Decidir mudarme

Buscar departamentos. Vivir cansado. Pensar en las vacaciones, en descansar, en mudarme cuanto antes.

*

Hoy el jovencito profesor de tenis sonrió cuando notó que yo abrí las cortinas. Yo había visto que él estaba solo y abrí las cortinas, como diciéndole: me a para vos. Después me dio vergüenza. No lo miré fijo. Iba y venía de un lado al otro, me hacía el distraído, pero lo relojeaba mientras él regaba la cancha. Y me regodeaba en poder verlo desde mi habitación, me divertí. Él no lo sabe, pero yo ahora gozo de cierta impunidad porque me mudaré pronto.

Espero todo salga bien con la mudanza: encontré un departamento en una zona un poco mejor, con una distribución un poco mejor: tiene una habitación y un pequeño living. Una cocina chica, pero suficiente. Y está reciclado. La bañera es nueva. Es luminoso y ventilado. Es interior, da al pulmón del edificio. No como este, que da a la calle. Y es en un piso más alto.

Me pregunto si se calmará definitivamente ahora que he decidido mudarme. Lo dudo. Y si es así, igual quiero cortar el vínculo. Quiero pasar las vacaciones en un lugar nuevo. Aunque deba pagar por el cambio. Aunque sea un año de crisis, y hubiese intentado primar las finanzas. No fue posible, no resistí, tampoco tenía por qué hacerlo. Algo de esto charlé con la psicóloga: mi límite y mi deseo de no límite. Profundidades del ser que uno analiza a ver si aprende a vivir. Pero no hay camino, ya nos dijeron: se hace camino al andar, por muy cliché y nostálgica que suene la frase.

Espero poder dormir mañana, espero los días que resten sean tranquilos.

Mamá me transmite miedos. Miedo por la mudanza, dice que me doy la gran vida. Para mí, la gran vida es otra cosa, es mucho más. Estoy contento, satisfecho, por lo menos, con poder hacer lo que puedo hacer.

El vecino viene tranquilo. Cuando esto sucede, yo dudo de la decisión de mudarme.

Algo de compañía. Si tan solo pudiera obtener algo de compañía. Pero no. Me es esquiva. Siempre.

*

Ayer me vi con uno. Disfruté. Aunque debo confesar que me siento un poco sucio, que estos arranques…

El hombre de anoche era fuerte, grande, disfruté entre sus brazos, disfruté entregándome.

El profesor de tenis (uno mayor, no el jovencito) trae a sus hijos a jugar. Ayer también. Me pregunto si ellos quieren. Es algo sano el deporte, claro. Es solo que me causa impresión: ¿no descansan esos chicos? Este profesor pareciera ser el jefe, el dueño. Trae a su mujer también, pasan la tarde en la cancha, en su negocio.

Es una buena decisión mudarme. Si bien el desadaptado viene tranquilo, me pregunto cuándo volverá a  hacer sus escándalos. Hace unos minutos sentí su talón un par de veces. Me parece que lo hace a propósito. Quiero mudarme.

Amanecí con una urgencia por producir que me resulta un poco incómoda, urgencia por hacer algo.

Es como si la presencia del vecino no me dejara tranquilo, como si la convivencia con él me agotara.

Me agota también ver a la gente en la cacha de tenis. No debo tener miedo por los vecinos en el nuevo lugar. Ya estuve en departamentos así antes. Departamentos que dan a interior. Nadie quiere ser visto, invadido. Estaré tranquilo en ese nuevo departamento, quiero creerlo.

Hoy puso de nuevo la música el desgraciado. Hice bien en decidir mudarme, cuento los días.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

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