Y hoy qué: mi jornada y la marihuana

Aquí sigo, narrando mis días. Es más fácil que la ficción:  escribir unas líneas, unos párrafos (con suerte) y describir mi vida. Como si me fueran dictadas, las palabras llegan a mí mientras estoy tratando de escribir un cuento: ¿Y hoy qué? ¿Ir otra vez a la biblioteca? ¿Buscar a mi amiga Katia, aunque no quiera verla, pero buscarla igual porque sé que me dará marihuana? ¿Quedarme aquí todo el día? ¿Para qué me despierto tan temprano si no tengo nada que hacer? En esta etapa de curación (me gusta llamarla así “etapa de curación”), quiero despertar temprano, hacer ejercicio, y tener el día por delante para hacer cosas… Cosas… ¿¡Pero qué cosas!? La hierba, cuando no está, parece una salvadora. Pero es mejor no tenerla tan a mano, porque al fumar uno se vuelve un ente y da pereza, da sueño, da hambre. Después de comer, uno quiere dormir, y ya. La hierba no deja que uno haga cosas productivas, que uno vaya, vuelva, porque uno quiere hacerlo todo drogado. Pero no se puede hacer todo drogado, porque apenas uno come, listo, ¡a la cama! No a todo el mundo, pero a mí me pasa así. Si tan solo la puediera dosificar. Si tan solo me pudiera contener. Fumar poco y seguir con mis actividades. Se me ocurre que tal vez quede algún resquicio en la pipa: me aventuraré, fumaré un poco de ahí, de esas sobras imposibles, grasosas.

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Hoy hablé temprano con mi amigo argentino que quiere comercializar unos productos importados en Colombia. Después hice ejercicio. Y después me senté a leer, a investigar cosas y a escribir. Pero me gana esto, el relato fácil sobre mi vida, sobre lo que hago, sobre cómo me siento. ¿Y cómo me siento? Culpable por no ser prolífico. ¿Debería contactar a mi representante con alguna excusa, sólo para moverme, para sentir que me muevo? Tal vez pronto mi representante me consiga alguna audición, tal vez. Pero no la llamo: no sé qué escribirle o qué decirle. Y es apenas mediodía, son las doce, y no quiero hacer siesta después de almuerzo. Entonces qué, ir a la biblioteca, de nuevo, caminar y caminar, aprovechar que no tengo nada para hacer. Aprovechar. Ya vendrán épocas de mucha intensidad laboral, de muchos proyectos artísticos, de mucho dinero. Ya lo mismo desde hace varias semanas. Pero ahora no me dejo deprimir. No debo. ¿Qué hacer? No angustiarme, para empezar.

La editora, por otra parte, no contesta un mail que le envié ayer: le preguntaba si podíamos tomar unas fotos el sábado. El tema sobre el que se supone que voy a escribir un artículo está suspendido porque debemos ir a tomarle fotos a la fuente a un lugar al que la fuente asiste sólo algunos sábados. Hace tres semanas la fotógrafa no pudo. Y esta semana, la editora no contesta el mail. ¿Llamarla, escribirle por WhatsApp? Ella no sospecha que yo espero su correo intranquilo, que no tengo mucho más para hacer.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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