Que pide

Lo importante es ser masivo, conocido, llegar a la gente, ser reconocido por pares y por el público, dicen. Eso es lo que la sociedad marca como importante. Y para eso, uno necesita de la gente, de los demás, de las relaciones humanas. No sé si logro mantener las relaciones humanas de la mejor manera.

El estómago, ya es normal con el café en las mañanas, se muestra resentido por la ingesta de la noche anterior. Es jueves. Anoche vi una película brasilera sobre una mujer con ataques de pánico, que trabaja en la industria de la publicidad, y que termina publicando un libro y tiene sexo con hombres altos. Muchos problemas existenciales, burgueses, como los míos. Problemas banales para quien mira de afuera, supongo. Siempre camino por el filo de una navaja, así me siento. En el nuevo trabajo, me dan pocas tareas, es un rol menor,  y no sé bien si debería pedir más, no sé cómo hacerlo, no sé si convenga. En la mañana, ahora en otoño, disfruto de la luz y el silencio en este departamento. Ya al mediodía empieza el alboroto con el ascensor, que sube y baja y hace vibrar las paredes, por lo menos las de este departamento. Después, en la noche, no sé si es la vecina de al lado o si es otra, en otro piso, desde su cocina, lavando los platos, cocinando, haciendo ruidos, y yo no quiero sentirlos, me fastidian, me ponen nervioso, y después una que grita, no es la tele, es una voz, como si hablara por teléfono, no entiendo lo que dice, es una señora. Y la de arriba, que camina y escucho sus pasos. En las noches, pareciera que los fantasmas arremeten con más fuerza. Ayer falté al taller de escritura, no tenía ánimo para gentes. Como si de repente me viera agotado, como si no viera perspectiva alguna de salir de esta maraña. Cada vez entiendo menos. Y no quiero si quiera plantearme preguntas sobre el futuro, porque no vale la pena, ya iré descubriendo qué sucede. No soy como la mujer de la película de anoche, no sufro de ataques de pánico, por suerte, pero tampoco tengo éxito en ninguna de mis carreras, las letras, el teatro, mis artes, mi vida entera es un completo gris, y cada vez es más difícil ocultarse de los familiares, en este mundo interconectado. Aunque no suba nada a las redes, aunque haya mucho que calle, ellos están ahí, los demás, y eso es bueno y malo al mismo tiempo. Bueno, porque está la ilusión de compañía. Malo porque no desaparecen, porque el aislamiento es mentiroso, porque si uno cede, en un arranque de buen ánimo, a subir alguna cosa, entonces los demás van descubriendo fragmentos de uno, pedazos. Ahora pienso que soy la mueca de lo que quise ser, como si no me hubiese atrevido a jugármela por un punto de vista, una opinión, por gritar mi verdad. La psicóloga dice que algo de mí sostiene esa idea de no aceptación, como si les diera la razón a esos que piensan que está mal ser gay, ser artista, pasearme por fuera de los límites de lo establecido como correcto en mi sociedad.

Si la verdad es que no quiero trabajar. Y se supone que soy un afortunado por haber encontrado esta actividad, en la que me exigen poco, ahora, en pleno pico de la segunda ola. Porque me fui de viaje. Porque, como lo dijo Raira en el parque el otro día, cuánta abundancia. Y entonces pienso en un poco de compañía, y el único en quien confío es en G. Siempre le hablo. Confío y no tanto. No sé si fue él quien me pegó la siífilis. Aunque pudo haber sido el de Colombia. G dice que se cuida, que el fin de semana fue a San Isidro, porque suele irse con compañeros de la universidad. G tiene un miembro grande. Porque eso me importa, me obsesionan… los miembros, los buenos miembros, aunque sea políticamente incorrecto, aunque me convierta en un hombre sin códigos, al parecer, según la visión de los machos del taller de escritura.

Entonces me descubro afortunado, y me pesa, siento culpa por sufrir. Y estoy en horario laboral, pero escribo estas líneas, porque no recibo tareas concretas, pero uno debe ser proactivo.

Y siempre el peligro es el mismo: querer hundirme en lo más profundo de la oscuridad, como si hubiese salvación allí, aunque ya sé que no, aunque haya visto a estas mujeres famosas en la televisión el otro día, hablando, diciendo lo difícil que es salir de la droga, lo bajo que se cae, los fondos que se tocan, como si no hubiese tocado fondo yo mismo cuando me robaron en Bogotá, me dieron escopolamina y me robaron, y la saqué barata, pudo ser peor.

Si abro la ventana, encontraré el cielo, sí, pero también encontraré el departamento de la vecina, a quien temo. La vecina de al lado que sale cualquier hora, en la madrugada, a pasear al perro. No lo pasea, sale y sube enseguida. Me pregunto si sale siquiera del edificio, o si el perro tiene oportunidad de hacer alguna de sus necesidades. Perra, es una hembra.

El frío y el otoño. Las vacunas. Las criptomonedas. Los ahorros en pesos. Las once de la mañana. Y hace una hora que escribo esto, veo noticias, y reviso correos, como haciendo que hago algo, como pensando: ¿esta gente me paga por esto? Y agradeciendo que no tengo que ir a una oficina, que si así fuera, estuviese jodido. Y este año, ¿me darán la vacuna?

El martes charlé con Lardi. Es heterosexual, tiene familia. No es alguien de quien enamorarme. Ama a su familia. Mujer y dos hijos. Un hombre de bien, un vendedor, como yo, trabaja en una inmobiliaria. Escribo por escribir. Alguna vez me gustó. Su físico, digo. No sólo de pan vive el hombre. Y ahora ya no sé qué quiero, si quiero un hombre, si quiero convivir con alguien, ahora ya no sé qué quiero para mi futuro. Hacer teatro. Y que esa sea la motivación para no hundirme, dejarme arrastrar por la cocaína, la noche, el malestar de un encierro insoportable.

Pero soy afortunado, me repito. Porque estoy acá, solo, en este departamento. Algo he crecido, algo he podido hacer, algo. Aprendiendo a vivir, como si fuese algo que se aprenda, supongo que sí. Para cada uno, algo diferente.

Dicen -solía pensar yo también- que quienes son menos inteligentes, menos conscientes, sufren menos, se cuestionan menos, observan menos. Y no estoy sumido en una tristeza profunda hoy. No escribo desde el sufrimiento. No estoy llorando por lo menos. Hoy no. Mientras haya salud, y uno se pueda pagar la vida, dar uno que otro gusto, entonces todo está bien. Mientras mamá en Macondo esté bien, entonces es mejor no darle importancia a la mente que desea, que pide.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

2 thoughts on “Que pide”

  1. Interesante película, adoro las películas brasileras, igual que la literatura y su idioma. Hablando de la familia, en serio que es un problema. Recuerdo que soltera tuve una vida anónima, todo lejos de la familia, donde no recordara su existencia. Eso odié de tener un padre para mis hijos, quería desentrañar mi anonimato y dejarlo en evidencia, como si no tuviera derecho a la privacidad. No consumía droga, ni siquiera era sexo, solo quería estar sola o conversando con personas desconocidas que no tendría que volver a ver. Si, la familia es una obligación milenaria que a veces sofoca. Me gustó como escribiste hoy.

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