Las casi últimas del año (¡ay, ay, se acaba el año -otra vez-, ay!) (o Un orgullo para mamá)

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Amar la mañana, preparar el café, olerlo, tomarlo. Y esta pequeña angustia cuando sospecho que el momento está por terminar, y entonces el día ha empezado, ahora sí.

El tipo de arriba corre cosas, o no sé bien qué mierda hace.  Si me agarra vestido, subo y le digo que es un fastidio que haga esos ruidos. Pero además, me intriga: ¿qué mierda hace?

Y esta musicalidad, este ritmo en las palabras al escribir, un ritmo que me quiero sacar de la cabeza, porque no puedo escribirlo todo igual, cada cosa que redacto, con la misma forma, quiero decir. En fin. Quiero terminar ese cuento, esa historia del mendigo y el tipo que le ofrece ayuda. Mientras, voy y vengo a estas líneas, las líneas siempre. Y mientras, espero que me responda mi amigo Dante, a ver si puedo ir  a su casa por un poco de porro.

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¿A quién le hablo cuando publico algo en Instagram? Tengo ideas, ideas para postear, pero no quiero que los que me vean sean mis conocidos, los mismos a los que yo veo, una pequeña comunidad. Quiero una audiencia más grande, así puedo revelarme con más anonimato. Anonimato.

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Sentir la presencia del dueño del departamento dando vueltas por el edificio me pone nervioso.

Ahora debo buscar un lugar donde vivir, porque lo que me he conseguido desde Macondo no me ha gustado. Empiezo a llamar. Hoy han empezado los taladros en alguno de los departamentos de abajo. El dueño los está “renovando”. Me ha dicho que es otro el propietario de esos dos departamentos, los dos de abajo, que el propietario no es él. No le creo. Supuestamente, entonces, sólo son suyos estos dos del piso donde yo estoy, y uno en el quinto, no lo sé. Los de abajo los administra él, pero nada más, no es dueño de esos. Eso ha dicho. Algo me dice que me miente. Los de abajo los están reparando, y hay obreros, y hoy han empezado con el taladro. También martillan. Es como un karma.

Este ambiente no es propicio (¡cuidado con lo que te decís!), así tan ocupado, siento que necesito un lugar tranquilo para vivir, siempre, porque mientras en este horario, durante el día, no esté trabajando, entonces necesito una especie de oficina, donde pueda escribir y leer, y buscar mis trabajos de manera tranquila, sin ruidos, sin gente que entre y salga, relajado. Macondo ahora debe estar así. Mi casa en Macondo. No significa eso que quiera volver. A propósito, mamá ha dicho que le han comentado que venderán el colegio de al lado de casa, el que tantas veces me fastidió. A Continue reading “Las casi últimas del año (¡ay, ay, se acaba el año -otra vez-, ay!) (o Un orgullo para mamá)”

Postales del subdesarrollo

Todos estos días, después meditar y de preparar café, escribo sobre lo mismo: mi indecisión, que por estas fechas se acrecienta con los tormentos. Me digo, entre sueños, que este ha sido un mes de mierda. E incluso, durante la meditación, en uno de los pensamientos que se cuelan, me veo hablando con mamá, maldiciendo el colegio de al lado. Son varios los tormentos aquí. Y concluí que, desde que empecé ese curso de manejo, la energía me ha bajado notablemente. Luego vino el domingo funesto en que mamá no regresó a casa a dormir. Por estos días se dañó el teléfono, y el sábado, con el pintor aquí, me disponía a dormir la siesta en el cuarto de mamá, porque el pintor había pasado ya a la sala que está antes de mi habitación, y cuando yo dormitaba, llegaron los de la empresa de teléfonos, que han respondido más eficaces que nunca al llamado que hice el sábado mismo. Aunque te preguntan en qué horario quieres que vayan, y así digas que en la mañana, y así te digan que tardarán 24 horas, ellos aparecen cualquier día, a cualquier hora. Si fuese urgente, si fuese el internet que tanto uso el que necesitara que arreglasen, ahí sí se demorarían. Continue reading “Postales del subdesarrollo”

El viernes tomé y esnifé un poco

El viernes tomé y esnifé un poco. Me vi con mi amiga Áspora. El sábado, mi primo se apareció ebrio en mi casa y me pidió que lo acompañara a beber más. Salí de nuevo a tomar. El domingo estuve angustiado porque no pude conseguir sexo ninguno de los dos días de borrachera. Ya hoy estoy un poco mejor, después de haberme masturbado varias veces y de decidir mantener la energía positiva. Aunque siguen las ganas de evadir, de dormir.

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Es lunes. Despierto y me digo que me tomaré el día. Ya he tenido etapas como esta. Etapas de oscuridad propiciadas por la marihuana. La pereza es la madre de todos los vicios, dicen. La marihuana lo pone a uno perezoso. Continue reading “El viernes tomé y esnifé un poco”

Buen cuidador (o Día 7)

La culpa llega porque ya he tenido campanazos de alerta que indican que debo cuidarme, que debo cuidar mi salud. Campanazos de alerta es un eufemismo para enfermedades de transmisión sexual. Estoy profundamente convencido de que es una lección de vida. Dicen que cuando uno quiere preguntar (a Dios, a la Vida, o simplemente cuando quiere saber la respuesta de algo), es importante escuchar cada cosa que ocurre como una posible respuesta. Eso y no buscar una racionalización de la respuesta, si no habitar la pregunta. Pues bien, yo he llegado a la conclusión de que aprender a cuidarme a mí mismo. A ser un buen cuidador para mí.

En clase de acrobacia, en la escuela de arte dramático, un día el profesor dijo que era muy difícil cuidarme, que necesitaba un buen cuidador. Ese cuidador para mi vida debo ser yo. Pero sigo autodestruyéndome. Sigo teniendo esta baja tolerancia al dolor, y entonces me emborracho y busco sexo, drogas.

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