Burgués en el subdesarrollo

Despierto con algo de mal humor. No sé bien por qué. O sí. Pienso en las amistades. El sueño erótico, húmedo, me revela la atracción que no quiero reconocer. Es sólo física, me digo ahora para calmarme, no podría estar con un hombre así.

Los demás. Sigo pensando en los demás, que a través de las redes sociales exponen sus privilegios, y sin querer queriendo le dan sus datos al algoritmo, que luego lo usará para quién sabe qué.

¿Estoy de mal humor porque ellos desaparecen? Mis amistades, quiero decir. Sigo de mal humor porque no pude celebrar el fin de año con Laitan.

Pensar en el trabajo, en tener que volver a conectarme con ellos, buscar opciones para la sobrevivencia, y depender de ese vínculo nocivo. La proximidad de tener que verlos y lidiar con ellos, que son como fantasmas, porque aparecen cada tanto.

La terapia. La obra, el sistema de producción. Porque si todos descansamos, entonces se cae el sistema, no pueden ser días libres constantemente, hay que sostener el entramado que hemos creado.

¿Y cuál es la opción si no?

Cómo lo social dicta la norma, va mostrando hacia dónde tender.

Es un caluroso día de verano. La mujer (seguramente descendiente de italianos) habla a los gritos, cuenta historias. La escucho desde el baño. Pero si dejo la puerta del baño abierta entonces es posible escucharla desde la salita comedor, donde estoy ahora, escribiendo estas líneas.

Una buena base de operaciones. El dinero, las cuentas. Los pensamientos fáciles, una realidad que me asusta. Frente a ese miedo, la salida es perder la calma, anestesiar, pero ya no de un modo que me dope y me ralentice, si no que me pegue al techo, o mejor a una buena verga, a varias, por qué no. Como espadas, decía ya no me acuerdo quién, el bloguero que sigo, falos como dardos que nos incrustamos los gays para calmar el dolor de la culpa. ¿Será eso?

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Languidez

Sigo mejorando. Sin hierba ni sustancias. Si pudiera usarlas de manera más esporádica, solo en un momento de fiesta, de manera recreacional. Pero no, si tengo marihuana, caigo en anestesiar con a diario el dolor.

*

En el trabajo las cosas van bien. Necesito mantenerme sobrio, lo escribo y lo reafirmo con el miedo a usar de nuevo la estrategia maldita como vía de escape. Ya no puedo poner en amenaza mi estabilidad económica, con lo golpeada que se encuentra la Argentina. Los unos le tiran culpas a los otros. El FMI, la deuda, la pandemia, la inflación. No sé qué pensar. En el grupo de Whatsapp del taller opinan. En las pasadas elecciones legislativas pude votar. Pero no confío en nadie. Se elige lo menos peor, pienso. Miseria.

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El arte

Ya está. Un poco más recuperado de la ingesta maldita. Si empiezo a escribir, entonces vuelve la culpa. Empieza el invierno.

A mamá le clonaron una tarjeta, le robaron dinero. Está con la fibromialgia alborotada. Alborotada, como dice ella. Y yo gastando en drogas y prostitución. No me deprimiré. No ahora. Limpié la casa. Iré donde Huán, que me dará un poco de marihuana, y tal vez tome un baño al regresar. Hablaré con Áspora. Será un fin de semana tranquilo.

Sólo espero no haberme contagiado nada. Ni coronavirus ni ninguna enfermedad de transmisión sexual. Lo pienso una y otra vez. Me duele ponerme en riesgo. Pero lo vuelvo a hacer. En fin. Como si no hubiese aprendido lo suficiente. 35 años y medio. Ya no soy un joven. Aunque nunca sea tarde, según dicen. La vida pasa y uno no se da cuenta de que hay decisiones definitorias.

Si estoy bien, si no me pasa nada, si estoy sano, y estos tipos no me transmitieron ningún microorganismo, entonces estaré tranquilo. O eso pienso ahora, quiero creer.

Después, el miedo a que se haya llevado algo, a que sepa mi identidad.

El frío es intenso. Lo he sentido peor que nunca esta vez. Tal vez sea cada invierno peor que el anterior. Contrario a acostumbrarse… el cuerpo, el alma…

Si puedo ver el mal en la gente, ¿es porque soy malo yo, es porque veo la maldad que hay en mí, es eso lo que revelo?

Y tanto consumo de cocaína, ¿no es acaso perjudicial? Pero sigo y sigo. No puedo parar. El lado oscuro, como si tuviese que sacar de alguna manera el lado oscuro.

*

Domingo. Lo usual. Despertar al mediodía, los ruidos del pulmón del edificio, la paranoia por la vecina, algún odio que intenta colarse, pero tal vez la terapia haya hecho efecto o tal vez ahora me importe menos. Tal vez se escuchen menos hoy, ahora. La marihuana.

Ayer hablé un rato largo con Áspora. Después me embriagué, cociné. No sin miedo a escuchar a la vecina, que baja y vuelve a subir con su perra, en lo que para ella debe constituir un paseo. Pobres los animales en cautiverio. ¿No soy yo acaso uno?

Huán, novio de Dante, me regaló algo de porro paraguayo. Paraguayo como uno de los scorts del miércoles.

Cuán tentado estoy a hablar de mis amistades.

¿Pensarán los lectores, si es que alguien llega a leer estos diarios, que al ponerle nombres falsos a mis amistades padezco algún trastorno psicótico? Lo hago para que la edición del blog sea luego más sencilla.

Día del padre.

Le escribí un mensaje a papá. ¿Qué más da? Viene ayudando a Áspora en ese proceso tan complicado.

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Días de nada (teatro en casa)

Le insistí a Raira para que participe en la obra, para que interprete uno de los personajes. Ha dicho que no, que planea irse a estudiar afuera el año que viene.

Para mí tiene más que ver con no querer trabajar conmigo. Haré un posteo y haré una convocatoria pública.

Y me odio por haber insistido. Escribo desde la ira, y no es saludable comunicarse así. Pero debo expresarlo.

Tal vez conviene no apurarme, me digo después. Al fin y al cabo no sabemos cómo avanzará el plan de vacunación.

A veces pienso que todo ese asunto de escribir un blog anónimo… es como vivir una idea paralela.

¿Por qué tengo el objetivo de hacer teatro tan metido en la cabeza?

Trabajar. En medio del descanso. Sentarme a escribir y a pensar mi vida y la obra de mi vida. Pensarme como un artista. ¿Hago arte? Intento. Estoy golpeado por esto de no conseguir una actriz para el proyecto. Y siento que ha sido un voto de no confianza por parte de las actrices a quienes contacte. Pero será posible hacerlo.

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Que pide

Lo importante es ser masivo, conocido, llegar a la gente, ser reconocido por pares y por el público, dicen. Eso es lo que la sociedad marca como importante. Y para eso, uno necesita de la gente, de los demás, de las relaciones humanas. No sé si logro mantener las relaciones humanas de la mejor manera.

El estómago, ya es normal con el café en las mañanas, se muestra resentido por la ingesta de la noche anterior. Es jueves. Anoche vi una película brasilera sobre una mujer con ataques de pánico, que trabaja en la industria de la publicidad, y que termina publicando un libro y tiene sexo con hombres altos. Muchos problemas existenciales, burgueses, como los míos. Problemas banales para quien mira de afuera, supongo. Siempre camino por el filo de una navaja, así me siento. En el nuevo trabajo, me dan pocas tareas, es un rol menor,  y no sé bien si debería pedir más, no sé cómo hacerlo, no sé si convenga. En la mañana, ahora en otoño, disfruto de la luz y el silencio en este departamento. Ya al mediodía empieza el alboroto con el ascensor, que sube y baja y hace vibrar las paredes, por lo menos las de este departamento. Después, en la noche, no sé si es la vecina de al lado o si es otra, en otro piso, desde su cocina, lavando los platos, cocinando, haciendo ruidos, y yo no quiero sentirlos, me fastidian, me ponen nervioso, y después una que grita, no es la tele, es una voz, como si hablara por teléfono, no entiendo lo que dice, es una señora. Y la de arriba, que camina y escucho sus pasos. En las noches, pareciera que los fantasmas arremeten con más fuerza. Ayer falté al taller de escritura, no tenía ánimo para gentes. Como si de repente me viera agotado, como si no viera perspectiva alguna de salir de esta maraña. Cada vez entiendo menos. Y no quiero si quiera plantearme preguntas sobre el futuro, porque no vale la pena, ya iré descubriendo qué sucede. No soy como la mujer de la película de anoche, no sufro de ataques de pánico, por suerte, pero tampoco tengo éxito en ninguna de mis carreras, las letras, el teatro, mis artes, mi vida entera es un completo gris, y cada vez es más difícil ocultarse de los familiares, en este mundo interconectado. Aunque no suba nada a las redes, aunque haya mucho que calle, ellos están ahí, los demás, y eso es bueno y malo al mismo tiempo. Bueno, porque está la ilusión de compañía. Malo porque no desaparecen, porque el aislamiento es mentiroso, porque si uno cede, en un arranque de buen ánimo, a subir alguna cosa, entonces los demás van descubriendo fragmentos de uno, pedazos. Ahora pienso que soy la mueca de lo que quise ser, como si no me hubiese atrevido a jugármela por un punto de vista, una opinión, por gritar mi verdad. La psicóloga dice que algo de mí sostiene esa idea de no aceptación, como si les diera la razón a esos que piensan que está mal ser gay, ser artista, pasearme por fuera de los límites de lo establecido como correcto en mi sociedad.

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Hacinamiento, romance y arpías I

Peruano no me escribe, no quiero escribirle tampoco. No sé si me gusta tanto. ¿Por qué andar detrás entonces? ¿Sólo por compañía? ¿O es acaso porque disfruto de los momentos con él, de su energía?

Tomé el café de la mañana leyendo en la reunión virtual con Lardi.

*

Lunes. Marihuana. Té verde. Llenura. El aire funciona a la perfección. Estoy bien. Con los sentimientos miserables, difíciles, alborotados, como ya es costumbre. Que me fastidia la una, que envidio al otro. A veces me pregunto si estos diarios verán la luz, si los leerán otros, y sabrán quién es el autor, y me avergüenzo ante ellos por estas sensaciones tan bajas.

El novio de mamá, internado. Afuera es una locura. Me debato entre ver la pobreza o poner mi atención en la belleza. La pobreza, abajo, en los rostros de desahuciados sin techo, en las ropas y felicidades mediocres de tercermundistas sufrientes. Al final estamos todos en lo que pareciera ser un limbo, un purgatorio. Podría ser metafísico, decir que es una escuela, que estamos aprendiendo. Pero no es esa mi actitud hoy. Violencia. Ganas de mandar al mundo a la mierda, a ellos, en el trabajo. Seguir.

Ayer fui a caminar a los parques lindos, fue placentero. Vine y tomé un baño. Luego fui por marihuana. La calle, las gentes. Veo la miseria en las diferencias de clases, en mi deseo de más, en los rostros de todos ahí afuera. Espanto y miseria. ¿Proyecto? Quiero decir, ¿soy yo quien estoy espantado, quien vivo en este delirio de miseria?

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