Todavía estoy cansado

Todavía estoy cansado, no tengo dinero, me duele la espalda, tengo ojeras, no he hecho ejercicio en dos días, y fumo marihuana para apalear la desazón. No pude pasar el fin de semana invicto. Quise. Pero el sábado en la noche después de comprar unos vinos, busqué a E. Lo desbloqueé. Le hablé. Me dijo que nos viéramos el domingo. El domingo hice ejercicio, comí, estuve toda la tarde nervioso, ansioso, esperando que E me dijera que venía a casa. Y así lo hizo. A las 11 de la noche del domingo fuimos por cocaína. Nos tomamos una cerveza en un bar horrible. (Debo cuidar mi energía, no debo ir a esos lugares). Fuimos a una licorera, E compró una botella de ron. Vinimos a casa. Y nos dedicamos a tomar, oler, ver pornografía y tener sexo. Cuando se nos terminó el ron, bebimos una botella de vino que yo tenía. Así, hasta las 11 de la mañana del lunes.

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Mientras tanto, mi madre no tiene con qué seguir pagándome el alquiler. Debo trabajar. No quiero ingresar a un medio de comunicación. La carrera de actuación va lenta. Ser periodista freelance no cubre ni el 30 por ciento de mis gastos… Así que debo trabajar. Entonces pienso en irme a Buenos Aires. Quería esperar a agosto del otro año e irme Nueva York. Planeaba ahorrar. Supongo que un buen trabajo en televisión está por venir. Pero sigue pasando el tiempo. Y no consigo nada. No sé si voy a tener el dinero y el material suficiente para irme. Con material me refiero a imágenes en el reel, una buena carta de presentación. ¿Qué hago para generar dinero pronto?

Me digo que la recaída no fue tan grave, que por lo menos E y yo no llamamos a otras personas, no armamos una fiesta, como las hemos sabido armar antes. Me digo que no fueron tantas horas. Por muy supuestamente tranquilo que haya sido, ese tipo de acciones siempre me dejan deprimido. En esta ocasión fue un descenso lento: por más que me cuidé, que hice ejercicio, tapping, todo, poco a poco el no hacer nada, los días libres, la preocupación económica y la soledad me fueron envolviendo. Eso, por un lado. Por el otro, el deseo de fiesta, de diversión.

Llega un momento en el que no sé sostener la disciplina. Eso, y el deseo de fiesta. Sí. Llega un momento en el que no sé en qué poner mi atención. Me canso del Internet,  de las películas. Necesito compañía, pero me niego a aceptar esa necesidad, hago de cuenta que soy fuerte.

De nuevo, oscuridad. Supongo que sólo si dejo que así sea. Está bien. Recaí unos días. Pero no debo dejar que eso incida profundamente en el trabajo que venía haciendo. Sin importar cuál sea la decisión o cuál sea el devenir, debo mantener la mentalidad, y los hábitos que venía cultivando.

Quisiera hablar con mi tía terapeuta que vive en Miami. Pero me da vergüenza. Ella ha sido una guía durante años. Pero me da vergüenza confesarle que todavía me mantienen mis padres. Me vergüenza decirle que el problema es ese: la plata. Que no he sabido pagarme la vida. Y que, sin embargo, vivo bien.

No puedo dejar que el miedo me abrume, me paralice. Hay algo que he leído últimamente sobre el sentimiento de sentirse merecedor. Feeling deserving dicen los yanquis. Pienso y pienso. Le doy vueltas a la situación. Y escribo. Bebo café. Sin poder sacar conclusiones.

Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme del abuso a ciertas sustancias y al sexo. Contaré historias sobre mi vida. Si toda narrativa es ficción, esta es, entonces, la ficción de mis días, la ficción de mi vida.

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