Despierto, veo llamadas perdidas de mi madre (o ¿Para qué hago lo que hago?)

Carl Heinrich Bloch - (21)Despierto, veo llamadas perdidas de mi madre, la llamo, me dice que no sabe cómo pagaremos el alquiler mañana, que piensa en pedirle prestado a una tía de nuevo. Intento no preocuparme. No dejo de sentir que soy un vago. Mamá tiene fibromialgia y yo creo que en gran parte es por mí, porque todavía me mantiene y ya no sabe de dónde sacar dinero para pagar la renta del apartamento en el que vivo tan bien.

Agarro el texto del monólogo que me aprendo sin saber dónde presentaré. Pienso en que no tengo plata para comprar un vestuario. Puedo ensayar sin vestuario, sí. También necesito dinero para la sala de ensayo. Me da vergüenza pedírselo a mi padre: me ha bajado la cuota enormemente. Por su actitud me da la impresión de que no quiere darme más dinero. Ya tengo treinta años. Mi madre dice que mi padre debe explicarle a su mujer todo lo que gasta, que tienen una sociedad, y por eso él no puede ser generoso conmigo, como lo es con sus otros hijos. Ellos fueron después de mí, después de mi madre. Pero con ellos hizo familia. Así que a ellos les ha correspondido todo. Continue reading “Despierto, veo llamadas perdidas de mi madre (o ¿Para qué hago lo que hago?)”

Dejando el sexo reviente

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Venía hablando con E desde hace varios días. Y habíamos acordado que el sábado nos veríamos. Incluso el sábado durante el almuerzo le mandé mensajes y le dije que estaba muy caliente, que quería sexo.

El viernes fui a un bar con un primo y unas amistades, vimos un partido de fútbol en el que jugaba el equipo de Argentina. Tomé whisky. El sábado al mediodía fui a almorzar donde una prima de mamá. Comí en exceso. No me he cortado el pelo. Estaba cansado. Percibía esa ansiedad de la resaca, esa que a veces no deja dormir. Podía incluso notarme deshidratado.  La barriga y la forma que ha tomado mi cuerpo ha hecho que mi autoestima disminuya. Después del almuerzo, me vine a mi casa y fumé marihuana (como siempre). Sí, ando con la necesidad de un cuerpo masculino que me abrace, pero no es sexo reviente lo que necesito. Le había dicho a E que quería ir a una discoteca y buscar hombres ahí. En realidad, mi fantasía es buscar un hombre lo más masculino posible, que diga ser heterosexual, y ofrecerle dinero a cambio de sexo. Quería que E me financiara una fiesta y yo terminar con otro. Con E nunca tuve buen sexo.

E me dijo que empezáramos solos en casa y que luego veíamos si salíamos. Es decir, no me confirmó el paseo. Me había pedido que comprara una botella de ron, así que debía gastar dinero. El plan con él consiste siempre en sentarse a beber y esnifar cocaína. Cuando estamos muy calientes, nos tocamos entre nosotros y luego llamamos a algún scort, o a varios. Y nos quedamos hasta el otro día cogiendo y drogándonos en mi casa.  Continue reading “Dejando el sexo reviente”

El artista y el ejecutivo

transmilenio-bus-rojo-fb-pasajerosVoy saliendo de la casa de mi amiga Adela. Le escribo un mensaje a una prima que vive en Melbourne. Le digo que me siento un ‘loser’. Quiero enumerar las cosas que me hacen sentir mal sobre mí mismo. Se me olvida un poco toda la espiritualidad que he venido practicando, los mantras que repito. Salgo agobiado de la casa de mi amiga Adela, porque su hija de nueve años me ha molestado lo más que ha podido la muy insoportable. Salgo, y veo en el espejo del ascensor mi barba de varios días, mucho más larga de lo normal, desprolija, veo mi chaqueta vieja, muy vieja, con algunos hilos salidos ya, veo mis zapatos descoloridos. Me palpo y confirmo que mi barriga crece, la grasa en mis pechos, todo. Estoy lleno de mierda. Me he vuelto más y más gordo. No hago ejercicio, así que no hay esa sensación de bienestar, esa euforia sana, esas endorfinas que liberaba cuando corría en Buenos Aires. Camino a tomar ese sistema de transporte público tan miserable y tan en mal estado, Transmilenio. Viajar allí me provoca siempre un poco de tristeza.

Voy caminando, ya le he enviado el primer mensaje de voz a mi prima contándole mi sensación. Paro en una esquina para escribirle algo más, y escucho la voz inconfundible de un excompañero de la universidad. “¡Primero lo confundí con un habitante del Bronx, pero después me di cuenta de que era usted!”, bromea. Sonrío nervioso. Noto su gordura. ¡Han pasado ocho años sin verlo! Continue reading “El artista y el ejecutivo”

Un heterosexual de regalo (o ¿De nuevo, día 1?)

Todas mis historias por estos días giran alrededor de las fiestas que me doy. La intención es bajar la cantidad, pero no me ha sido posible: cada quince días en promedio, me vuelvo loco. Fue el sábado. Esta vez Áspora me invitó a tomar LSD a la casa de una amiga. De ahí, nos sacó a los gritos el roomate de esa amiga. Nos fuimos a una discoteca. Ahí conocimos un grupo de cuatro chicos de entre 20 y 23 años (muy jóvenes para nosotros, el más joven entre mis amigas ese día era yo, de 30). Y cuando cerraron la discoteca, vinimos con ellos a mi casa. Aquí, quise terminar teniendo sexo con uno de ellos.

Me quedó un heterosexual de regalo. Se quedó dormido, y un amigo suyo, a quien intenté sin mucha animosidad y sin éxito alguno, seducir, no pudo despertarlo y decidió irse (después de que se fueron todos). El hetero se quedó rendido en el sofá de casa. Le puse una almohada y una cobija. Le quité los zapatos. Pensé en tocarlo, pero ¿y si despertaba… estaría violándolo? Fui a mi habitación y me masturbé con la puerta abierta. Luego pedí comida. Todo mientras él dormía. Hasta que se despertó. Y pidió un taxi.

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Entre el anhelo y el apuro (o No ves que va la luna rodando por Callao)

Abro un e-mail de un portal de información para actores. Veo todo lo que está pasando, veo el teatro que hacen en Broadway. Recuerdo que no he estudiado canto, que no bailo. Eso me lleva a pensar que hace mucho que no hago ejercicio. Porque no tengo dinero para pagar el gimnasio más caro ni para comprar ropa deportiva. No salgo a correr porque no hay parques grandes cerca. Y en la calle, con la polución… no. En algún momento iba  a un entrenamiento físico para actores. Pero debo tomar Transmilenio a las siete de la mañana, y se convirtió en una tortura viajar a esa hora en un sistema tan podrido.  Me encierro a fumar marihuana y a comer en exceso, lo que ha provocado que mi cuerpo se vaya deformando hacia la obesidad. Me digo que haré dieta.

Entre el anhelo y el apuro. Puedo notar al ego funcionando, al ego contándome historias, y puedo verme a mí apegado a esas historias. Primero la falta que me hace Buenos Aires. Recuerdo siempre. Cualquier cosa me remite a una escena, a una época en aquella ciudad donde me formé  como artista. El anhelo de esa época, de esas condiciones de vida.

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¿A medias?

Así las cosas, fue una recaída a medias. O eso me quiero decir. Esnifé cocaína, pero no tuve sexo. El lunes, como ya lo narré en el post anterior, estuve sin voz. Pero como no tuve sexo, me digo, entonces no fue una falta completa. ¡Boludeces! Si hubiera podido, me hubiera entregado. Si no hubo sexo, fue porque no se dio, porque no tuve dinero y fue muy tarde cuando quise darme cuenta de que no había llegado a él. Qué va. Soy adicto y todo me lleva a todo.

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El domingo en la mañana, cuando nos sacaron del after, vine para casa con Áspora y otra amiga, e invité a un chico que había conocido esa misma noche con la esperanza de llegar a la instancia del sexo sólo con él. Pero no pasó. Cuando mis amigas se fueron, y él se quedó, él quiso llamar a otras dos amigas suyas. Yo accedí, no sin nervios: era consciente del riesgo que eso implicaba. A medida que pasaba la fiesta, la esperanza de llegar a instancias con el hombre disminuía a pasos agigantados: era evidentemente heterosexual. Continue reading “¿A medias?”

Efectos de una recaída anunciada

La directora me pidió repetir mis textos, dijo que vocalizara. No se trataba de vocalizar: estaba bastante disfónico. Los efectos de la fiesta del fin de semana eran inoculables, no tenía dominio sobre ellos. Trato de consolarme, me digo que una actriz se equivocó, que se le olvidó la letra, que al otro actor le marcaron varias indicaciones y que también tuvo problemas con la letra. Me digo que en todo caso, en unos días tendré que grabar de nuevo y que esta vez tendré bien la voz.

cocaínaQuedé en un casting para grabar un solo capítulo en una de esas novelas que imitan a las series yanquis sobre médicos. Tuve que ir a hacer una de las escenas el lunes. Pero el sábado anterior  no dormí: seguí de largo, de fiesta. Almorcé con mis primos, fuimos a tomar unas cervezas, vine a casa, fumé un poco de hierba con Áspora. Nos fuimos a un bar, de ahí a otro, luego a un “after”, luego a casa, y así, terminé durmiendo a eso de las 11 de la noche del domingo. El lunes, a las 8 de la mañana no tenía voz y debía ir a grabar fuera de la ciudad. Continue reading “Efectos de una recaída anunciada”