Sábado

Tal vez escribo tanto sobre mí por narcicismo, tal vez sea la manera de aliviar un desorden que la psicología podría catalogar como patológico. Quién sabe. Ahora cambié mi remera, uso una negra. Pienso en la ropa sucia, en que quiero cambiar de lavandería, así no veo más a esa mujer. Su nombre empieza con S. Ya averigüé otra lavandería cerca. El presidente habla. Anuncia el confinamiento por los próximos nueve días. Cambié de remera, porque la otra estaba sucia.

*

Madrugada. Sábado. Es lindo escuchar el sonido de la lluvia. Creo que no está mal el cuento que envié al taller. El profesor dijo que había que trabajarlo. Que llueva afuera ha sido un alivio para esta paranoia de las noches, paranoia por el silencio. La lluvia y su sonido entre los demás y yo.

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Asimilando

Cada ficción, cuesta tanto. Y después se desvanece. El encierro trae consigo todos los miedos juntos. Me la paso en esas redes, en busca de hombres, pero no puedo activar, concretar, es muy peligroso ahora.

*

Frustración. Enojo. ¿A qué dedicarme? ¿Cómo hacer dinero? No puedo morder la mano que me da de comer.

Hoy desperté fastidiado. Harto de todo esto y sin ver soluciones en el corto plazo.

Sucio. Hace seis días que no me baño. El agua caliente no funciona bien durante el invierno en este departamento. Van pasando los días y aplazo la agonía de meterme en la ducha con el agua a temperatura ambiente: por más que encienda la estufa en el baño, es doloroso. Pensaba hacerlo hoy, domingo, pero no tengo toallas limpias. No fui al lavadero. Mañana en la mañana debo ir, así vengo y me ducho antes de empezar la jornada laboral.

Enojado por mamá, por lo que hizo, pienso en eso constantemente. Y ni sé qué es lo que me molesta. O sí. Todo. Ese tipo ahí metido. Pensé que me había liberado de esos primos, de esa gente, pero siguen ahí. No puedo escribir bien sobre el asunto, Continue reading “Asimilando”

Encierro (ya es de noche)

Sábado. Pico de contagios. Ya fumé marihuana, por supuesto. Van a ser las tres y media de la tarde. Podría escribir sobre muchas cosas, pero escribiré sobre mí, porque así sano un poco la pesadez de este confinamiento eterno, de esta vida que, en cierto sentido, me ha tocado en gracia.

Insisto:  no puedo creer que esto sea la vida, este confinamiento, que este encierro, que comunicarse solo a través de los dispositivos sea la única realidad.

La idea de hacer algo esta noche se desvanece pronto. Debo cuidarme de ese virus. Y si hago algo, después será insoportable la angustia y el miedo. Quiero que bajen las cifras.

Pasarme horas enteras viendo las redes de hombres, de contactos, para nada, sin conseguir nada. Aconsejan no estar con nadie. Y los números siguen igual. ¿Cuándo van a bajar? El pico siempre es dentro de un mes, siempre está por llegar, Continue reading “Encierro (ya es de noche)”

De nuevo: aislamiento estricto en Buenos Aires

Entre el vino y el porro. Paso esta etapa como puedo. Con las angustias que ya son costumbre, y viendo cómo cada vez se pausa todo más.

Despierto pasadas las once de la mañana; me lleva tiempo, me cuesta salir de la cama. Percibo, aunque leves, resquicios de efecto del vino pobre que me vendió anoche la kiosquera de al frente. Y no me lo vendió barato, pero no había supermercados abiertos ya a esa hora.

Debo despertar más temprano, me digo. Pero aprovecho que ahora puedo darme más permisos, y permanezco en la cama más horas que nunca, me regodeo en la frase que escuché ya no sé de quién: es invierno, y ya que me han rebajado la cantidad de horas en el trabajo, y he decidido no buscar  otro por ahora (aunque lo haga, de vez en cuando), aprovecho para dormir más, para quedarme entre las cobijas durante la mañana fría. Supongo que soy un afortunado. Lo digo para convencerme. Podría despertar más temprano igual: a escribir, a hacer ejercicio, a aprovechar la vida que es solo una, según dicen, y pasa volando, y ya no soy el pendejo de hace unos años. Pero no. Me quedo en la cama. Reviso el celular. Me digo que tal vez hoy no beberé tanto vino. Veo los mensajes de mi primo, mi prima, reviso con ilusión de recibir una buena noticia: no sé: un milagro y que todo esto haya terminado, la pandemia. No. Alguna noticia, no tan buena, cualquier cosa, no sé, solo reviso con el interés genuino de que algo esté mejor. No encuentro nada que me satisfaga. Ya son casi las doce. Debo pararme. Es miércoles. Y quiero escribir unas líneas antes de sentarme a trabajar. Debo terminar de corregir el cuento a ver si lo tengo listo antes de la próxima sesión del taller. Me visto. Enciendo el aire. No es un día helado. La cabeza no duele tanto como podría para la calidad del vino de anoche. Eso está bien. Hago el café, y aunque he intentado reprimirm Continue reading “De nuevo: aislamiento estricto en Buenos Aires”

Llanto

No quiero acostumbrarme a recibir menos ingresos, y por lo tanto trabajar menos. Por ahora voy a estar bien. Por ahora.

Soñé con el vecino. Anoche hizo ruidos en el piso: el taloneo de nuevo, me asustó. ¿Lo hizo a propósito? Y si sí, ¿por qué lo hace, por qué vuelve? ¿Se dio cuenta que salí estos dos días cuando puso su música de mierda? No creo que viva tan pendiente de mí. El asunto me pone muy nervioso. Además, me agarra siempre fumado, y el temor es peor. ¿Habrá escuchado la conversación que tuve con Laitan? Pero cómo, no creo que pueda oír lo que hablo acá abajo, a menos que yo grite.

Amanezco de mal humor, con los odios pesados, en especial con el imbécil de arriba. Por suerte los tapones funcionan. Continue reading “Llanto”

Aunque sea estos diarios

Ayer el dealer se quejaba de que no había plata en la calle. Eso dijo. Agregó que estaba preguntándole a los clientes si preferían cantidad a calidad.

Es sábado. No hay mucho por hacer: el mismo encierro de todos los días mientras el virus esté ahí afuera.

*

Lunes, de nuevo. Ya afeitado, bañado, esperando la reunión del trabajo, a ver qué es lo que tienen para decir. El tiempo sigue pasando, haciendo de las suyas. El fin de semana me la pasé drogado.

Cuando me entra el mal humor, es ya normal ponerme a rabiar contra el uno u el otro que hace comentarios basados a lo mejor en su propia inconsciencia.

Pandemia y soledad. No he querido revisar los números de los contagios, no quiero saber cómo viene la curva. Me visto y me dispongo a Continue reading “Aunque sea estos diarios”

Sigue

Las cosas siguen un poco igual. Miento: el cuerpo está mejor. Tuve algo de insomnio durante la madrugada. O mejor: me desvelé luego de pararme para ir al baño. Ahora debo trabajar. Es tarde y debo hacer un llamado. Quise despertar a fumar marihuana y tomar café. Siento que estoy bien. Debo guardar el enojo y ser un hombre amable.

*

Me gusta la mañana calma. Dormí más de ocho horas y, sin embargo, sigo con sueño. Ha de ser la marihuana y la medicación. Debo trabajar. Continue reading “Sigue”

Una noche con Venus…

S

¿Y qué serán estos puntos rojos en mi piel?

Todo me genera mal humor.

Mil síntomas, mil sospechas. Hoy he ido a que me saquen sangre. Mañana debo llevar la orina, que no sabía que debía llevar hoy. Ha sido todo bastante rápido.

No voy al baño hace dos días, me siento gordo. Las manchas en la piel siguen.

*

Ya va a ser la una de la tarde. Un día hago mucho, al siguiente hago poco. Ya hoy fumé marihuana. Anoche me emborraché con el Rosé ese que me recomendó una compañera en el taller de escritura.

El alcohol y la marihuana, siempre presentes. Ya estoy harto de todo, la cuarentena, trabajar acá, de que sea lo mismo siempre, la situación se torna pesada.

*

Y el dólar que sube, y la inflación, y vivir en el tercer mundo, y los sueños que se desvanecen y la vida se vuelve agria; sin sabor por momentos, ejecutar el trabajo con el miedo a perder el ingreso con el que pago mi vida. El vecino ha estado calmado, aunque a veces grita y se hace sentir: crece en mí el desprecio por una cultura que tanto quise y tanto extrañé, la Argentina. Y si hubiera migrado mejor, si hubiera Continue reading “Una noche con Venus…”

Incierto ahora

Al principio estaba tan de acuerdo con el confinamiento, y ahora odio tanto todo esto que ha sucedido, no puedo amigarme con nada.

Los problemas con el Internet me ponen de muy mal humor, hay toda una nueva rutina a la que no logro adaptarme; no me hace empezar mi día contento. Además, debo poner una manguera, así cuando enciendo el aire acondicionado en calor no le cae a la vecina del primer piso: el del cuarto (arriba mío), me ha dicho que sabe que de mi aire cae al de ella.

Es solo notar un poco de fastidio y empezar a arremeter en mi mente contra los imbéciles a quienes odio, como el vecino de arriba, que anoche ha pisado fuerte. Tan solo lo percibí a lo lejos: tenía los tapones en mis oídos. La indignación desespera. Continue reading “Incierto ahora”

Aterrador

Lo de Dante ha sido toda una especulación de mi parte, y al parecer piensa hacer las transferencias esta semana. Y yo le he dado más cabeza a la situación de lo que merece.

Y ahora, problemas con el Internet, como para ponerle sazón a la cuarentena.

Lunes.

 

El vecino está hoy enloquecido, y mi mente especulativa se pregunta si ha escuchado mi conversación con Áspora anoche. Pero sí que anda taloneando de nuevo. No igual que antes. Pero sí se hace sentir el desagradable. ¿Por qué lo hace?

No debo pensar en eso, porque lo agrando en mi mente. Continue reading “Aterrador”