La felicidad así

Lunes feriado. Otra vez.  Dos seguidos. Tres semanas sin alcohol. Ya me he dicho que no quiero llevar la cuenta, que es algo de todos los días, del día a día. Pienso, sin embargo, en irme de fiesta el sábado 17 de diciembre. Le dije a Áspora que vayamos a una discoteca gay a bailar. Entonces, vuelvo a la pregunta ¿estoy reprimiendo con la esperanza en un desfogue que planeo desde ahora? Mejor no pienso más en eso. Si salgo, no quiero irme al fondo.

Ayer pedí pizza para el almuerzo. Y una mazorca, para la comida. El domingo es el único día que no hago ejercicio y que me doy permisos con la alimentación. No debe ser tan amplio el permiso. Todo el fin de semana, encerrado. Continue reading “La felicidad así”

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Los días siguen lluviosos (o Te prometo el éxito, mamá)

Todos los días llamo a mamá. Hoy tal vez no. Me he repetido toda la semana que debo dejar de hacerlo. El lunes hablábamos tranquilos hasta que se me ocurrió darle optimismo, decirle que todo iba a estar bien, que tuviera confianza en Dios. “Tienes que conseguir un trabajo, tienes que conseguir un trabajo”, me repitió en tono de cantaleta. Yo quedo histérico. El miércoles me preguntó por las tormentas en Bogotá. Me dice: “No me gusta esa ciudad”. Y agrega: “Y no me gusta la gente que no trabaja”. Me está presionando. Y tiene razón. Sí.

Me enoja que no valore que por lo menos pagaré mi alquiler en diciembre porque me pagarán los capítulos de la novela esa en la que trabajé. Quiere más. Claro. Yo también. Me excuso. No se lo digo. Pero insisto en que no busco un trabajo de tiempo completo porque no me permitiría actuar, hacer castings o hacer teatro. Y aquí en Bogotá, en Colombia, no es lo mismo que afuera, los trabajos de medio tiempo son muy mal pagos. Continue reading “Los días siguen lluviosos (o Te prometo el éxito, mamá)”

Un cigarrillo

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Un cigarrillo, una taza de café, el cliché. No haré más. No esta noche. Quiero verano, delgadez, belleza, viento que refresca, buenas compañías, risas, alterarme un poco la conciencia. Un poco más. ¿Dónde han quedado las noches de fiesta felices? Pero no son sanas esas salidas, me puedo enloquecer y…

Aquí en Bogotá me satisfago menos, mucho menos que antes. No la he pasado realmente bien: ni en las discotecas ni en la cama. Las noches no valen la pena. No vale la pena beber. El frío constante  Continue reading “Un cigarrillo”

Ahora vivo aquí (Es temporal, recuerda, es temporal) o Quiero ser leído

No sé si fue una estrategia para mantenerme sin alcohol: el jueves, ya harto de las molestias en las vías respiratorias, le metí antibióticos al asunto (algo que no debe hacerse). Así que pasaré el fin de semana tranquilo. Me siento absolutamente diferente. Me despierto y  hago una meditación guiada. Tomo agua con limón. Bebo café. Escribo algunas líneas. Hago ejercicio. Me baño, desayuno, me siento a escribir. Por supuesto que cuando digo “escribo algunas líneas” o “me siento a escribir”, la presencia del Internet es constante y desconcentra. Pero he estado mucho más dedicado a la escritura. Y a la lectura. Ya estoy en las últimas páginas de una novela y me espera un libro de cuentos.

La crónica está atrasada hasta diciembre. Busco más temas. Tal vez reseñe un libro esta semana. Voy a sacar después de la Biblioteca ‘Mientras escribo’, de Stephen King. Ya lo reservé. Así. Usar el tiempo de manera creativa. Este tiempo en el que aparentemente no estoy haciendo dinero. Digo aparentemente, porque se supone que los cuentos en los que trabajo verán la luz algún día… Dicen que es difícil, pero nada es imposible. Se venderán bien y entonces esto no será tiempo perdido. Por supuesto, ganancia económica significa también cantidad de lectores, quiero ser leído.

Algunas veces

Y así, todos los días. Siempre hay temporadas como estas. Desde hace un buen tiempo ya. Desde que volví de Estados Unidos a la Argentina, en el año 2014, después de irme tres meses de vacaciones. Ahí fue la primera vez que me vi con la necesidad urgente de un trabajo. Y ahora, llevo un año en la misma situación. Es la mayor cantidad de tiempo que he pasado sin una actividad fija y constante. Porque antes de empezar a trabajar, iba a la escuela de arte dramático. Luego, estuve en una agencia de viajes, luego en un show de tango. Siempre hice teatro. Pero después del viaje a Estados Unidos, he sufrido estas etapas donde me las tengo que arreglar para mantenerme activo y animado, porque no hay nada que me proporcione actividades ni dinero. Y siempre digo que voy a aprovechar el tiempo para escribir. Pero pasan los minutos e incluso las horas y es más el tiempo que paso en Internet o escribiendo sobre mi vida que escribiendo los cuentos para el libro que en algún momento quiero publicar. Algunas veces me excuso en que la preocupación económica no me deja escribir, no me deja crear. Pero otras veces, como hoy, no encuentro ideas ni palabras. Creo personajes, historias y luego no sé qué hacer con ellos, así que quedan así por meses, a la espera de que yo les dé un destino.

El fin de semana no hubo fiesta

El fin de semana no hubo fiesta. La ciudad estaba convulsionada. Una “horda de zombies”, en palabras de mi amiga Áspora, inundó la ciudad. Me desconecté y evité que me llegaran mensajes. El domingo fui a una feria a comprar brownies de marihuana. Medito, hago tapping. Decidí confiar.

joe-dallesandro-fleshDiez días sin cocaína y dos semanas sin sexo. No sé si deba llevar la cuenta. Mejor dicho, no sé si estoy llevando la cuenta como el tiempo que reprimo, como una especie de olla a presión, que estallará en algún momento. No lo sé. Tal vez no. Continue reading “El fin de semana no hubo fiesta”

No más Instagram por un rato

instagram12n-1-webAyer, después de haberlo desinstalado hace un par de semanas, volví a entrar a Instagram. Lo hice después de ver una recomendación de cómo un actor debe usar las redes sociales. ¡Pero para qué! Hice lo que tenía que hacer y volví a desinstalarlo. Es increíble cómo puede influenciar el estado de ánimo propio ver las poses, las vidas de los demás: mi amiga Adela en el rodaje de una película,  veo las fotos de una amiga y ex profesora, también rodando una película… Y así. Algunos sé que postean con humildad. Pero otros… otros viven en una pose eterna. Y como conozco su detrás de cámara, me produce escozor ver la puesta en escena. En Facebook, por lo menos, uno puede dejar de seguir a las personas. Pero Instagram es invasiva. Si uno lo permite, claro.

¿Y yo? Imposible no compararse, no querer un poco de la “felicidad” que algunos exhiben (claro, las personas muestran los mejores momentos de sus vidas). Imposible no envidiar un poco. No porque quiera estar en esos proyectos en particular o en esos lugares. Pero sí quisiera trabajar, viajar. Me estoy preparando, me digo. Sí. Si me mantengo en cuidado, como lo vengo haciendo esta semana. Leyendo, escribiendo, viendo películas, estudiando, meditando, haciendo ejercicio, entonces me estoy preparando. Para qué mirar esas vidas, esas caras, toda esa felicidad, esa seguridad impostada.