Última noche en la costa (“última” es un decir)

Ya mañana viajo a Bogotá. De nuevo. Antes, en la mañana, temprano, iré a la misa de un año de fallecida la abuela. Papá me ha regalado una nueva máquina, un nuevo computador. El sábado he ido con él y con uno de mis hermanos a almorzar. Por supuesto, han preguntado si tengo novia. Ya antes un par de primas habían preguntado lo mismo. Y yo he contestado cómo he podido. Tampoco he tenido novios, pienso. Así que trato de extrapolar lo mismo que diría si supieran que soy gay. Intento también no usar ninguna expresión que involucre una mentira, la mentira de que me gustan las mujeres. Me asombra cómo asumen la heterosexualidad del otro. La pregunta de mi hermano fue: “¿Y qué tal las argentinas? Tengo buenas referencias”. “Y mirá -quisiera haberle dicho-, las argentinas son muy lindas, pero en realidad yo probé pitos y culos, porque no soy heterosexual, no”. 

Ya no quiero escribir mucho sobre mi situación, del dinero y de lo poco que trabajo, y de lo mucho que invierto en crear, en buscar trabajo en el entretenimiento (¡ah, estoy escribiendo sobre eso!). No quiero hablar de los problemas económicos de mamá.

Dos semanas, aquí. De nuevo, aquí: en el cuarto en el que escribía a los dieciséis, cuando soñaba con irme. Ya me fui. Ya vine. Y ahora han muerto los abuelos. No soy el mismo. Pero este pueblo sigue siendo el lugar en el que fui rechazado. Ellos ni saben que me rechazan. Ahora me duele menos. Porque ahora sé que hay otros como yo ahí afuera. Sé que no estoy solo. Ahora conozco el poder del deseo, el poder de lo imposible hecho posible, me atrevería a decir.

Volveré pronto (si Dios quiere, diría una tía). No debo dejar a mamá sola mucho tiempo. Volveré en unas semanas (si Dios quiere, diría la abuela, que en paz descanse). Sí. Ahora que ya no está el abuelo enfermo (abuelo que tanto me dio y al que estaré eternamente agradecido), ahora que no está el drama de mi madre y de mis tías cuidándolo, tal vez me convenga cambiar de aire siempre que haya unas monedas para el pasaje.

Quisiera narrar más. O describir esta sensación que deja en uno el paso del tiempo. Y volver al mismo lugar después de años, siendo otro. Lo mismo que he dicho antes. Pero más, con más poesía, con más claridad. Sorpresa, miedo, nostalgia. Pero no encuentro palabras. Entonces mejor abrir un libro, tirarse en la cama frente al ventilador, y leer.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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