Días de nada (teatro en casa)

Le insistí a Raira para que participe en la obra, para que interprete uno de los personajes. Ha dicho que no, que planea irse a estudiar afuera el año que viene.

Para mí tiene más que ver con no querer trabajar conmigo. Haré un posteo y haré una convocatoria pública.

Y me odio por haber insistido. Escribo desde la ira, y no es saludable comunicarse así. Pero debo expresarlo.

Tal vez conviene no apurarme, me digo después. Al fin y al cabo no sabemos cómo avanzará el plan de vacunación.

A veces pienso que todo ese asunto de escribir un blog anónimo… es como vivir una idea paralela.

¿Por qué tengo el objetivo de hacer teatro tan metido en la cabeza?

Trabajar. En medio del descanso. Sentarme a escribir y a pensar mi vida y la obra de mi vida. Pensarme como un artista. ¿Hago arte? Intento. Estoy golpeado por esto de no conseguir una actriz para el proyecto. Y siento que ha sido un voto de no confianza por parte de las actrices a quienes contacte. Pero será posible hacerlo.

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Sanando (tiempo al tiempo)

La novela de Paul Auster pone mi vida… cómo decirlo… al compararme con eso, me siento un hombre que no pertenece a esa sociedad heterosexual, privilegiada por encontrar el amor así nomás. La vida del gay pasa por otro lado.

En las canchas, frente a casa, empiezan a jugar al tenis. Mantengo la ventana entrecerrada.

Pienso y pienso si debo hacer terapia, si invertir ese tiempo y energía, cuando no sabe uno con quién dará, qué tipo de persona y de terapeuta.

Y así me la paso, escribiendo sobre mí y fumando marihuana. No es cierto. También leo, duermo, como y tomo vino. Como si no hubiese nada más para hacer, mi uso del tiempo libre ha estado dedicado al ocio, a no hacer ni pensar en nada serio.

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Pensando en él

Si bien hubiese preferido no haber tenido que hacerlo, creo que me hizo bien haber salido. Aún pienso en los hombres, los enfermeros, en sus brazos, en su uniforme y sus miradas.

Sueño con las reuniones sociales, la posibilidad del contacto.

Ahora es la una y cuarto. Ya me hice el café y limpié un poco el inodoro, al cual no le dediqué tiempo antes de la operación. La mano molesta, pero los calmantes hacen su efecto.

Espero poder trabajar y vender este mes.

Anoche se me dio por indagar en la teoría de las vidas pasadas: hace un tiempo que sigo con frecuencia la astrología, pero el tema de las vidas pasadas nunca lo exploré mucho. Todo porque no paro de preguntarme qué es todo esto, este universo, esta vida, ¿somos almas?

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Operado

Ya es martes. Por suerte el clima no ha estado tan frío y hace sol. Temo una cosa y la otra. Ya el encierro es común. Lo peor son las noches. Pero ahora es de día y el sol entra por la ventana.

La operación parece que va: me confirmaron la fecha y la autorización por parte de la obra social. El asunto me pone nervioso, pero no puedo hacer nada más que mantener el optimismo.

Le pedí a Dante que me acompañara, así que vendrá ese día y desde acá iremos al sanatorio.

Ojalá todos los días fuesen soleados y tranquilos. Ojalá…

Por supuesto, quisiera no tener que operarme, no haber tenido ese ataque de cólera. Vaya si debo aprender de todos los ataques de furia que he tenido en mi vida. Pero así vengo. No lo digo de una manera determinista, pero sí para no darme golpes de pecho, si no más bien reconocerlo y entender el aprendizaje, la búsqueda.

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Purgatorio

PurgatorioY así pasa la vida. Intento recordarme que esto pasará, que será, como todo eventualmente, asunto del pasado. Pienso en mudarme, busco departamentos, pero temo que sea una locura en materia económica dar un salto este momento. Sin embargo, busco y busco opciones, a ver si veo algo lindo, algo que pueda pagar.

Es invierno. Si no fuese por el vecino, este lugar sería perfecto para continuar mi estadía. Pero el tipo logra sacarme de mis casillas. El domingo pasado puso música durante una hora y media. Fui a caminar ni bien él empezó con el estruendo. Pero no calculé bien el tiempo y, al regresar, todavía estaba con su parlante a todo volumen.

La mano va mejor. No me preocupa, aunque me hayan dicho que es una fractura.

Si me pongo a pensar mucho, el miedo me deja paralizado.

Las amistades se viven de manera digital, como todo en esta contemporaneidad pandémica. Algunos Continue reading “Purgatorio”

Domingo

Ya no quiero ver más a los tipos en la terraza de enfrente.

Ayer me libré de hacerla. Aunque andá a saber si hubiese tenido agallas: si me hubiera animado, el tipo ese hubiese venido a casa y hubiese esnifado cocaína con él. Andá a saber qué pudiese haber sucedido. El tipo dijo que su dealer no le contestó. Vengo hablando con él hace días. Tengo ganas de hacerlo, pero el riesgo es demasiado.

Ahora escribo desde la computadora del trabajo, porque la mía anda rota, y estoy haciéndole mil cosas: supongo que si no puedo dejarla bien, tendré que llevarla a un sitio, y me cobrarán.

Los hombres en la terraza de enfrente alistan el asado. ¿Dónde están sus mujeres? ¿Son ambos separados? El otro día los vi desde mi ventana, ellos estaban Continue reading “Domingo”

En pausa

Lavamanos

Tal vez los cuentos que he escrito no sean mis textos más sinceros, tal vez más adelante, cuando esté más grande, escriba cosas mejores.

*

Una pausa. Entenderlo como tal.

Sábado. Es bueno haberme reconciliado con mamá.

*

No quiero leer las noticias. Probablemente mañana entre y mire el conteo de casos, de muertos.

* Continue reading “En pausa”

Asimilando

Cada ficción, cuesta tanto. Y después se desvanece. El encierro trae consigo todos los miedos juntos. Me la paso en esas redes, en busca de hombres, pero no puedo activar, concretar, es muy peligroso ahora.

*

Frustración. Enojo. ¿A qué dedicarme? ¿Cómo hacer dinero? No puedo morder la mano que me da de comer.

Hoy desperté fastidiado. Harto de todo esto y sin ver soluciones en el corto plazo.

Sucio. Hace seis días que no me baño. El agua caliente no funciona bien durante el invierno en este departamento. Van pasando los días y aplazo la agonía de meterme en la ducha con el agua a temperatura ambiente: por más que encienda la estufa en el baño, es doloroso. Pensaba hacerlo hoy, domingo, pero no tengo toallas limpias. No fui al lavadero. Mañana en la mañana debo ir, así vengo y me ducho antes de empezar la jornada laboral.

Enojado por mamá, por lo que hizo, pienso en eso constantemente. Y ni sé qué es lo que me molesta. O sí. Todo. Ese tipo ahí metido. Pensé que me había liberado de esos primos, de esa gente, pero siguen ahí. No puedo escribir bien sobre el asunto, Continue reading “Asimilando”

Encierro (ya es de noche)

Sábado. Pico de contagios. Ya fumé marihuana, por supuesto. Van a ser las tres y media de la tarde. Podría escribir sobre muchas cosas, pero escribiré sobre mí, porque así sano un poco la pesadez de este confinamiento eterno, de esta vida que, en cierto sentido, me ha tocado en gracia.

Insisto:  no puedo creer que esto sea la vida, este confinamiento, que este encierro, que comunicarse solo a través de los dispositivos sea la única realidad.

La idea de hacer algo esta noche se desvanece pronto. Debo cuidarme de ese virus. Y si hago algo, después será insoportable la angustia y el miedo. Quiero que bajen las cifras.

Pasarme horas enteras viendo las redes de hombres, de contactos, para nada, sin conseguir nada. Aconsejan no estar con nadie. Y los números siguen igual. ¿Cuándo van a bajar? El pico siempre es dentro de un mes, siempre está por llegar, Continue reading “Encierro (ya es de noche)”

De nuevo: aislamiento estricto en Buenos Aires

Entre el vino y el porro. Paso esta etapa como puedo. Con las angustias que ya son costumbre, y viendo cómo cada vez se pausa todo más.

Despierto pasadas las once de la mañana; me lleva tiempo, me cuesta salir de la cama. Percibo, aunque leves, resquicios de efecto del vino pobre que me vendió anoche la kiosquera de al frente. Y no me lo vendió barato, pero no había supermercados abiertos ya a esa hora.

Debo despertar más temprano, me digo. Pero aprovecho que ahora puedo darme más permisos, y permanezco en la cama más horas que nunca, me regodeo en la frase que escuché ya no sé de quién: es invierno, y ya que me han rebajado la cantidad de horas en el trabajo, y he decidido no buscar  otro por ahora (aunque lo haga, de vez en cuando), aprovecho para dormir más, para quedarme entre las cobijas durante la mañana fría. Supongo que soy un afortunado. Lo digo para convencerme. Podría despertar más temprano igual: a escribir, a hacer ejercicio, a aprovechar la vida que es solo una, según dicen, y pasa volando, y ya no soy el pendejo de hace unos años. Pero no. Me quedo en la cama. Reviso el celular. Me digo que tal vez hoy no beberé tanto vino. Veo los mensajes de mi primo, mi prima, reviso con ilusión de recibir una buena noticia: no sé: un milagro y que todo esto haya terminado, la pandemia. No. Alguna noticia, no tan buena, cualquier cosa, no sé, solo reviso con el interés genuino de que algo esté mejor. No encuentro nada que me satisfaga. Ya son casi las doce. Debo pararme. Es miércoles. Y quiero escribir unas líneas antes de sentarme a trabajar. Debo terminar de corregir el cuento a ver si lo tengo listo antes de la próxima sesión del taller. Me visto. Enciendo el aire. No es un día helado. La cabeza no duele tanto como podría para la calidad del vino de anoche. Eso está bien. Hago el café, y aunque he intentado reprimirm Continue reading “De nuevo: aislamiento estricto en Buenos Aires”