Como que te creíste buen padre, viejito

Ahora es de noche, y escribo en el patio. Se ha ido la luz. Me senté en el balcón, y después de leer el artículo ese que escribieron Sandro Romero Rey y Luis Ospina en Arcadia, sobre la polémica por las cartas de Andrés Caicedo, me vine al patio, donde algo de brisa corre. Saqué una mesita, me traje el tesito de cidrón y toronjil que había preparado antes del apagón, y me he sentado a escribir en la computadora, que por suerte tiene carga suficiente. Prendí una vela también. Pensé que la luz volvería pronto. Pero nada. Y no puedo negar que disfruto este episodio de escritura así, a oscuras, en el patio. Tal vez sea propicio en algún otro momento usar este espacio, cuando mamá ya se haya dormido. Aunque quién sabe si cuando haya luz se escuchen ruidos de afuera. A veces pasa eso. Ya veré.

Pensé en llamar a mi amiga Áspora que anda en uno de sus problemas tenaces (pobre amiga mía). Pero me quedé escribiendo. Tampoco quiero ser muy pesado, ya ella sabe que cuenta conmigo, no quiero andar llamándola a toda hora.

*

El asunto volvió a mi mente porque el domingo pasado, cuando iba en el taxi hacia el cine, sonó en la radio No basta, de Franco de Vita. Y ahí lo recordé. Recordé que papá me envió dos veces la misma historia vía Whatsapp. La primera vez, hace un par de meses tal vez. Y la segunda, hace unas semanas. Que los hijos son como buques, decía el cuentito, que estamos en puerto seguro con los padres, y que los padres deben dejarnos ir, y que los padres nos enseñan valores: humildad, respeto, responsabilidad, y que después el buque debe lograr su autonomía, y que buen viento y buena mar. Cínico, pensé. La primera vez se lo dejé pasar. A lo mejor, me dije, lo reenvió a todos sus hijos, y dentro de esos me incluyó a mí sin darle muchas vueltas al tema. Pero la segunda vez, ya dudé de la falta de intencionalidad. Me encrispé, iracundo me puse. ¿De qué valores me habla? ¿Ahora resulta que por haber tirado unos mangos se siente buen padre? Lo que trataba de decirme, concluí después, es que no me dará más dinero. Listo. Para eso no había necesidad de un mensaje tan cursi, y que (y esto es lo más importante) en nuestra relación resulta imposible de aplicar: ¿cuándo mierda me enseñaste vos valores o estuviste para aconsejarme o ayudarme a crecer como ser humano, a madurar o cuándo fuiste compañía necesaria simplemente en este proceso complejo que es la vida? Todavía hoy siento tu ausencia. Pero ya estoy grande para recriminaciones, ya esa etapa pasó. Lo que no quiere decir que no lo sienta; hablo de dolor, viejito, un dolor que llevo en cada paso incluso. Tal vez exagero. Tal vez, no.

Ya algo de mierda sobre la relación con él había reciclado cuando hice terapia en Buenos Aires. Pero aquí, en mi país, al verlo de nuevo a él y a mis medio hermanos, volvió con fuerza el tema del ninguneo al que me sentí sometido. No era algo para acrecentar, claro, más bien para sanar. Y así lo creo aún. Pero el viejo se las dio de vivo. Aunque, como ya dije, pensé por un momento que tal vez lo hizo desprevenido, luego, cuando se lo comenté a mamá, ella me dijo que no creía en la inocencia del acto de papá. Quién sabe. En todo caso, agradecido por los centavos estoy, que no se me malinterprete. Pero agradecido por eso, que fue lo único que dio. Y que después de mis treinta, aparezca dándoselas de buen padre, hablándome de valores cuyo ejemplo nunca vi, porque sencillamente él nunca estuvo, me pareció (y me parece ahora) violento. Quise quedarme callado. Pero no: un signo de interrogación. Le di vueltas unos minutos a la cuestión. Hasta que, enardecido por la cólera, le mandé un signo de interrogación. No más. El viejo no dijo nada. Esto fue un par de semanas atrás. Y quién sabe si aparezca. Esta mañana, medio dormido, cuando me paré para ir al baño, se me vino a la mente la canción de Franco de Vita, la que escuché en el taxi el día ese. Y enseguida, la sensación de bronca por la actitud del viejo, que querrá, imagino ahora, lavar su culpa haciendo como que todo está bien, como que por haber dado dinero, entonces ya es buen padre, y listo, pero como no va a seguir dando, se lava también las manos con un mensaje que bien adapta a su manera cínica y bruta de ver las cosas. Por lo pronto, espero que el signo de interrogación haya sido elocuente. Y, conociéndolo como lo conozco, dudo que él quiera profundizar en el tema con una conversación al respecto. Intuyo que le debe dar pavor enfrentar mi verdad.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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