Diciembre (fines de – sigue el descenso)

24 de diciembre. Martes. Iré a nadar de nuevo. Tal vez. Tal vez no encuentre fuerzas y me quede aquí encerrado.

Tengo miedo a la sífilis. Por suerte me haré los exámenes pronto. No sé bien cuándo. Tal vez el jueves, tal vez el lunes.

Vivir de alguna pensión, recibir dinero sin tener que cumplir horarios, recibir una buena suma, y dedicarme a escribir y a actuar, a viajar también.

Iré a nadar. Iré un rato a la piscina, y luego vendré y fumaré marihuana, y me acostaré a dormir. Y después, a escribir y a cenar.

 

Pampeano ha dicho que sus padres llegaron de sorpresa. Y no sé qué verso.

 

25 de diciembre. Esta vez ni siquiera fue consecuencia de la cocaína en sí. Si no de los nervios. Pero pude llegar al inodoro con éxito. Se me ha aguado completamente el estómago. Los nervios por verme primero con el negro ese a quien le he dicho que no, le he dicho que unos amigos quedaron de venir a casa, que le avisaba. No me avises nada, me dijo él.

¿Y qué hacer ahora? ¿A dónde irme en este estado o a quién buscar?

*

Ha pasado la noche. Qué noche. Si busco celebrar, lo consigo. Anoche se me aguó el estómago de los nervios por comprar cocaína. Estaba mala. Traje a un venezolano a casa. Se quedó dormido. Yo no. Tomé una pastilla para dormir, mientras chateaba en una de esas redes sociales de contactos. He bloqueado después las personas con quienes hablé. ¿Perdí la conciencia por un momento?

Debo tener cuidado con lo que revelo a los demás. Debo parar. Si lo hice antes, podré hacerlo nuevamente. Detener el consumo de esa sustancia y de esa fantasía.

He traído a un venezolano a casa. He ido a la discoteca antes. Me he dado besos con uno. Volví al ruedo. Después de haberme tranquilizado. Por supuesto, tengo miedo. Tal vez no pueda solo. Pero por ahora no buscaré ayuda. Intentaré fortalecerme yo mismo.

¿Y ayer tomé dos dosis de la medicación? Tomé pastillas para dormir. Alcohol. Hasta la última gota. Y caí dormido. ¿Qué horas serían? En el taller de escritura, la gente se deseaba felicidades. No he abierto el chat. Las fiestas, la Navidad.

El profesor de tenis ha venido hoy a la cancha con sus hijos y su mujer: los vi entrar desde mi ventana, los vi luego en la cancha. Es rubia. Han ido un rato a jugar al tenis. La familia, vivir con una familia. Y yo, por ahí, solo en el mundo, buscando amigos, familia. ¿Corresponde todo a una decisión? Si todo es una decisión, entonces ha sido mi elección, este camino, permanecer solo.

Anoche he salido de fiesta. Ha estado bien. A excepción de la cocaína. La cocaína fue el exceso.

Antes de comprarla, había quedado con un negro, al que fui a ver a una esquina. Me pareció horrible. Ya lo relaté. Y cuando iba a comprar y volví, caminé rápido, no fuese a ser que se me saliera la mierda del culo de lo nervioso que venía.

Luego, le he hablado a uno, al otro. Y he decidido ir a la discoteca. He ido solo.

Esa excitación en torno a una fecha determinada, todo el mundo planeando eventos, planeando cenas, celebraciones.

Siempre, un temor: el trabajo.

Luego pienso que debo volver ahí, debo volver a la rutina, a estar encerrado. Se supone que buscaré trabajo. ¿Y la nacionalidad argentina, debo sacarla? Debo sacar la licencia de conducir. No puedo esperar más. ¿Por qué? No lo sé, creo que me servirá.

¿Qué viene después?

Tengo miedo. La soledad, el dinero, mi salud. Tengo miedo.

*

¿Por qué esta tendencia a observar, esta predilección por pensar la vida, los acontecimientos, a las personas? Estas líneas son eso también: las observaciones que hago en soledad de este mundo hostil que hemos construido.

He salido de fiesta. Ha sido una buena noche, en medio de todo: estoy sano y salvo. Y es 25 de diciembre, y puedo pagar mi vida.

No termino de creerme mi auto arenga para levantar el ánimo cuando ya pienso en que espero estar en forma para el viernes que es la sesión de fotos.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

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