en un bar. ¿Se hace el que no entiende mis ganas de estar con él? Y así paso los minutos. Dormí una siesta más corta de lo que quería. El mal humor me agobia. He quedado con un malestar que no sé cómo tapar. Si pudiera fumar marihuana, si pudiera hundirme en el humo de la hierba y luego comer y beber y caer profundo, en un sueño que me permita descansar.

El tiempo libre se me presenta como un vacío al que temo, no sé a qué dedicarme, qué hacer. Esta noche.

Un ligero dolor de cabeza me perturba. Y no escribo más que estas líneas sobre mi presente. No escribo más. Mediocre. Triste.

 

Como si la maldad de los otros, esas miserias que veo constantemente, ahora por ejemplo en el trabajo, me hubiesen convertido en un tipo más duro, más recio, un tipo de peor carácter, así me siento.

Si bien la inocencia la perdí desde hace rato, siento como si hubiese perdido ahora el buen humor, la confianza en la gente, en el ser humano, como si ver la maldad me hubiese vuelto malo a mí también. Me encuentro odiando, detestando, oprimido, infeliz.

¿Cómo lograré encontrar la vida que deseo? He decidido dejar la terapia: el tipo usa un tono de reprensión que no me gusta. Sus maneras de loca regañona me hartaron, no me ayuda enojarme con él, además siento que no da en el clavo a veces, puso ejemplos desafortunados durante la última sesión y, de nuevo, usó esa forma como si estuviese yo haciendo algo mal por decir lo que digo, pensar lo que pienso. Me ha dicho que no me permito sentir, o eso insinuó, no lo sé, no fue claro. Le he dicho que no, que escribo siempre sobre lo que siento, que tal vez no lo llevo a la terapia. Por qué no lo preguntó directamente y listo. “¿Cómo te hace sentir esta situación?”. Además, es un gasto que no quiero seguir asumiendo. El lugar es lúgubre. Pero eso es lo de menos. Aunque juega, es lo de menos.

He decidido tampoco ir al taller de escritura en febrero. Inicio los ensayos. Dudo también de continuar esa obra, no la que hago con Dante y Raira, sino la otra. Retomaremos ensayos en un par de semanas. Es tan difícil la autogestión. Le tengo miedo al invierno. Fue tan desgastante el año pasado. El trabajo me agota tanto. Y no termino de sentirme cómodo en el taller de escritura. El único proyecto cuyos frutos anhelo ver es el que hago con Dante y con Raira, espero estrenar, que todo salga bien, y ver un resultado, y que vaya público.

*

Sábado. Sigue el mal humor. He tomado dos ibuprofenos, pero no se me va le dolor de cabeza.

 

La gota del aire del imbécil de arriba de nuevo cayó sobre mi baranda. He subido histérico, he subido al piso de arriba y he tocado la puerta del pelotudo que vive en el departamento justo arriba del mío. Le he tocado la puerta tan fuerte que me he lastimado los nudillos (la próxima vez, pensé después, debo tocar con el borde de la mano). El tipo no quiere poner una manguera hacia algún recipiente, no quiere buscar una solución definitiva, y el asunto me produce una bronca potente. El asunto sucedió justo después de que llamara a reclamar por el Internet que me anda fallando, y han venido hoy y aunque parecía haberse arreglado, ha fallado nuevamente, así que he llamado histérico también, porque no sé si podré recibirlos hasta el viernes próximo. El asunto me ha dejado nervioso. He llamado también a la parte de ruidos molestos del Gobierno de la Ciudad. Pero hacer la denuncia es todo un trámite que quisiera evitar.

*

Domingo. Un poco congestionado por el mismo tema de anoche. He tomado un cuarto de pastilla para dormir. Y amanezco pensando en lo mismo: cómo es posible que el tipo de arriba tenga una actitud tan desconsiderada.

Quisiera hacer algo hoy. O mejor: siento como si debiera hacer algo en un día como hoy, verano soleado. Pileta, cerveza, amigos.

¿Cuándo me iré de paseo? ¿Cuándo empezaré a ahorrar? El próximo mes tal vez guarde unos centavos, así empiezo. No puedo vivir gastando todos mis ingresos. Gracias al cielo los tengo. Puedo pagar este lugar. Siempre escribo lo mismo. Puedo pagar mi vida, y las cosas con las que he amoblado este departamento. No ha sido poco lo que he gastado. Así que debo estar agradecido.

El tema de la terapia se lleva mi energía también. Por un lado me gustaría seguir: siento que en unos aspectos me ha servido. Pero definitivamente no quiero continuar viéndolo, no quiero seguir yendo a ese lugar.

Y por último, el internet. He bajado películas, he bajado la música necesaria, y ayer incluso pude ver algo de pornografía y masturbarme feliz después de hacer ejercicio.

Tantos lugares por recorrer. La envidia que me producen algunos que siempre viajan. Pero ya tendré oportunidad, ya podré ahorrar, este año sin tantos gastos de mudanza como los tuve el año pasado. Me asusta la inflación. Divagues mentales.

Hoy hablaré con otro director. Espero llegar a buen puerto, encontrar alguien que pueda dirigir la obra. A veces todo, la realidad, me angustia tanto. Fue una semana de furias, entre la charla con mi jefa, el mal humor que me produjo la sesión con el terapeuta el jueves pasado, y la furia por el imbécil de arriba, el estrés llega a un punto que me agobia.

*

Dormir, descansar, encontrarme el domingo a la tarde con varias horas de sueño encima, con el estómago lleno, abrir la Tablet en la cama, con el té verde cerca, y percibir el calorcito de este verano, el segundo desde mi retorno a la Furia, que está explota, y leer a Benedetti, y pensar en afeitarme porque mañana debo ir a la oficina, soy un artista que va a una oficina, no soy el primero ni seré el último: debo vivir, y tomar el té, y pensar en que terminaré de ver la película que veía anoche, y luego me afeitaré, tal vez tomaré un batido con esa leche de almendras que tanto disfruto, y tomaré un poquito, sólo un poquito, de la pastilla para dormir, así no influye en mi noche de domingo el haber dormido siesta hasta la siete de la tarde. Mañana, nuevamente a trabajar. A veces, me agarra ansiedad porque pase el tiempo, ya lo he escrito antes, quiero que lleguen los meses en que cobraré más dinero, abrir la cuenta en dólares, ahorrar dinero, gestionar más y más ventas, así gano más comisiones, y empezar a ensayar las obras de teatro.

*

Qué suerte que me bajó la ansiedad. El viernes estaba como loco, por suerte no me salió ningún plan. Dickinson desapareció del panorama, cosa que debo agradecer. No quiero, no debo buscarlo. No quiero ser su amigo. Y, lo que es más importante, no debo exponerme al rechazo.

*

Pero soy un buen tipo. Eso me digo. Al despertar agradezco. He tenido insomnio. Al despertar me digo que será un gran día. No puedo caer en la lástima propia. He tenido insomnio, esta vez no a causa de los ruidos del imbécil del piso de arriba, que se viene comportando bien desde mi estallido en furia el sábado pasado; esta vez, lo de siempre: voy al baño en la madrugada y luego me cuesta conciliar el sueño. Ahora en el verano entro una hora más temprano. Serán sólo estos dos meses.

El chico fresa me saca la mirada cuando intento congraciarme con él, hacerle un chiste. Su acción, que yo tomo como un agravio, no es más que la muestra de la estupidez y el poco carisma de su alma triste. De derecha, de zona norte, de esos que habla con una papa en la boca, alma de policía, actitud de superioridad, el chico fresa antes intentaba ser mi amigo, pero luego quién sabe qué, si fue lo de la ventana que la dejé abierta por accidente un par de veces y lo llamaron a él (siempre tan correctito), o si le habrán dicho que soy gay, o si simplemente su infelicidad lo lleva a comportarse así, como un verdadero estúpido.

Cómo deshacerme del veneno que me entra con todos esos micromomentos en los que me siento ofendido, cómo superar más rápidamente el enojo, el odio que me provocan estos personajes. Cómo relajarme, que me importe todo menos. Esa gente ahí. Estoy agotado, la energía consumida en apenas dos días por las situaciones ahí adentro de esa oficina. Ha habido un recambio en la forma en la que liquidan las comisiones, así que no recibiré nada el próximo mes. El chico fresa que me ha dicho que no coma queso porque es sólo para las pastas y no para las ensaladas. Otra vez. Me he ido a almorzar con otro grupo y he descargado un poco mi ira con ellas. “Pero no te quedes con eso”, me dijo una con la que me llevo bien. El Internet que sigue fallando. Mi cansancio. El insomnio, en las noches que no me deja descansar bien.

Ahora es martes. Y ya anhelo terminar la semana, siempre lo mismo. Mañana pienso escribirle al terapeuta para decirle que no iré más. Y se me va la energía en eso. En las horas ahí adentro, en tratar de ser un buen tipo, pero me gana el malestar, los tormentos por la mierda que circula en medio de todos.

*

Estoy despierto desde las cinco y media de la mañana a causa de la gota que cae del balcón de arriba. Ha llovido anoche. Con el punto en el que está la situación, ya no tolero la mínima excusa. Quiero dormir mejor durante los días de semana. Vivo de mal humor y cansado a causa del mal dormir. He subido, justo después de pararme de la cama, a eso de las seis y media y le he tocado la puerta fuerte, muy fuerte, al vecino de arriba, tres veces.

Me descubro lleno de resentimientos, dañado, como si dejara que se llevasen mi carisma esas gentes de mierda, la oscuridad en ellos, ni siquiera son ellos. Ya es miércoles. Ya llegarán las vacaciones. Podré descansar, dormir a mis anchas durante once días. No me gusta despertar así, sin fuerzas. Durante el insomnio, si bien intenté mantenerme sereno, se me colaban los pensamientos que me atormentan: las no comisiones en el próximo sueldo versus los salarios más altos de mis compañeras, los imbéciles del área de administración…

No encuentro regocijo, paz interna. Esa oficina es un limbo.

Le he tocado fuere la puerta al de arriba. No quiero entrar en guerra. Temo que vuelva a hacer los ruidos nocturnos que han mejorado. Pero si no es una cosa es la otra. Quiero dormir en paz. El otro día me he lastimado los nudillos de tan fuerte que he golpeado la puerta. No me abrió el idiota, no le da la cara porque sabe que está en falta, sabe que es un error suyo.

 

Eso y el odio al chico tarado y fresa de finanzas: que ande buscando siempre la razón para encontrar faltas en los demás.

Si pudiera dormir mejor. Ayer veía a uno musculoso en el subte, se quedaba dormido en su asiento. Se dejaba ir. Yo no podría, yo puedo cerrar los ojos, pero no caer dormido.

 

Si pudiera ser más tranquilo, enojarme menos con las cosas a mi alrededor. No quiero ser más el hombre resentido, el hombre que odia. Obsesionado con las cuentas. Pero para todo necesito paciencia, esperar que el tiempo pase, ir todos los días a trabajar.

Odio la descortesía.

Y me descubro envidiando a los demás, a esa compañera que gana más que yo, que vive en una casa que ha heredado de su abuela, que viaja todo el tiempo. Ayer ha dicho que quiere pedir tres semanas seguidas de vacaciones el otro año porque piensa ir a Europa. Mi sueño: irme a Europa, conocer. Por ahora a Londres. Y anhelo hacerlo el otro año.

El contacto cotidiano con la humanidad. El viernes iré al teatro. Y luego me encerraré. No sé si quiera ir a yoga. Extraño la marihuana. La buena marihuana. El contacto con los demás, las horas ahí adentro aminoran mi carisma, mi ánimo. ¿Qué puedo hacer para mantenerme, para hacer buen dinero? ¿Cómo ser el actor que quiero ser?

*

Me descubro envidiando, detestando a los demás por sus privilegios, a mi compañera, por ejemplo, que gana más que yo. Ayer escribí lo mismo. Ya necesito cambiar. Pienso en irme a Nueva York. En viajar a Europa antes. Este mes compraré dólares, aunque sea poco, pero debo empezar a ahorrar, y escatimar en otras cosas. He dejado la terapia, así que es un gasto menos, creo que estaré bien.

Cómo ver lo positivo, no compararme con los demás, cómo no odiarlos a muchos. La única esperanza son las vacaciones, a fin de febrero Y mientras sigo soñando con actuar. Esperando retomar los ensayos, esperando hacer el dinero suficiente para irme a buscar mis sueños, vivir en otro lado, aunque no sepa cómo voy a hacer, no sepa qué estrategia usar.

Debo buscar otro trabajo, uno en el que me paguen más.

*

Un odio, un malestar profundo. Ayer, hoy, todo el día. El diálogo con el director para que dirija el proyecto, el calor en la noche cuando fui a ver la obra, que no me haya pasado el colectivo y tener que tomar un taxi, la obra tan solemne y densa, y luego, cuando venía de regreso a casa, haber ido a la cuadra equivocada porque el servicio de Google es una porquería en la Argentina y me di cuenta porque vi al colectivo detenerse en la otra cuadra, así que se me pasó y tuve que esperar más de 20 minutos con el dolor de cabeza del vino del almuerzo, que me está durando hasta hoy. Dolor puto. Ya me tomé dos ibuprofenos 600. Tormentos. Días de tormentos. Lo único que pido es no explotar en la oficina, porque mi nivel de odio está llegando a niveles que se me hacen muy difícil tolerar.

*

Anoche he comido Mc Donald´s. He comprado un combo y lo he traído a casa. Antes he intentado pedir comida china, pero los ineptos de la aplicación que usé no la han traído, y luego he pasado por el bar cerca a casa, pero cuando hacía la fila para pagar, decidí irme, odié a todos, la inmundicia de la clase media baja; intenté luego ir a la parrilla barata a dos cuadras, pero estaba cerrada, entonces vine, pensé que no cenaría, pero después me dije que debía darme un gusto. Comí una hamburguesa de pollo, una hamburguesa cara y salada. Tomé vino blanco. Ahora es domingo, son las seis de la mañana, el infeliz de arriba ha hecho ruidos, desperté furioso, agarré una escoba y golpeé varias veces en el techo. Odio este barrio. Ayer, mientras caminaba en busca de comida, pensaba en la diferencia entre ser y estar. En que esto es una etapa. Vaya si me siento disconforme. El prostituto cuyos datos revisé (y he revisado en ocasiones anteriores porque me gusta mucho) decía algo parecido a lo que planteaba el terapeuta la otra vez: decía que cuando estamos bien, nos sentimos bien, entonces lo transmitimos y eso tiene un efecto directo en la vida, en diferentes aspectos. Hace ya un tiempo que vengo sintiéndome inconforme, y no sé cómo aminorar la angustia. Siempre con algún tormento que me hace preocupar en exceso. El trabajo y la gente de mierda, el vecino que no deja dormir, el avance lento, mínimo de mi camino como actor (he escrito antes carrera, pero lo he borrado).

Y la necesidad de hombre, de sexo, de cuerpo masculino, de olor a macho, de erotismo, el deseo ardiendo y la impotencia de no conseguir quien satisfaga mis ansias. Seré paciente. Seguiré en el intento.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme de la adicción a ciertas sustancais y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

3 thoughts on “Tormentos (los demás)”

  1. La ansiedad, entendí que se agudiza por la ausencia de melatonina y es ahí cuando se pierde control del sueño. Es mejor relajarse y mi papá dice que no preocuparse por dormir hace que concilies el sueño tarde o temprano. Un gusto leerte y seguirte.

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    1. Es así, controlar la ansiedad es la clave. Vengo mejor ya por estos días. Los fines de semana son el oasis, siempre. Por estos días. Me alegra que estas letras tengan como lectora a alguien tan sensible y profunda. Gracias por tu tiempo. Seguimos viviendo. Un abrazo caliente como cemento en verano 😉

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      1. Gracias Anónimo, yo disfruto tus letras y me haces reflexionar con lo que escribes. Si un escritor no nos hace reflexionar anda en el camino equivocado. Abrazos grandotes desde mi tierra conflictiva.

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