El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)

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El otro día en la noche nos reunimos por el cumpleaños de mi primo en un bar. Estaban las chicas con cuya familia pasamos el 24 de diciembre pasado. No vino Tadzio, el hermano menor. Mejor. Yo me quedé sin dinero suficiente para pagar, porque todos quisieron invitar a mi primo, claro. Tuve que decirle a la novia que me prestara la cantidad que me faltaba. Ella pagaba con una tarjeta débito, y yo le di lo que tenía en efectivo. No era mucha la diferencia. Pero el acto me produjo una vergüenza de aquellas. Creo que nadie se dio cuenta. Eso espero.

Ellos, todos los que bebían cervezas en esa mesa, hacen cosas que podríamos llamar importantes. O bueno, importantes para ellos. Interesantes, no lo sé. Siempre tengo que lidiar con la pregunta de “en qué andas”. Ya hay varios Continue reading “El cumple del primo (o Hacerse amigo del presente)”

Ya uno no sabe qué creer

A veces siento que se me agotan las palabras. O las ideas. Me cuesta escribir ficción. Bogotá tiene esa pereza, esa modorra absoluta en su clima nublado, gris, lluvioso, en su soledad. Siguen algunas molestias en los ojos. Y, aunque he hecho ejercicio, me dan culpa los dos días seguidos de comidas abundantes. Agradezco, sí. Hoy es domingo de pascua. El otro día hablaba por Skype con Raira, una amiga con la que estudié durante varios años en Buenos Aires. Me alarmó con su manera de ver la realidad. O con lo que se ve en la calle allá. Le consulté si lo que dicen los medios es así. Podría escribir sobre política, nacional e internacional, sobre la política de Argentina. No hace falta si no leer muchos diarios, muchos medios. Y eso lo hago siempre. Pero no. No quiero, me digo. Sigo con la ficción. Raira hizo hincapié en los despidos. Yo, en el tarifazo: ya hay un amigo que me dice que no llega a fin de mes. Me asombra cómo precarizan al trabajador, cómo tienen el apoyo de una derecha ignorante, y cómo pueden haber dicho que la mayoría se vería beneficiada. Algo les está saliendo mal, si ese era el objetivo, ya alguien les dijo. Otro amigo, en cambio, Sastel, defiende que repriman a los docentes que reclaman que el aumento de su sueldo esté por encima de la inflación, es decir, reclaman no caer en la pobreza. ¿Ignora Sastel que protestando se han conseguido beneficios de los que él goza y sin los cuales él sería incluso más miserable de lo que es ahora, en comparación con una persona que hace su Continue reading “Ya uno no sabe qué creer”

Última noche en la costa (“última” es un decir)

Ya mañana viajo a Bogotá. De nuevo. Antes, en la mañana, temprano, iré a la misa de un año de fallecida la abuela. Papá me ha regalado una nueva máquina, un nuevo computador. El sábado he ido con él y con uno de mis hermanos a almorzar. Por supuesto, han preguntado si tengo novia. Ya antes un par de primas habían preguntado lo mismo. Y yo he contestado cómo he podido. Tampoco he tenido novios, pienso. Así que trato de extrapolar lo mismo que diría si supieran que soy gay. Intento también no usar ninguna expresión que involucre una mentira, la mentira de que me gustan las mujeres. Me asombra cómo asumen la heterosexualidad del otro. La pregunta de mi hermano fue: “¿Y qué tal las argentinas? Tengo buenas referencias”. “Y mirá -quisiera haberle dicho-, las argentinas son muy lindas, pero en realidad yo probé pitos y culos, porque no soy heterosexual, no”.  Continue reading “Última noche en la costa (“última” es un decir)”

Líneas inconexas de un lunes en la noche (o No me sale la ficción rapidinha, o Gracias por leer)

Un miedo: un día sin Internet. Despertar a la mañana y no tener Internet. Me he olvidado de pasarle el recibo a la dueña (que paga todo, aunque ya no quiere hacerlo), y me han cortado el servicio de Internet. Tengo en el celular. Pero no en el ordenador. Ya sé que el día será diferente. Pero escribiré más. Claro.

Sin la tentación del Google Chrome asechando, escribí más. Todo el día, dedicado a esas historias que espero vean la luz en algún momento. Con unos centavos, podré pagarle al profesor para que me ayude a corregirlos.

¡Sanbombas! La editora me ha confirmado que el reportaje en el que Continue reading “Líneas inconexas de un lunes en la noche (o No me sale la ficción rapidinha, o Gracias por leer)”

Ese maldito círculo

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Sí, mejor me quedo tranquilo, mejor no hago nada. Tampoco tengo plata para hacerlo. Pero igual, si tuviera… necesito mantenerme en la tranquilidad. Me acuerdo de esa época, de esos días del 2014 cuando me iba solo a los bares, a buscar con quién coger. Me tomaba una botella de vino solo, en casa, y después salía. Ahí no tomaba merca. Ya había pasado por la etapa de pastillero. La merca llegó en el 2015 de nuevo. Digo de nuevo porque antes de vivir en Buenos Aires ya había tenido episodios bastante intensos. Pero precisamente por eso la dejé. Cuando la volví a probar, después de años, me agarró con locura. Por periodos. Ahora llevo un buen tiempo sin enloquecerme. Pero ya voy sintiendo la necesidad de autodestrucción. Es así, es como una regla: cuando entro en etapas muy dolorosas, me anestesio con sustancias. Como eso que dicen de ahogar las penas. Yo las ahogo con alcohol, merca y sexo. A veces con éxtasis. Pero ahora no quiero eso. Entre otras cosas, porque salir de fiesta no es celebrar, es enlodarme en la tristeza. Es el círculo: caeré mucho más profundo de lo que estoy, luego la vergüenza, la culpa, será difícil salir de ahí, Continue reading “Ese maldito círculo”

Ay, cómo me quejo (o Por qué no te vas a la concha de tu madre, editor soberbio)

Ay, cómo me quejo. ¡Ay! El abuelo me decía que no dijera “ay”, me hacía sentir que era medio maricón eso. En una época, a mis 16, cuando mamá y yo nos pasamos a vivir con él y mi abuela (que se mudaban de Estados Unidos a Colombia), él me la montó con ese tema del “ay, ay”. Y es que mi abuela tuvo esa condición de queja constante, de drama infinito. Mi madre la heredó. Pero el abuelo lo decía seguro porque me salía el maricón cuando decía “ay, ay”.

Pues hoy me quejo, me quejo del frío, del no trabajo, me quejo. No hay que hacerlo, ya lo sé. A veces siento que este blog se ha convertido en un lugar donde sale la queja fácil. Y las letras fáciles también, el pensamiento sin mucho filtro. Envié dos cuentos a un editor de una revista y los ha rechazado. Continue reading “Ay, cómo me quejo (o Por qué no te vas a la concha de tu madre, editor soberbio)”