De cómo casi cumplo mi fantasía

Curioso. Por un lado, la vergüenza; por el otro, encuentro increíble (y peligrosa) mi capacidad. Ya he escrito varias veces que hace mucho tiempo tengo la fantasía de estar con un heterosexual. Pero no he tenido dinero ni energía. Por supuesto, no cualquiera accederá, pero estoy seguro de que si busco bien, conseguiré algún chico que se deje tocar a cambio de unos centavos, o ¿por qué no? sin necesidad de pagarle.

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El miércoles, cuando terminó la fiesta a la que fui con la suegra de mi amiga Adela, me quedé bebiendo unas cervezas en un parque con dos chicos que trabajan en la barra de la discoteca en la que estábamos. En Bogotá cierran todo a las 2.30/3 de la mañana. Algunos lugares abren hasta las 5, pero no dejan entrar después de las 2. Y hay un par de discotecas que abren hasta las 8, pero no todos los días y los precios son astronómicos. Continue reading “De cómo casi cumplo mi fantasía”

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Encerrado

Encerrado. Ahora vivo encerrado. Esta semana sólo salí el lunes para ir al ensayo. Y el miércoles, con la suegra de Adela, para ir a una obra de teatro y luego de fiesta. Mi amiga Adela me consiguió una acreditación para el Bam (Bogotá Audiovisual Market), pero yo no quise ir ningún día. Siempre me digo que no salgo por falta de dinero, por falta de ropa y porque no quiero andar por las calles de Bogotá. Lo cierto es que si tuviera dinero y ropa, alguna vuelta daría. Le he enviado un mensaje a Adela (con quien no me veo ya hace una semana, después de verme casi todos los días), le he pedido que me perdone por mi ausencia, que retomaré actividades la próxima semana, que si necesita ayuda con algo (escritura o corrección de textos) lo podemos hacer por mail. Ella no contestó. Temo que lo tome personal. Tengo una contradicción: porque si bien me conviene tener una amistad con ella (una actriz famosa, con contactos), no puedo frecuentarla sólo por conveniencia. Y si entro en una etapa de encierro, ella supongo que lo entenderá. No sé si el encierro y lo mucho que se ha acrecentado mi disgusto con esta Bogotá asquerosa tenga algo que ver con el monólogo que ensayo. No sé si de tanto repetir esas quejas, o esa oscuridad, algo se me haya pegado. ¿O al contrario? ¿Elegí ese monólogo como una manera de gritar al mundo mi desprecio hacia este lugar?

Un heterosexual de regalo II (Se repite la historia)

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Ha sido una larga noche. Recién termina y son las 10.40hs. He buscado mal. Y he terminado, como hace un tiempo, con un heterosexual aquí, en casa, un heterosexual que no me dio ni la hora, un heterosexual Continue reading “Un heterosexual de regalo II (Se repite la historia)”

Tregua (o Tal vez sea una linda noche)

Roce con Adela (pequeña discusión que uno deja pasar), fiesta en la que no conseguí hombre, así que pagué 17 dólares por chupar una pija (negocié bien, no tuve mucha culpa después). Encierro marihuanero. Ensayo también (el monólogo). Y una improvisación que debí grabar para ver si me hacen casting para una telenovela. Y nada. No han llamado. Ya lo había oído: debo parar de pretender que las cosas fueran como yo quiero y aceptarlas tal como son. Vaya si me ha costado sentirme cómodo en esta Bogotá. ¿Estaba predispuesto? Ando leyendo cosas que dicen que uno atrae todo, que uno es el responsable de todo lo que le pasa en la vida. En ese orden de ideas, alguna parte inconsciente de mí ha atraído esto. A veces pienso que rechazo la televisión y por eso no me llaman. No lo sé, llevo todo el día especulando con qué pasa conmigo, con mi forma de actuar, ¿por qué no consigo trabajo aquí, si esto es tan mediocre (ante mis ojos)? Se supone que soy buen actor. Hoy salgo de nuevo. Miércoles. Saldré con la misma camperita. Es deportiva, pero como es negra, se camufla. Me da vergüenza que me vean con la misma ropa siempre. Pero no importa. Tal vez sea una linda noche, tal vez me divierta, tal vez la pase bien sin descontrolar. Tal vez la mente me dé tregua.

Es más fácil escribir los fines de semana (o Anhelando la visita de Áspora)

imagesEs más fácil escribir los fines de semana: se filtran menos ruidos a través de la ventana. Los sábados y los domingos hay otra energía en el ambiente: el esparcimiento y el ocio están aceptados por la sociedad. Como mi escritura no produce dinero, de lunes a viernes siento (me cuesta confesarlo) que pierdo el tiempo. Sé que no es así. O eso espero. Sé que algún día publicaré un libro de cuentos. Llevo terminados cinco. Necesito mínimo diez.

Es sábado en la noche. Desde el domingo pasado he estado encerrado en mi apartamento. Sólo salí para ir al supermercado. Y hoy, a la farmacia. Ayer pensaba darme un paseo nocturno. Pero el resfriado me complicó. Ojos llorosos y estornudos frecuentes me obligaron a quedarme en casa. Mejor. Mejor no gastar dinero ni energía en fiestas. Hoy quise salir. No estoy grave, pero siguen las molestias. Continue reading “Es más fácil escribir los fines de semana (o Anhelando la visita de Áspora)”

Mantener la conducta (Pensando en mi padre)

Impotencia. Encerrado. Veo pasar la vida desde este apartamento. Ayer debía reunirme con mi amiga Adela: quiere que la ayude a escribir el guión para un cortometraje. Le dije que no tenía ánimo, que no quería salir de casa. No mentía. Hoy ya estoy mejor. Pero entre la desocupación y la turbulencia económica, cedí y me dejé deprimir. Hoy hablé con mamá: verla de buen ánimo me ayuda. No he salido de casa durante estos últimos días. Por suerte no tengo marihuana, porque ando tosiendo y expectorando. Mi padre me ha bajado la cuota. Todas las semanas transfería a mi cuenta 40 dolaritos. Ahora sólo pone 30. No le he preguntado por  qué. Continue reading “Mantener la conducta (Pensando en mi padre)”

Sin desbarrancar (Sigo a medias)

He venido tomando, sí. Pero no desbarranco. El contexto es fundamental. El sábado salí. Empecé con unos vinos donde mi amiga Adela, quien me ayudó a grabar un casting que debía enviar por correo electrónico. Luego me junté con mi primo y unos amigos suyos, vimos un partido de fútbol. Y después, fuimos de fiesta con unos parientes de él estaban de visita en la ciudad, bebimos whisky. Terminamos comiendo a eso de las 4 de la mañana. Yo no puse un peso. Mi primo sabe que mi situación económica no es la mejor, así que paga mi parte casi siempre. Digo que el contexto ayuda, porque por más que me hubiera gustado buscar un poco de coca, esnifar y seguir de largo hasta el amanecer en busca de algún chico de bulto generoso, no lo hice. El grupo con el que estaba no era de ese calibre. Por supuesto, he morboseado, mirado hombres, cuidándome de que no noten mi ansia.

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