Furia

9

Primero fue contra el portátil más grande, el que uso todo el tiempo. Había pasado la noche con fiebre, débil y con dolor de garganta. La culpa me mortificaba: si no me hubiera pegado esa tremenda fiesta el día 30 de diciembre, no estaría así. Desperté y llamé a mamá. Quería consuelo. “Sigue así –me dijo-, de rumba”. Un poco en tono de burla y un poco en serio. Colgué enseguida. Quise buscar una farmacia en Internet y pedir que me trajeran remedios, pero el computador andaba lento. En un ataque de furia le pegué un puño al teclado. Debió haber sido más fuerte de lo que recuerdo: el disco se dañó, perdí muchos archivos y estuve más de diez días sin máquina.

Usé una pequeña netbook que tenía guardada y que no había encendido desde hace mucho. Aunque le hice arreglos, hubo un momento en el que empezó a andar lento y no hubo retorno. Mal que bien podía escribir. Aunque muy muy despacio, podía navegar en Internet. Pero la paciencia no me caracteriza. La agarré a golpes. Esta vez con la mano abierta y un poco más consciente del daño que podía producirle. No me importó. Odio tener cosas en mal estado, que anden a medias. Odio las cosas rotas o manchadas. Prefiero no tenerlas. Así que le ocurrió lo mismo, supongo: averié su disco duro cuando la golpeé.

Un tercer momento de ira lo tuve otro día de la semana pasada: discutí con mamá por el asunto de siempre, mi desocupación y la falta de dinero suficiente para mantener mi vida. “Estoy desesperada”, me dijo con un tono de angustia que me sabe transmitir. En medio de la ira, lancé el teléfono contra la pared. Quedó destruido.

El computador más grande, desde el que escribo ahora mismo, me lo arregló mi primo. Pero tuve que esperar, porque no pude comprar un nuevo disco duro de inmediato: recién el fin de semana lo hice. Y también tuve que esperar a que mi primo tuviera tiempo de dedicarse a la labor. La netbook… pensé en tirarla a la basura. Pero la guardé: tal vez la necesito para utilería de algún proyecto. Y el celular… tuve que conseguir otro de la manera más fácil: a cuotas.

Todavía ahora la máquina molesta, no ha terminado de hacer actualizaciones, así que molesta. Supongo que llegará un momento en que todo volverá a la normalidad.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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