Es más fácil escribir los fines de semana (o Anhelando la visita de Áspora)

imagesEs más fácil escribir los fines de semana: se filtran menos ruidos a través de la ventana. Los sábados y los domingos hay otra energía en el ambiente: el esparcimiento y el ocio están aceptados por la sociedad. Como mi escritura no produce dinero, de lunes a viernes siento (me cuesta confesarlo) que pierdo el tiempo. Sé que no es así. O eso espero. Sé que algún día publicaré un libro de cuentos. Llevo terminados cinco. Necesito mínimo diez.

Es sábado en la noche. Desde el domingo pasado he estado encerrado en mi apartamento. Sólo salí para ir al supermercado. Y hoy, a la farmacia. Ayer pensaba darme un paseo nocturno. Pero el resfriado me complicó. Ojos llorosos y estornudos frecuentes me obligaron a quedarme en casa. Mejor. Mejor no gastar dinero ni energía en fiestas. Hoy quise salir. No estoy grave, pero siguen las molestias.

Mi amiga Áspora había dicho que me visitaría. Hablamos el jueves. Dijo que conseguiríamos marihuana. Pero hoy no apareció. No la vi conectada al whatsapp. Ella no me habló. Y yo tampoco a ella. No lo hice para prevenir la ira que sentiría al notar que no le llegan los mensajes: Áspora tiende a a no cancelar las citas, apaga su teléfono y desaparece. A mí me hiere esa actitud, porque me ilusiono como niño cuando vamos a vernos. Con Áspora he pasado momentos muy felices. La conocí hace 13 años y desde ahí hemos sido muy buenos amigos. Pero ella tiene periodos en los que no se comunica. Yo estoy aprendiendo a aceptarlo. Aunque me duele y me enfurece. Mi ego celebra de antemano el momento imaginario en el que Áspora se conecta al whatsapp y no encuentra mensajes míos. Esta vez no te he buscado, esta vez no he dejado que me rechaces.

El primo de mi amiga Adela (otra de mis mejores amigas) está en la ciudad. Me incita a salir. Pero le digo que aún no estoy bien del todo. Me dice que tal vez mañana podemos ir a una fiesta en la tarde. Con motivo del orgullo gay, hay fiestas en Bogotá mañana domingo.

Es sábado en la noche y me quedo en casa. Me he cocinado un pollo con zanahorias y brócoli. Bebo té verde y leo artículos en Internet. Tal vez empiece a leer ‘La rebelión de las ratas’, tal vez siga viendo Breaking Bad, o quizá vea Persona, un clásico de Bergman. Quisiera conversar con alguien, tomar algo, sentirme bien, envolverme en algún juego erótico con un buen macho. Pero no, sigo encerrado. Me ducho. Trato de esquivar el aburrimiento. Veo en el espejo mi grasa acumulada, mi piel brotada a causa de la resequedad. Me da vergüenza exponerme. Por eso la mejor opción a veces es pagar. Así gozo de un buen cuerpo sin necesidad de seducir, de gustarle al otro. No es lo mejor, ya lo sé. Pero no me siento merecedor de los hombres que anhelo o admiro. Trato de esquivar estos pensamientos. Son creencias de mi mente, me digo. Si tengo ánimos y si mis vías respiratorias me lo permiten, tal vez mañana vaya a algún bar con el primo de Adela y tome alguna droga. No debo gastar dinero. No a menos que me sea necesario o que el plan me asegure buena dosis de diversión. Mañana será otro día. Hoy es sábado, es de noche y tengo motivos para agradecer.

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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