Entre el anhelo y el apuro (o No ves que va la luna rodando por Callao)

Abro un e-mail de un portal de información para actores. Veo todo lo que está pasando, veo el teatro que hacen en Broadway. Recuerdo que no he estudiado canto, que no bailo. Eso me lleva a pensar que hace mucho que no hago ejercicio. Porque no tengo dinero para pagar el gimnasio más caro ni para comprar ropa deportiva. No salgo a correr porque no hay parques grandes cerca. Y en la calle, con la polución… no. En algún momento iba  a un entrenamiento físico para actores. Pero debo tomar Transmilenio a las siete de la mañana, y se convirtió en una tortura viajar a esa hora en un sistema tan podrido.  Me encierro a fumar marihuana y a comer en exceso, lo que ha provocado que mi cuerpo se vaya deformando hacia la obesidad. Me digo que haré dieta.

Entre el anhelo y el apuro. Puedo notar al ego funcionando, al ego contándome historias, y puedo verme a mí apegado a esas historias. Primero la falta que me hace Buenos Aires. Recuerdo siempre. Cualquier cosa me remite a una escena, a una época en aquella ciudad donde me formé  como artista. El anhelo de esa época, de esas condiciones de vida.

Tuve que ir a tomar un seguro de salud. Aquí todo es mucho más precario. La ausencia de estado de bienestar, la pobreza de los trabajadores es impactante. Quiero no acostumbrarme.

A medida que pasa el tiempo y con los trabajos que he tenido, cuando llego a un lugar, pienso: “y esta persona debe pasar seis, ocho o incluso diez horas en este lugar”. En este país pareciera que sólo hay muy ricos y muy pobres, en muchas ocasiones las condiciones de vida no tienen término medio. O bueno sí, en el medio hay muchos criollos burgueses “aspiracionales”.

Entonces me entra el apuro. Ya quiero ser, ya quiero esto y lo otro. El trabajo en televisión, para tener dinero y así pagar la vida que quiero. Pero recuerdo que no debo desesperar, que es lo contrario a lo que he venido escuchando: soltar, dejar que la Divinidad actúe, dejar a la Vida ser. Y moverse con eso. No presionar, no enviar la vibración de necesidad, de escases.

Y entonces pienso en el monólogo que estoy armando. Empiezo a ensayarlo pronto. Me ha llevado un tiempo largo aprenderme la letra.  No durará más de 15 minutos, creo. Y es mejor así. Algo corto, conciso. ¿Dónde lo presentaré?, me pregunto. He estado indagando y no he encontrado muchas opciones. “¿Y si lo ensayo, y pasa como con algún otro proyecto que se queda ahí, en la nada misma? Dudo. Pero ya he concretado el ensayo. Debo hacerlo. El ego, otra vez. Decido no prestarle atención. Es un riesgo hacer este tipo de proyectos. Pero quien no arriesga un huevo…

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Author: Anónimo Temporal

Empezaré por un diario de mi propósito de recuperarme, de dejar las drogas y el sexo. Contaré a manera de crónicas historias de mis amores, de los hombres de mi vida. Y hablaré, tal vez, de todo un poco, una especie de columna de opinión semanal.

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