Previo (septiembre ya)

Sólo espero el momento de volver a la cama, refugiarme con mis auriculares o mis tapones en medio de mis cobijas y no tener que lidiar con el mundo.

Todo me da miedo, todos me dan miedo. En la cancha de tennis siguen jugando. Espero a que se vayan para tomar las medidas: el viernes, con suerte, vendrán a instalar unas cortinas.

Noche, aburrimiento, lo de siempre.

Entre sueños, imagino que estoy con el uno y con el otro, que les pago para que me abracen, para sentir el roce de sus cuerpos al amanecer. Quisiera olvidarme de esta soledad. Quisiera entrar en otra etapa, no sé bien qué quiero, qué pido.

Escribo mientras espero la reunión para celebrar el cumpleaños del profesor de escritura. No es la hora más oportuna. Pero tampoco quería decir que no podía.

*
Quiero hacer terapia.

*

Septiembre ya. Hace frío, llueve. Trabajar desde casa, trabajar porque hay que pagar la vida. Acostumbrarse a esta nueva normalidad sin entender muy bien qué sucede. En las noches siempre es peor… pensarme, verme haciendo esfuerzo porque compren, no sé, me parece ahora un oficio sin ningún tipo de mérito real. Pero supongo que está bien pasar la pandemia así, supongo que, para el estado del mundo, soy un afortunado. Es mejor verme así. Aunque no pueda entender qué sucede. Aunque odie a todos en ese mundillo careta, que romantiza la búsqueda de dinero y la confunde con filantropía con una retórica que a veces creo raya con lo psicótico.

Ver las miserias, los egos de unos, cómo se arrastran otros, en ese mundo corporativo, del que obtengo lo necesario para vivir, pero que aprendo a aborrecer (sobre todo en días como hoy).

Ayer alguien me preguntaba por el futuro. Hay que tomar las cosas dependiendo de quién vienen. Hay a quienes les cuesta más parar, hay quienes aún no entienden la pausa que esto significa.

*

Me han sacado la férula. El dedo está inmóvil, debo hacer kinesiología. Creo que pude superar el amor fantasma por el traumatólogo después de llorarlo un día entero la vez pasada.

*

El instalador vino a poner la cortina. Fue un gasto inesperado, pero no quería seguir a la vista de las personas en la cancha, los hombres. Algunos de ellos me causan obsesión, ya lo he dicho. La cortina permitirá espiarlos sin ser visto.

Quisiera hacer una locura, pero luego de ver las cifras de muertos, prefiero quedarme quieto. No sé cuánto tiempo vaya a aguantar. Lo cierto es que la cosa está cada vez peor. Y no debo arriesgarme: casos se han visto de jóvenes que terminan en cuidados intensivos. Aunque muchos lo vivan con total libertad ahí afuera. Negación, explicaba un sociólogo en un diario el otro día.

Escribo para pasar el tiempo mientras el joven remienda algo de la cortina. Después tal vez vaya a dar un paseo, al lavadero y espero que el jíbaro aparezca para garantizar el consumo de medicina durante el fin de semana.

Ahora solo puedo confiar en la suerte. Descansar y ser un tipo de bien. Aunque ni sé lo que eso signifique.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: