Lascivia

Quiero hombres. Todo el mundo se desea felicidad. Uno conoce gente. Soy intenso en mi accionar. Le pongo onda. Miro a los hombres. Los hombres.

Y siempre pienso en las cuentas. Y en que quisiera irme a un lugar donde ver el mar. A un lugar donde no escriba en cuatro paredes, encerrado. Un poco me aburro de la totalidad. En la mitad de la pileta.

Ellos no saben cómo vivo yo. Mi vida. Cómo soy. Pensar en las horas en que estoy sobrio. Luego verme desde mi estado drogado.

Que podía pasar y teníamos sexo. Eso le decía con mi mirada al hombre ayer, a uno que conocí en la fiesta que me dijo que iba al gimnasio cerca de casa. Yo enseguida imaginé que él venía después de hacer su rutina y hacíamos el amor. Eso quisiera hoy. Continue reading “Lascivia”

La intensidad de lo vivido

Lo encontré en la barra del bar y no pude evitar pedirle, ya sabía que quería terminar con él, acá en casa, como en diciembre, drogándome y teniendo sexo. No fue tanto. El primer saque me lo habré dado a eso de las cuatro. Y el último a eso de las ocho. Ya después vino el bajón agresivo, dormitamos, la media pastilla de Alplax. Aunque no me gusta (le dije que sí, pero no es cierto), es muy buen tipo, es músico, me divertí. Pero la euforia es demasiada con esa droga de mierda, y yo venía cansado ya. Aún siento los restos de cansancio en mi cuerpo. No tan graves como en ocasiones anteriores. Como cuando vivía en Bogotá, la Inmunda.

Hoy amanecí pensando en la familia, en lo que quería de chico, en cómo me alejé de una parte del grupo familiar a causa del robo cuando mi abuelo estaba moribundo.

Es un hermoso día en Buenos Aires. Pienso y pienso que quiero dar un paso más. Y siempre la misma pregunta: ¿me estoy apurando? Debo ensayar. Tal vez hoy nos digan cuándo estrenamos. Y si no, seguiré esperando. Ni quiero pensar en eso Continue reading “La intensidad de lo vivido”

Mi inteligencia emocional (y algo de astucia)

Pensando en lo mismo. Y en lo harto que me tiene esta autogestión, y en cuánta incertidumbre y ansiedad me genera que todo haya quedado detenido.

Domingo. ¿Qué hacer hoy? Hace días quiero ir a comprar ropa, pero quiero ir a nadar también. Debo limpiar el piso. Amanezco triste. Desde hace tiempo vengo así. Estoy cansado.

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Y entonces quedar yo como el malo simplemente porque digo mi verdad con formas fuertes. El desprecio que me generan, que me genera la estupidez, la negligencia, la ignorancia y la poca claridad del director Continue reading “Mi inteligencia emocional (y algo de astucia)”

Una fábrica de mierda

Tal vez sea yo muy sensible. Intuí o intuyo a veces en ciertas miradas suyas algo de desprecio. O la no valoración completa tal vez que mi ego, mi narcicismo quisiera. O es simplemente que me mide, como dirían acá. Hablo de mi profesor de escritura. He percibido cierta mirada de reprobación, de no celebración, más bien, de una explicación mía cuando me he confundido de nombre y le he dicho a su esposa el nombre de una de mis compañeras. Yo lo quiero. Pero intuyo que me mira con el desdén de quien considera a otro menor. Y me he ofendido. Y no es la primera vez que lo siento. Es otra clase de tipo. Hoy leyó apartes de los diarios de ese amigo suyo fallecido, muy buen escritor argentino, que por cierto debo leer. El profesor leyó apartes de diarios en los que lo mencionaban a él. Y pienso en mis líneas. ¿Por qué quisiera que mis líneas, estas líneas, fuesen leídas? El deseo de reconocimiento, de ser admirado. En su mirada proyecto tal vez el sentimiento de que soy un tipo cobarde, infame. En su mirada encontré todo en lo que temo convertirme si no canalizo estas emociones oscuras que cargo, con las que vengo, de las que soy presa a veces.

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No quiero que se piense de mí que soy un mal tipo por todos estos comentarios enojados que plasmo en estas líneas. Estas líneas que se llevan la mayor parte del tiempo que paso escribiendo. Sobre mi jefa, mis compañeros y sobre el director de la obra, por ejemplo.

Ayer, en el taller de escritura, hablaban de la soberbia. Una decía que hay quienes son soberbios, pero tienen con qué. Me pregunto si yo tendré con qué. A veces pienso que no. A veces, tengo destellos de creación valiosa. Si tuviese “con qué”, ya se me hubiera notado, pienso, ya hubiese tenido algún tipo de éxito. Aunque no puedo decir tampoco que soy del todo fracasado, no gozo del reconocimiento de quienes portan un talento, una inteligencia superior, una inteligencia que me gustaría tener. Continue reading “Una fábrica de mierda”

Trascendencia a mi existencia

Entre las piernas de los hombres.  Miro desde atrás e imagino, abajo del pantalón, me imagino inmiscuyéndome en el entramado entre sus glúteos y su parte de adelante, inspeccionando esa zona, miro ahí, al marido de la hija de mi profesor, por ejemplo, hoy, en la feria del libro, al otro en la parada del colectivo, que iba vestido con su bermuda de fútbol, sus medias largas, y yo detrás, y mirando, imaginando. Los cuellos también, sus olores, imagino.

Son días intensos: la oficina, el taller de escritura, el evento en la feria. Hoy es jueves, vendré a dormir y a escribir. Hace tiempo que no termino un cuento. No me gusta que me halaguen. En medio del evento, hablando de los grandes, un poco de pena sentí por mí, por el escritor que quiero ser y aún no soy, por la vida que me pasa, y porque no conozco tanto.

 

Dos días para el fin de semana. Y contar las horas para el descanso. Y aborrecer los egos ahí adentro, pero necesitar de su dinero igual, de su cobijo para permanecer inmerso en el sistema y poder pagar, entre otras cosas, el tratamiento médico. Debo agradecer y no enquistarme con la miseria cotidiana. Recordar que lo hago para hacer arte, que debo, necesito hacerlo para permitirme el espacio de arte luego.

 

Sábado. Mal humor. Los tratos de mierda en el trabajo, los egos de los miserables cotidianos, y yo que voy acumulando odios. Gente de mierda. Y no puedo olvidarme tan fácilmente después. Esa misma mujer que ya me había dejado malhumorado todo un fin de semana por sus respuestas ácidas, Continue reading “Trascendencia a mi existencia”

Avatares de la cotidianidad

Calma. La mañana es mucho más calma. Lunes. Semana intensa: no hay días de descanso en el medio como la pasada. Llega a mí la culpa. Otros proyectos.

Hoy al despertar imaginé que S seguramente despierta con una erección también. El otro. Un hombre. Qué suerte que no he salido el sábado. Mi deseo.

No darle tanta importancia a… a las cosas en general. Pero iba a escribir del trabajo. Por más que ellas triunfen mucho más. Ellas venden más. Está bien. Que me sea leve esta semana, estos días, manejar la agitación, no compararme. Agradecer que estoy ahí o aquí, agradecer.

Y ser amable, sobre todo eso, mantener la cordialidad. Es lunes, he despertado temprano para hacer ejercicio. Muchas cosas, esta semana. Tengo miedo. Continue reading “Avatares de la cotidianidad”

Lo que me genera el arte de actuar

Yo no soy esto, me repito durante el día. ¿Quién quiero ser? ¿A dónde quiero ir? Debo comprar el vestuario para la obra, el sábado ensayamos cuatro horas.

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Diríase que estoy excitado de la felicidad. Es la única actividad que se me hace realmente encantadora, en la que encuentro redención, el arte de actuar. Como un chiquilín, disfruto de jugar a eso, esa realidad me entretiene y logro ser feliz.

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Amanezco renegando contra el Continue reading “Lo que me genera el arte de actuar”

Semana en la oficina (desprecio)

Lunes. Noche de insomnio. Varias horas dando vueltas en la cama. Quiero rendir en el trabajo. No quiero ser el tipo iracundo, irascible de las últimas semanas. Quiero estar más tranquilo y, sobre todo, más callado. Trabajar sin problemas, no responder mal. Es complicado, porque me hago estos propósitos, pero después el ambiente mismo me fastidia, el reguetón de mi jefa, las preguntas de la señora compañera, amorosa, pero que a veces me fastidia, la alegría de la muchacha a quien considero más afortunada que yo.

Me molesta ser inmigrante. Tengo planes de pedir la ciudadanía argentina, y tener nacionalidad de este país también.

Me gusta cuando sueño que vuelo.

Será una semana larga. Seis días de actividad continua.

Invertir en el proceso y no en el resultado, disfrutar el proceso. Quiero estar liviano, mantenerme tranquilo. Escuché en estos días varias cosas que me han hecho bajar un poco la velocidad. El descanso ayudó.

Me agarró también cierta culpa pensando en lo enojado que he estado en el trabajo.

Tengo miedo al invierno.

Un paso a la vez.

San_Sebastian_El_Greco

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No debo delirar al chico fresa de finanzas. Chico cheto. Cuando me sube el ánimo entonces adquiero la forma de un personajillo loco que Continue reading “Semana en la oficina (desprecio)”